En defensa de la inducción


Gran parte de los razonamientos que, de forma tanto consciente como inconsciente, realizamos a diario, son de tipo inductivo. Una inducción consiste simplemente en inferir un enunciado general de la adicción de casos particulares. Debido a que a lo largo de la historia, todos los hombres que han existido han muerto, inferimos por inducción que todos los hombres son mortales, por lo que predecimos que en un futuro, nosotros también moriremos.

No obstante, los argumentos inductivos tienen una seria limitación: las inducciones rara vez son completas. Decimos que una inducción es completa cuando los casos particulares de los que partimos son todos los casos posibles. Por ejemplo, si yo digo “Todos los objetos de esta caja son galletas” puedo mirar la caja y comprobar que, efectivamente, todos los objetos que allí hay son galletas. Tengo todos los casos posibles. por lo que mi afirmación es rotundamente verdadera. Sin embargo, si digo “Todos los cuervos son negros” no tengo aquí y ahora a todos los cuervos existentes en el mundo. Podrían existir (y de hecho existen) cuervos blancos en algún lugar del mundo. Siempre podría darse un caso que no hubiéramos tenido en cuenta y que falsara nuestra generalización. Estamos ante una inducción incompleta.

El problema se agrava más aún cuando aplicamos el factor tiempo. Para que la proposición “El agua hierve a 100ºC” sea considerada científica he de contrastarla experimentalmente. Entonces caliento agua y mido su temperatura con un termómetro. Lo hago una vez y, en efecto, el agua hierve a 100ºC. Para asegurarme más repito el experimento diez veces y las diez corroboran mi afirmación. Entonces me siento satisfecho y digo con certeza que el agua hierve a esa temperatura. ¿Con certeza? ¿Y quién me dice a mí que si realizara un nuevo experimento a lo mejor el agua hierve a 102ºC? Entonces repito el experimento hasta cien veces y todas me confirman la hipótesis pero… ¿y quién te dice que el experimento ciento uno tendrá otro resultado? ¿Dónde parar entonces?

En el caso de los cuervos, el asunto se puede solucionar recorriendo todo el Universo del experimento para encontrar todos los casos (recorrer toda la Tierra en busca de todas las especies de cuervos). Pero cuando introducimos el factor tiempo, el problema es irresoluble: siempre podría darse un experimento futuro que falsara mi tesis. ¡Dios mío! ¡La ciencia moderna se tambalea! ¡Hagámonos posmodernos y cantemos a los cuatro vientos que la verdad no existe y que los científicos son unos farsantes al servicio de un sistema tecno-burocrático fascista!¡El gran hermano te vigila!

NO, el caso de que la mayoría de nuestras inducciones sean incompletas no es razón suficiente para anular este tipo de razonamientos. La falacia que reside detrás de esto es que solemos pensar que si un argumento es irrefutable, entonces es verdadero. Es cierto que en el experimento ciento uno podría darse la falsación, pero, ¿qué razón tengo para creer que eso vaya a ocurrir? Para la corroboración tengo cien experimentos, cien razones a favor, mientras que para la falsación no tengo ninguna, más que pensar que quizá ocurra que cambien las leyes que rigen el cosmos, cosa posible pero enormemente improbable (jamás se ha dado más que en la imaginación de nuestros experimentos mentales).

Durante toda mi vida he visto todos los días que el sol sale por el Este y se mete por el Oeste (exactamente tengo 10.835 días de vida, así que tengo 10.835 razones a favor de hacer la inducción “El sol sale todos los días”). Asimismo a lo largo de toda la historia de la humanidad, todos los hombres que me precedieron vieron salir el sol todos los días de su vida. Esto eleva la cifra a varios millones de días, millones de razones para pensar que el sol saldrá mañana frente a que jamás nadie vivió el caso contrario. Y no sólo con respecto al sol sino que todos los días vivimos miles de repeticiones que confirman el orden repetitivo del cosmos: cuando abro la puerta la calle sigue allí, el cielo está en su sitio, la gravedad sigue operando, las leyes de la óptica se siguen cumpliendo, así, día tras día, durante millones de días. Mi inducción acerca de la temperatura del agua está basada, a su vez, en una especie de “superinducción” que apuesta, tras casi infinitos casos particulares que la confirman, por el orden constante de la naturaleza. No sólo tengo cien experimentos detrás, sino una infinidad (en este sentido, siempre que el experimento esté bien hecho, me da igual hacer uno que mil). ¿Qué razón hay entonces para pensar que este orden repetitivo del Universo se va a romper en el experimento 101?

Muchos han confundido la ausencia de certeza absoluta, la constante provisionalidad de las teorías científicas, como una razón suficiente para denostar el conocimiento científico y bajarlo de su pedestal. Grave error. No poder tener la certeza absoluta de que el sol vaya a salir mañana no es razón suficiente para abandonar el conocimiento que me dice que así sucederá. Y sí, amiguitos, el sol saldrá mañana y el agua hervirá a 100ºC. Me juego una mano.

Fuente: http://vonneumannmachine.wordpress.com/2010/04/28/en-defensa-de-la-induccion/


Cállate y calcula

El Prof. Max Tegmark es uno de los cosmólogos más interesantes e influyentes del momento, y su pensamiento siempre asombra e inspira nuevas maneras de concebir la realidad física. El siguiente artículo ha sido traducido con su permiso. Agradecemos su generosidad.

(Esta es la versión “director’s cut” de: M. Tegmark 2007, “The Mathematical Universe”, arXiv 0704.0646 [gr-qc], submitted to Foundations of Physics).

Defiendo un acercamiento extremo tipo “cállate y calcula” para la física, en el que se asume que nuestra realidad física externa es puramente matemática. Este breve ensayo motiva esta asunción de que “todo son ecuaciones” y examina sus implicaciones.

¿Cuál es el significado de la vida, del universo y de todo lo que hay? En la comedia de ciencia ficción Guía del autoestopista galáctico, se halló que la respuesta era 42; resultó que lo más difícil era hallar la verdadera pregunta. De hecho, aunque nuestros antepasados inquisitivos sin duda se hicieron este tipo de grandes preguntas, su búsqueda por una “teoría del todo” evolucionó mientras aumentaba su conocimiento. Mientras que los griegos antiguos remplazaban sus explicaciones basadas en mitos con modelos mecanicistas del sistema solar, su énfasis pasó de preguntar “por qué”, a preguntar “cómo”.

Desde entonces, el alcance de nuestras preguntas ha menguado en algunas áreas y ha crecido en otras. Algunas preguntas se abandonaron por ser ingenuas o estar mal enfocadas, como explicar los tamaños de las órbitas planetarias partiendo de primeros principios, tan popular durante el Renacimiento. Lo mismo parece que ocurrirá con empeños de moda actuales, como predecir la cantidad de materia oscura en el cosmos, si resulta que la cantidad que hay en nuestro rincón es un accidente histórico. Pero nuestra habilidad para responder a otras preguntas sobrepasó las expectativas de generaciones anteriores: Newton se habría asombrado de saber que un día mediríamos la edad de nuestro universo a una exactitud de un 1 por cien, y comprenderíamos el micromundo lo suficiente como para fabricar un iPhone.

Las matemáticas han jugado un papel asombroso en estos éxitos. La idea de que nuestro universo es de alguna manera matemático viene por lo menos de los pitagóricos de la Grecia antigua, y ha generado siglos de discusiones entre físicos y filósofos. En el siglo XVII, Galileo declaró famosamente que el universo es un “gran libro” escrito en el lenguaje de las matemáticas. Más recientemente, el Nobel Eugene Wigner arguyó en la década de los 60 que “la irrazonable efectividad de las matemáticas en las ciencias naturales” exigía una explicación.

Aquí, propugnaré esta idea hasta su extremo y propondré que nuestro universo no sólo se describe con matemáticas – es matemáticas. Aunque esta hipótesis quizá suene algo abstracta y disparatada, ofrece sorprendentes predicciones sobre la estructura del universo que podrían ser testables a través de observaciones. También debería ser útil para identificar cómo podría ser una final teoría del todo.

El fundamento de mi argumento es la asunción de que existe una realidad física externa independiente de nosotros los humanos. Esto no es demasiado controvertido: me arriesgaría a decir que la mayoría de físicos prefieren esta antigua idea, aunque se sigue debatiendo. Los solipsistas metafísicos la rechazan totalmente, y los que apoyan la llamada interpretación de Copenhague sobre la mecánica cuántica la rechazarían arguyendo que la realidad sin observación no existe (New Scientist, Junio 23, p. 30). Asumiendo que existe una realidad externa, las teorías de la física intentan describir cómo funciona. Nuestras teorías más exitosas, tales como la relatividad general y la mecánica cuántica, sólo describen partes de esta realidad: la gravedad, por ejemplo, o el comportamiento de partículas subatómicas. En contraste, el Santo Grial de la física teórica es una teoría del todo – una completa descripción de la realidad.

Mi búsqueda personal por esta teoría comienza con un argumento extremo sobre cómo sería permisible que fuera en apariencia. Si asumimos que la realidad existe independientemente de los humanos, entonces, para que una descripción sea completa, también deberá estar bien definida de acuerdo con entidades no humanas – alienígenas o superordenadores, por ejemplo – que no comprenden conceptos humanos. Dicho de otra manera, tal descripción deberá ser expresable de una forma desprovista de equipaje humano como una “partícula”, “observación”, u otras palabras.

En contraste, todas las teorías de la física que me han sido enseñadas tienen dos componentes: ecuaciones matemáticas, y palabras que explican cómo las ecuaciones están conectadas a lo que observamos y comprendemos intuitivamente. Cuando derivamos las consecuencias de una teoría, introducimos nuevos conceptos – protones, moléculas, estrellas – porque son convenientes. Pero es importante recordar que somos nosotros los humanos los que creamos estos conceptos: en principio, todo podría ser calculado sin este equipaje. Por ejemplo, un superordenador suficientemente potente podría calcular cómo evoluciona el estado del universo a lo largo del tiempo, sin interpretar lo que está sucediendo en términos humanos.

Todo esto evoca la pregunta: ¿Es posible encontrar una descripción de la realidad externa que no lleve equipaje? Si lo es, tal descripción de objetos en esta realidad externa y las relaciones entre ellos tendría que ser completamente abstracta, obligando a cualquier palabra o símbolo a ser simples etiquetas sin significados preconcebidos algunos. En su lugar, las únicas propiedades de estas entidades serían las plasmadas por las relaciones entre ellas.

Aquí es donde aparece la matemática. Para un lógico moderno, una estructura matemática es precisamente esto: un conjunto de entidades abstractas con relaciones entre ellas. Consideremos los números enteros, por ejemplo, u objetos geométricos como el dodecaedro, uno de los favoritos de los pitagóricos. Esto contrasta claramente con la manera en que la mayoría de nosotros percibe las matemáticas por primera vez – como un castigo sádico, o como una bolsa de trucos para manipular números. Igual que la física, la matemática ha evolucionado para poder hacer preguntas más amplias.

La matemática moderna es el estudio formal de estructuras que pueden ser definidas de manera puramente abstracta. Pensemos en símbolos matemáticos como meras etiquetas sin significado intrínseco. No importa que escribas “dos más dos igual a cuatro”, “2+2=4″, o “two plus two equals four”. La notación que se usa para denotar las entidades y las relaciones es irrelevante; las únicas propiedades de los números enteros son las plasmadas por las relaciones entre ellos. Es decir, no nos inventamos estructuras matemáticas – las descubrimos, y sólo inventamos la notación para describirlas.

Y he aquí el eje de mi argumento. Si crees en una realidad externa independiente de los humanos, entonces también necesitas creer en lo que yo llamo la hipótesis del universo matemático: que nuestra realidad física es una estructura matemática. En otras palabras, todos vivimos en un gigantesco objeto matemático – uno que es más complicado que un dodecaedro, y probablemente también más complejo que objetos con nombres intimidantes como variedades de Calabi-Yau, manojos de tensores, y espacios de Hilbert, que aparecen en las teorías actuales más avanzadas. Todo en nuestro mundo es puramente matemático – hasta tú.

Si esto es cierto, entonces la teoría del todo deberá ser puramente abstracta y matemática. Aunque aún no sabemos qué forma tendría la teoría, la física de partículas y la cosmología han llegado al punto en que todas las mediciones que jamás se han hecho pueden ser explicadas, el menos en principio, con ecuaciones que encajan en unos pocos folios e involucran apenas 32 constantes numéricos inexplicados (Physical Review D, vol 73, 023505). Así que parece que la correcta teoría del todo podría hasta resultar ser lo suficientemente sencilla como para poder describirla con ecuaciones en una camiseta.

No obstante, antes de discutir si la hipótesis del universo matemático es correcta, hay una pregunta más urgente: ¿Qué significa exactamente? Para comprender esto, es útil distinguir entre dos maneras de observar nuestra realidad física externa. Una es la visión general externa de un físico que estudia su estructura matemática, como un pájaro inspeccionando un paisaje desde cierta altura; la otra es la visión interna de un observador que vive en el mundo descrito por la estructura, como una rana que vive en el paisaje que el pájaro inspecciona.

Un asunto a la hora de relatar estas dos perspectivas involucra el tiempo. Una estructura matemática es por definición una entidad abstracta, inmutable, que existe fuera del espacio y del tiempo. Si la historia de nuestro universo fuera una película, la estructura no correspondería a un único pantallazo, sino a un DVD entero. Así que desde la perspectiva del pájaro, las trayectorias de objetos moviéndose en espacio-tiempo cuatridimensional parecen un enredo de espagueti. Donde la rana observa algo moviéndose con velocidad constante, el pájaro observa una hebra recta de espagueti crudo. Donde la rana observa a la Luna orbitando a la Tierra, el pájaro observa dos hebras de espaguetis enredadas. Para la rana, el mundo es descrito por las layes de movimiento y gravitación newtonianas. Para el pájaro, el mundo es la geometría de la pasta.

Una sutileza adicional al relatar las dos perspectivas involucra explicar cómo un observador puede ser puramente matemático. En este ejemplo, la rana misma debe consistir de un grueso manojo de pasta cuya estructura altamente compleja corresponde a partículas que almacenan y procesan información de manera que dan paso a la sensación familiar de autoconciencia (conocimiento de uno mismo).

Bien, pero ¿cómo testeamos la hipótesis del universo matemático? Para empezar, predice que quedan por descubrir algunas regularidades matemáticas adicionales en la naturaleza. Desde que Galileo promulgó la idea de un cosmos matemático, ha habido una constante progresión de descubrimientos por esa vía, incluyendo el modelo estándar de física de partículas, que captura un asombroso orden matemático en el microcosmos de partículas elementales y en el macrocosmos del universo temprano.

Pero sin embargo, eso no es todo. La hipótesis también hace una predicción aún más dramática: la existencia de universos paralelos. Se han propuesto muchos tipos de “multiverso” a lo largo de los años, y es útil clasificarlos en una jerarquía de cuatro niveles. Los primeros tres niveles corresponden a mundos paralelos no-comunicados dentro de la misma estructura matemática: el nivel I simplemente representa regiones distantes desde las que la luz aún no ha tenido tiempo de alcanzarnos; el nivel II cubre regiones que están eternamente fuera de nuestro alcance debido a la inflación cosmológica del espacio intermedio; y el nivel III, a menudo llamado “muchos mundos“, involucra partes no-comunicadas del llamado espacio de Hilbert de la mecánica cuántica en las que el universo se puede “partir” durante ciertos eventos cuánticos. El nivel IV se refiere a mundos paralelos en distintas estructuras matemáticas, que podrían tener leyes físicas fundamentalmente diferentes.

Las mejores estimaciones actuales sugieren que necesitamos una enorme cantidad de información, quizás un gúgol (10^100) de bits, para completamente describir nuestra visión de rana del universo observable, hasta las posiciones de cada estrella y cada grano de arena. La mayoría de físicos espera que la teoría del todo sea mucho más sencilla, y pueda ser especificada con una cantidad de bits que quepa en un libro, si no en una camiseta. La hipótesis del universo matemático implica que tal sencilla teoría deberá predecir un multiverso. ¿Por qué? Porque esta teoría es por definición una completa descripción de la realidad: si carece de suficientes bits como para especificar completamente nuestro universo, entonces en ese caso deberá describir todas las posibles combinaciones de estrellas, granos de arena etcétera – para que las piezas restantes que describen a nuestro universo simplemente codifiquen en qué universo estamos, como un número de teléfono multiversal. De esta manera, describir un multiverso podría ser más sencillo que describir un único universo.

Empujada hacia el extremo, la hipótesis del universo matemático implica el multiverso de nivel IV, que incluye en sí a todos los demás niveles. Si existe una específica estructura matemática que es nuestro universo, y sus propiedades corresponden a nuestras leyes físicas, entonces cada estructura matemática con distintas propiedades es su propio universo con leyes distintas. De hecho, el multiverso de nivel IV es obligatorio, ya que las estructuras matemáticas no son “creadas”, y no existen en “algún lugar” – sencillamente existen. Stephen Hawking preguntó una vez: “¿Qué es lo que infunde fuego a las ecuaciones y crea un universo que puedan describir?” En el caso del cosmos matemático, no se necesita infundir fuego, ya que lo importante no es que una estructura matemática describe un universo, sino que es un universo.

La existencia del multiverso de nivel IV también responde a una pregunta complicada enfatizada por el físico John Wheeler: Aunque halláramos ecuaciones que describen a nuestro universo perfectamente, ¿por qué entonces esas ecuaciones en concreto, y no otras? La respuesta es que las otras ecuaciones gobiernan a universos paralelos, y que nuestro universo tiene estas ecuaciones particulares porque son estadísticamente probables, dada la distribución de estructuras matemáticas capaces de albergar observadores como nosotros.

Es crucial preguntarse si los universos paralelos están en el ámbito de la ciencia, o son simplemente especulación. Los universos paralelos en sí no son una teoría, sino una predicción hecha por ciertas teorías. Para que una teoría sea falsificable, no es necesario que observemos y testemos todas sus predicciones, simplemente al menos una de ellas. Por ejemplo, la relatividad general ha predicho exitosamente muchas cosas que podemos observar, como la lente gravitacional, así que tomamos en serio también sus predicciones para cosas que no podemos observar, como la estructura interna de los agujeros negros.

Pues aquí tenemos una predicción testable de la hipótesis del universo matemático: Si existimos en muchos universos paralelos, entonces deberíamos hallarnos en uno típico. Supongamos que logramos computar la distribución probabilística de alguna cantidad, por ejemplo, de la densidad de energía oscura, o de la dimensionalidad del espacio, medida por un observador típico en la parte del multiverso donde se define esta cantidad. Si hallamos que esta distribución hace que el valor medido en nuestro propio universo sea altamente atípico, significaría que el multiverso no es posible, y tampoco la hipótesis del universo matemático. Aunque aún estamos lejos de lograr comprender los requisitos para la vida, podríamos comenzar a testear la predicción del multiverso calculando lo típico que es nuestro universo con relación a materia oscura, energía oscura y neutrinos, porque estas sustancias sólo afectan procesos mejor conocidos, como la formación de galaxias. Esta predicción ha superado el primero de estos tests, porque la abundancia de estas sustancias ha sido medida y resulta ser bastante típica considerando lo que se podría medir en una galaxia cualquiera en un multiverso. Sin embargo, es posible que cálculos y mediciones más precisos nieguen la posibilidad de la existencia de tal multiverso.

En última instancia, ¿por qué debemos creer en la hipótesis del universo matemático? Quizás la pega más convincente es que provoca una sensación contraintuitiva e inquietante. Personalmente, esto me parece ser un fallo a la hora de comprender la evolución darwiniana, y rechazo el argumento. La evolución nos dotó de intuición sólo para esos aspectos de la física que tenían un valor de supervivencia para nuestros antepasados remotos, tales como la trayectoria parabólica de piedras al caer. De ese modo, la teoría de Darwin ofrece la predicción testable de que cuando observamos más allá de la escala humana, nuestra intuición evolucionada debe descomponerse.

Hemos testeado esta predicción repetidas veces, y los resultados la apoyan de manera abrumadora: Nuestra intuición se descompone a altas velocidades, donde el tiempo se ralentiza; a escalas menores, donde las partículas pueden estar en dos lugares al mismo tiempo; y a altas temperaturas, donde las partículas que colisionan cambian de identidad. Para mí, la colisión de un electrón con un positrón resultando en un bosón-Z, me parece tan intuitivo como el choque de dos coches resultando en un buque crucero. Lo importante es que si desestimamos teorías que parecen extrañas sin más, nos arriesgamos a desestimar la correcta teoría del todo, sea la que resulte ser.

Si la hipótesis del universo matemático es verídica, entonces es una gran noticia para la ciencia, y permite la posibilidad de que una unificación elegante de la física y la matemática nos permitirá algún día comprender la realidad más profundamente de lo que jamás habíamos soñado que sería posible. De hecho, yo pienso que el cosmos matemático con su multiverso es la mejor teoría del todo que podemos esperar, porque significaría que ningún aspecto de la realidad se halla fuera de los límites de nuestra búsqueda científica para descubrir las regularidades que permiten predicciones cuantitativas.

No obstante, también descolocaría las preguntas finales sobre el universo una vez más. Abandonaríamos por descaminada la cuestión de qué ecuaciones matemáticas específicas describen toda la realidad, y en su lugar preguntaríamos cómo computar la visión del universo de la rana – nuestras observaciones – partiendo de la visión del pájaro. Esto determinaría si hemos descubierto la verdadera estructura de nuestro universo, y nos ayudaría a averiguar en qué rincón del cosmos matemático está nuestro hogar.

Fuente: http://www.terceracultura.net/tc/?p=1916


El pasado en el futuro

Marcelo Jeremías




Es posible que el conflicto que aparece por intentar una mirada hacia una significación posible de la historia parta de los intereses creados en la estructura de la identidad de las personas y así el "yo" del hombre en una sociedad de consumo es distinto al "yo" del hombre feudal y mismo el centro de identidad de una sociedad capitalista es simplemente distinto al de una sociedad alternativa cualquiera.
Filósofos y humanistas se preguntaron por la esencia o la raiz del ser humano
sin embargo ante ciertos acontecimientos esa pregunta quedó reducida
a un idealismo sentimental como añoranza de un pasado perdido.
Pero hay aspectos del pasado que suelen ser la madera con que algunos artistas construyen un presente y así vemos que la vitalidad de las palabras se relaciona con la ruta de los planetas y las estrellas, con el vuelo de los pájaros y con la forma de los caracoles en una playa.
El conflicto en relación hacia las miradas posibles hacia el pasado parte de la ignorancia de los sucesos y por eso las sociedades como cuerpo se confunden cuando mienten siendo la mentira un valor cualitativo en el mundo moderno al tratar de catalogar objetos, comprar o vender y lo que es peor y que consiste en catalogar a las personas en una industria de la identidad como si fueran objetos.
Las instituciones económicas y financieras del mismo modo pretenden vendernos garantías de futuro sobre hipótesis no constatadas. También sociedades de conocimiento tales como hospitales o universidades argumentan protocolos de salud y civilidad cuando no hay respuestas a una tercera pregunta sobre el significado de cualquier cosa y sin embargo las personas confiamos en un futuro posible y consecuentemente en una cantidad de ideas que hacen a los hilos secretos de eso que llamamos realidad.
Hay artistas que trabajan con esto y crean paisajes entre las grietas de las pautas sociales, entre las grietas de ciertas ideas para recordarnos de algún modo "las preguntas olvidadas" y para esto construyen adjetivos a los objetos que van desde lo bizarro a lo simplemente metafísico por su connotación poética para así amortiguar el peso nefasto de vivir en la categoría de lo inferior ante ciertos seres "superiores".

Pero el mundo de los "inferiores" tiene barreras que (aunque ya no son visibles como lo eran las paredes de piedra de los antiguos castillos medioevales) no por eso son menos efectivas en lo que es el control de la naturaleza de los recursos humanos y el control de la productividad y aquí vemos que en realidad no existe la política para las personas sino que la política se alimenta de las estadísticas y así las propias estadísticas son formas de negar el valor plausible del ser humano como individuo y esa es la causa por la cual el mundo moderno se encuentra ante el cisma del fin de las personas "como seres individuales" y a ese mundo se lo llama "tercer mundo" como si existiera separado del planeta tierra en el que todos vivimos pero evidentemente hay un tercer mundo dentro del primero y un mundo ocultamente primero dentro del tercero y esto más que un juego de palabras es un instante de la realidad tan incómodo como desestabilizador.
El derecho a emigrar deriva del derecho esencial a caminar y eso es lo que hacemos las personas desde el origen mismo de los pueblos y así argumentamos nuestras oportunidades para aprender y trabajar sin embargo las categorías sociales inventan mundos fantasmas donde se le dice a un inmigrante que es ilegal y que por lo tanto su derechos civiles están restringidos y así aparecen los oportunistas "salvadores" que utilizan a estas personas reforzando un capitalismo de ocasión para intermediar los frutos del trabajo de esta gente y así quitarles su dinero con el pretexto de que "no es lo mismo en este mundo una persona que paga sus impuestos que una que no lo hace", esto sin considerar que a veces el que no lo hace recibe una décima parte del precio socialmente consensuado por un trabajo cualquiera y así aparece el criterio de que "hay que hechar a los inmigrantes porque bajan el precio del valor del trabajo en el mercado laboral" y esto como si el pobre fuera el culpable de todas las cosas pero sin recibir oportunidad ninguna.
Cuando expulsan a un obrero extracomunitario de una comunidad cualquiera simplemente por ser extracomunitario uno se pregunta:
_¿como es posible que la sociedad asuma con la profundidad necesaria el problema de su origen si ni siquiera aprendió a asumir su presente?
¿como es posible que el mundo académico y científico aborde con seriedad la investigación sobre el origen terreno o extraterrestre de pasadas civilizaciones que nos dejaron sus huellas en una cantidad inocultable de monumentos cuando ni siquiera estamos preparados para asumir la existencia de las distintas raíces culturales en el presente y adoptamos consecuentemente actitudes negadoras?.
Negadoras no ya de un pasado mágico sino apenas de un presente coherente para quienes habitamos en el mundo.
Cuando las pautas acerca de los valores se reducen a lo utilitario siempre hay gente que sobra, los viejos sobran, los jóvenes sobran y con ellos
algo que está de más y es tan molestamente comprometedor y que llamamos "memoria" y así recibimos la sugerencia de comprar un "mundo feliz" (sin recuerdos o lo que es mejor "con recuerdos inventados" en un ordenador).

Entonces primero se cataloga a las personas y las primeras en estar de más son las incatalogables y estos suelen ser los "artistas" como comunicadores.
Es que para "ordenar" el matorral primero hay que callar a los que "cantan", después a los que escriben, y también a los que pintan. Los que bailan pueden seguir moviéndose siempre y cuando de trate de consensuar a lo establecido pero bailar para mensajes distintos o, lo que es peor, para dejar mensajes con la danza es algo peligroso también y consecuentemente hay que hechar y detener a esas personas.

Para un artista tener algo que decir es justamente observar con lucidez estos procesos de negación y trabajar para elaborar un cambio.
Entonces en este sentido el arte tiene una función vinculada a lo estético y que consiste en la integración social sin embargo una cosa es el cambio
social y otra cosa el cambio interno y suele ocurrir que los hacedores de expresiones artísticas nos refugiamos en los procesos internos antes que pensar en cambiar algo del mundo adoptando una visión existencial del entorno y así edificamos los vidrios de la pecera dentro de la cual navegamos.

En una época se pensó en el teatro como cohesionador de la expresión artística, educador y generador de cambios sociales pero hoy día la industria
y sus mecanismos hizo que algunas ideas románticas pierdan su fuerza sin embargo la falta de una respuesta no quita valor al peso de la pregunta.
Y las personas siempre nos vamos a preguntar sobre la posibilidad de la libertad y también vamos a explorar las vías posibles para alcanzar la oportunidad de educarnos, trabajar y constatar las raíces que hacen a nuestro origen y que están muchas veces cercadas dentro de una maceta que se llama prejuicio y que no deja crecer a la planta de la vida.


La Ciudad de Machu Pichu en el Perú sufrió la expoliación de sus yacimientos arqueológicos por parte de centros académicos como la Universidad de Yale. Hoy en EEUU se conservan más de 40.000 piezas extraídas de este lugar y el criterio es que no son devueltas al Perú porque son patrimonio de la humanidad entera. De todos modos el hilo de la realidad parece todavía más complejo ya que vemos que los estados nacionales (el Perú, Egipto po el caso de las pirámides, Bolivia o los EEUU) se atribuyen los derechos sobre estas obras cuando en realidad los indicios de que los constructores de ciudades como ésta o Tiahuanaco hayan sido los pueblos americanos alrededor del siglo X d. de C. tiene argumentos frágiles, asunto que se dilucida especialmente cuando los ingenieros civiles miden las dimensiones y peso de las piedras y se preguntan sobre la tecnología necesaria para realizar cortes y ensamblajes tan exactos.

Vista de la ciudad de Tiahuanaco en Bolivia (al fondo la Puerta del Sol).

Para algunos especialistas esta es una de las ciudades más antiguas y cuyas ruinas sobreviven en nuestro tiempo siendo su origen datado en varios miles de años (incluso podría pertenecer al período antediluviano, es decir que tendría más de 12.000 años de antigüedad).

Otras vistas de Tiahuanaco.



Fuente:
http://jazzvocesyfronteras.blogspot.es/

Redescubierto un dispositivo reflector soviético en la luna

Un reflector de luz que se dejó en la superficie de la Luna por la antigua Unión Soviética y que se perdió hace mucho tiempo, ha sido redescubierto por un equipo de físicos estadounidenses tras casi 40 años, usando lásers lanzados desde la Tierra.

El reflector láser, de construcción francesa, fue enviado a bordo de la misión soviética no tripulada Luna 17, que aterrizó en la Luna el 17 de noviembre de 1970 y liberó un róver robótico que navegó por la superficie lunar y llevó el mencionado reflector láser.

Se perdió la señal del aterrizador soviético y de su róver, llamado Lunokhod 1, el 14 de septiembre de 1971.

“Nadie ha visto el reflector desde 1971″, dijo Tom Murphy, profesor asociado de física en la Universidad de California en San Diego. Murphy lidera a un equipo de científicos en un esfuerzo a largo plazo para usar reflectores láser y medir la forma de la órbita lunar y sus desviaciones de la Teoría de la Relatividad General de Einstein.

“Rutinariamente usamos tres robustos reflectores situados en la Luna por las misiones Apolo 11, 14 y 15, y ocasionalmente el reflector del aterrizador soviético Lunokhod 2 – aunque no funciona demasiado bien cuando está iluminado por la luz solar”, dice Murphy. “Pero anhelábamos encontrar el Lunokhod 1″.

Murphy y su equipo buscaron ocasionalmente el reflector Lunokhod 1 a lo largo de los dos últimos años, pero no tuvieron la suerte de encontrarlo hasta hace poco.

El avance llegó el mes pasado, cuando la cámara de alta resolución del Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO) de la NASA obtuvo imágenes del lugar del aterrizaje. El equipo de la cámara identificó el róver como una mota de brillo solar en la imagen, que resultó estar a kilómetros de distancia de donde Murphy y su equipo habían estado buscando. Hasta ahora, la posición precisa del reflector del rover había sido desconocida.

El 22 de abril, el equipo de Murphy envió pulsos de luz láser desde el telescopio de 3,5 metros del Observatorio de Apache Point en Nuevo México, centrándose en las coordenadas del objetivo proporcionadas por las imágenes de LRO.

El equipo fue capaz de encontrar el reflector perdido hace tiempo de Lunokhod 1 y calculó su distancia a la Tierra con un margen de error de un centímetro. Hicieron una segunda observación menos de 30 minutos más tarde que permitió al equipo triangular la latitud y longitud del reflector en la Luna con un margen de error de 10 metros.

En lo próximos meses, será posible que los científicos establezcan las coordenadas del reflector con una precisión aún mayor, dice Murphy.

La señal de retorno del reflector se midió como un conjunto de fotones, o partículas individuales de luz láser.

“Rápidamente verificamos que la señal era real y encontramos que era sorprendentemente brillante: al menos cinco veces más que el otro reflector soviético, en el róver Lunokhod 2, al cual enviamos pulsos láser rutinariamente”, dijo Murphy. “La mejor señal que hemos visto procedente del Lunokhod 2 en varios años de esfuerzo es un retorno de 750 fotones, pero logramos 2000 fotones del Lunokhod 1 en nuestro primer intento. Es un gran logro tras casi 40 años de silencio”.

Antes de este descubrimiento, muchos científicos habían especulado que el róver Lunokhod 1 pudiese haber caído en un cráter o haber aparcado mal, no tieniendo sus reflectores orientados hacia la Tierra, lo que habría evitado que fuese localizado por pulsos láser.

“No sólo ahora sabemos que Lunokhod 1 está allí, sino que también sabemos que está perfectamente aparcado ya que sus reflectores encaran a la Tierra”, explica Murphy. “De hecho, la señal es tan sorprendentemente fuerte que el róver no podría estar más que en un punto de aparcamiento con sus reflectores sobre la superficie lunar deliberadamente orientados hacia la Tierra”.

El descubrimiento del Lunokhod 1 mejorará mucho los estudios de la Luna y su composición.

“Lunokhod 1, gracias a su posición, proporcionará la mejor herramienta para comprender el núcleo lunar líquido, y producirá una estimación precisa de la posición del centro de la Luna – que es de vital importancia para cartografiar la órbita y poner a prueba la gravedad de Einstein”, afirma Murphy.

Murphy y sus colegas encontraron en un estudio publicado este mes que el polvo lunar puede estar oscurenciendo los reflectores de la Luna. Los investigadores encontraron que la luz láser que hacen rebotar en los reflectores de la superficie lunar es más tenue de lo esperado y se atenúa aún más con la Luna Llena.

“Cerca de la Luna Llena, la fuerza de la luz que retorna decrece en un factor de 10″, dijo Murphy. “Tenemos que comprender qué provoca esto si contemplamos colocar equipo científico adicional en la Luna. Encontrar el reflector del Lunokhod 1 añadirá pistas importantes para este estudio”.

Fuente: http://www.cienciakanija.com/2010/04/29/redescubierto-un-dispositivo-reflector-sovietico-en-la-luna/


Felicidad y Estado en la modernidad temprana

José Luis Galimidi

La legitimidad es la relación de correspondencia que se establece entre la intimidad de los juicios de la conciencia y la exterioridad objetiva de las prácticas y de las instituciones. Los órdenes sociales, políticos o económicos, los sistemas de credibilidad científica, religiosa o artística, son más o menos legítimos (y, por tanto, más o menos estables y previsibles) en la medida en que una masa crítica de sus integrantes considera que el modo vigente en que se distribuyen bienes, cargas, prestigios, sanciones, etc., es suficientemente afín a lo que ellos, en el interior de sus respectivas conciencias, consideran que es justo, noble, útil, santo, verdadero o bello.

Lo contrario de una situación legítima es un panorama de crisis. En ella se pueden llegar a registrar, aquí y allá, esporádicos escenarios de orden, pero el acatamiento a las normas de convivencia, de producción y de intercambio de bienes materiales y simbólicos no se basa en la generalizada lealtad a los principios comunes, sino que, más bien, expresa, apenas, la pervivencia desvitalizada de una retórica perimida, o el puro temor al castigo, o al caos.

Hacia finales del medioevo, la desintegración de la sociedad feudal, precisamente, propició el surgimiento de nuevas formas íntimas de autopercepción y de autovaloración, las cuales, a su vez, se proyectaron hacia nuevas configuraciones de los espacios compartidos.

La certeza con la que el yo cartesiano se afirmó en la existencia a partir de su naturaleza pensante tuvo su contrapartida en la conciencia de una escisión radical. El sujeto moderno sabe –paradójicamente- que investigar el fenómeno natural no equivale (no puede equivaler) a conocer sin residuo la plenitud inagotable de los aspectos que ofrece la cosa en sí, que querer el bien no puede asegurar la realización de una acción absolutamente buena, que creer, en fin, no garantiza la correcta interpretación de la voluntad divina revelada, ni, menos aún, la salvación eterna. Esta finitud esencial, esta carencia ontológica se exporta, decimos, hacia los diferentes ámbitos relacionales, determinando, entre otras cosas, una esfera económica dinamizada por la competencia egoísta, y una esfera política signada por la separación entre lo público y lo privado. En el Estado absoluto de la modernidad temprana, el derecho de gobierno ya no requiere de la confirmación religiosa medieval, ni de la sabiduría filosófica del platonismo clásico, y el deber de obediencia del citizen tampoco exige la convicción íntima del creyente.

Esta crítica desencantada a la vocación de absoluto que primaba en la sociabilidad tradicional determina que la legitimidad moderna sancione, como consecuencia, la desactivación del concepto de felicidad como principio generador de subjetividad y de institucionalidad. En un contexto de escisión inter e intrasubjetiva, en un universo natural que, ciencia astronómica mediante, está a punto de perder su orientación geocéntrica y que empieza a aparecer como indiferente a la suerte de los hombres, el individuo moderno se encuentra en medio de una intemperie hostil. Las estrategias de asociación y de producción ya no apuntan a realizar plenamente las potencialidades latentes de cada uno, según el lugar y rango que por naturaleza les corresponde ocupar en la comunidad, sino más bien a evitar los males que pueda provocar la ingenuidad propia, o la malicia ajena.

En 1517, pocos meses antes de que Lutero encendiera la mecha de la guerra civil europea, Tomás Moro diseñó un orden social y político óptimo, deliberadamente aislado, que se proponía poner la técnica administrativa y la sabiduría filosófica al servicio de la felicidad de sus integrantes. En la república ideal de la eliminación del dinero, la comunidad de los bienes y la distribución justa de las tareas y de las responsabilidades provee con holgura a las necesidades de los habitantes. Los utopienses, explica el texto, son felices porque el orden institucional arranca de raíz las causas de las disputas por ambición de poderío político o económico, y también porque, de ese modo, permite que cada uno pueda dedicarse a cultivar en armonioso equilibrio las tendencias naturales a la solidaridad y al placer, tanto sensual como intelectual.

Pero el nombre de la isla indica que es un lugar que no está en ninguna parte. Y esto también es un elemento central en la tesis de Moro. El libro no solamente no explica cómo se puede llegar a constituir la república ideal, sino que, además, dedica toda la Primera Parte a demostrar que el sistema vigente en Europa, con la legitimación del afán privado de lucro, y del afán político de dominación y conquista, provoca –necesariamente- la infelicidad de todos sus integrantes. De la mayoría, porque la fuerza y las leyes están al servicio de los pocos y de los peores, que malversan el producto del esfuerzo de todos en exclusivo beneficio privado. Y de la minoría, porque en las cortes y en la city el clima imperante es de hipocresía, recelo, conspiración, y traición, tal como lo describiera, en el mismo lustro, Nicolás Maquiavelo.

Otro autor clásico que trabaja explícitamente la relación conceptual que existe entre la felicidad individual y la estatalidad es Thomas Hobbes. Pero este inglés del siglo XVII no lo hace en el tono nostálgico de quien añora la utopía, sino con la practicidad implacable de su peculiar racionalidad. No existe, dice, el sumo bien que podría colmar y apaciguar por completo los deseos de una persona. La vida es un movimiento perpetuo en pos de la felicidad, persiguiendo objetivos que parecen buenos y escapando de situaciones que parecen malas. Pero el objeto del deseo humano, agrega , no consiste en disfrutar una sola vez de lo que se apetece en cada momento, sino –y aquí está la clave de su doctrina- en asegurar para siempre la posesión y el disfrute de lo que se imagina como placentero. Dado que el poder es definido como la disposición de recursos para conseguir lo que se quiere, Hobbes pone como característica general de la humanidad una “búsqueda permanente de poder tras poder que sólo cesa con la muerte”.

Resulta, así, que lo que los hombres desean es necesariamente escaso, porque, por sobre toda cosa, ellos aman el dominio sobre sus semejantes, y odian tener que obedecer a un igual. La situación, entonces, viene a ser similar a la de la Inglaterra que había dibujado Moro: los que obedecen pagan con un severo recorte a su libertad natural el –relativo- sosiego que les puede ofrecer el orden político; y los que mandan disfrutan del dominio al precio de saber que ocupan un lugar de supremo prestigio, y, por tanto, sumamente ambicionado, y disputado.

En uno de los párrafos más célebres de la historia del pensamiento político, dice que, en condición de naturaleza (es decir, cuando no hay Estado), todo hombre es enemigo de todo otro hombre, y la vida, en consecuencia, es “solitaria, miserable, brutal y breve”. Y cuando impera el Leviatán, el mundo se vuelve ordenado y previsible, pero sólo si se abandona la pugna permanente por el poder, es decir, por la (ilusoria) obtención de la felicidad.

La formulación conciliadora y, a su manera, moderadamente optimista, que puede atenuar el desaliento que provocan las miradas, coincidentemente pesimistas, del utopista Moro y del descarnado Hobbes, es presentada por el pensador eminente de la , Immanuel Kant. Para el filósofo de Königsberg, la noción de felicidad es una guía inadecuada para la comprensión de las estructuras conceptuales de la ética, la política y la historia, pero, a cambio de ello, esta limitación es lo que permite la tematización de la libertad y de la dignidad de la condición humana.

En la dimensión individual, afirma que la moralidad de una acción no puede evaluarse según el mayor o menor grado de felicidad que aquélla procure a quien la realiza, o a quien recibe sus efectos. En línea con Hobbes, el autor de la Crítica de la razón práctica admite que se podría llamar felicidad al cumplimiento pleno de las demandas de las inclinaciones. Pero los placeres que éstas persiguen son divergentes entre sí, o recíprocamente opuestos, suelen ser costosos, o de cumplimiento improbable, a menudo, provocan consecuencias displacenteras, varían de persona en persona, y de momento en momento. En todo caso, es claro que no puede formularse una normativa universal, que regule el comportamiento según los dictados transparentes de la pura razón y que, al mismo tiempo, garantice el cumplimiento de todas las demandas de la sensualidad afectiva de cada uno. Los animales irracionales parecen plenamente satisfechos con su existencia inconsciente de sí mismos, pero a ellos los guía el instinto, siempre igual y automático, sin personalidad, sin conflictos y sin historia. Los seres racionales, en cambio, renunciaríamos a nuestra condición si nos dejásemos llevar por el puro impulso, y cuando ponemos nuestra capacidad de cálculo al servicio de nuestras pasiones, obtenemos un comportamiento que, en el mejor de los casos, puede llegar a ser astuto, o prudente, pero no genuinamente moral. El comportamiento ético, para Kant, es de carácter autónomo, precisamente porque consiste en lo contrario de actuar según los vaivenes de la inclinación y del sentimiento. La crítica de un programa moral basado en la aspiración a la felicidad, así, se ve compensada por la afirmación de la subjetividad racional como centro de una personalidad libre, capaz de determinar las propias acciones según principios que uno mismo podría querer ver realizados como norma universal. La primacía del imperativo categórico, para Kant, no nos hace felices, pero nos hace dignos.

En la dimensión política, la situación es análoga. Kant es un contractualista, y fundamenta la constitución de una autoridad común, con derecho para legislar y para gobernar con capacidad coercitiva, en la aceptación voluntaria de cada uno de los seres libres y racionales que la integran. Ser ciudadano implica, para Kant, compartir un acuerdo básico: cada uno hace de cuenta que renunció al pleno derecho natural a gobernarse y a protegerse a sí mismo, a cambio de que la asociación política le garantice una serie de beneficios jurídicos. Las responsabilidades del gobierno, desde luego, incluyen disposiciones referidas a la protección y al bienestar general de la población, pero, explícitamente, deben excluir la aspiración de las autoridades a proveer a la felicidad, entendida como plenificación de las inclinaciones afectivas de los ciudadanos. Esta limitación es la marca decisiva en el ADN del pensamiento liberal contemporáneo. Los proyectos de vida y los modos de procurarse felicidad son, como vimos, infinitamente variados e igualmente respetables, siempre que se encuadren dentro de la legalidad exterior vigente. Pertenecen exclusivamente al ámbito privado de la conciencia individual, y el intento estatal por intervenir (para peor, con fuerza coercitiva) en la esfera privada, privilegiando una opción entre tantas posibles, tergiversa contradictoriamente el espíritu originario de la asociación política. Por las mismas razones, la demanda popular para que el soberano provea sustantivamente a la felicidad de los ciudadanos pone al gobierno ante una tarea imposible, cuyo inevitable fracaso no hará otra cosa que incentivar el descontento y el peligro de sedición.

En palabras de Kant:

Se ve claramente cuánto mal ocasiona, incluso en el derecho político, el principio de la felicidad (el cual, hablando con propiedad, no es principio determinado alguno); ocasiona tanto mal como en la moral ... El soberano quiere hacer feliz al pueblo según su particular concepto de felicidad, y se vuelve déspota; el pueblo no quiere desistir de la general pretensión humana a la felicidad, y se vuelve rebelde. (I. Kant, Teoría y praxis. Buenos Aires, Ed. Leviatán, 1995, p. 65)

En el escenario de la historia universal, finalmente, el filósofo alemán anticipa una de las posturas más difundidas del pensamiento marxista (v. gr. la lucha de clases como motor de la historia), y postula, como principio del desarrollo de la humanidad, la insociable sociabilidad. La hipótesis macrohistórica kantiana es que la naturaleza quiere evitar que los hombres queden anclados en la placidez de un estadío primitivo y sin conflictos, y que por eso dispone, con astucia, una inclinación permanente en todos los hombres al dominio y a la disputa violenta. Esta tendencia, junto con su latente capacidad tecnológica y su facultad racional para instituir espacios de coexistencia regulada por normas comunes, haría que la historia de las relaciones humanas se vaya elevando, lentamente, desde una condición brutal de enemistad, hacia contextos progresivamente más complejos y ricos en comodidad, conocimiento y juridicidad. El progreso técnico y cultural, en esta perspectiva, iría planteando conflictos siempre novedosos, que irían exigiendo, cada vez, respuestas institucionales más sofisticadas y atentas con los derechos en juego. Con esta lógica dialéctica, podría pensarse que el afán de los reyes absolutos, por ejemplo, habría motorizado las demandas burguesas del freno constitucional al poder estatal; la ambición desmedida del empresario capitalista, la sanción de las legislaciones que protegen al trabajador; la capacidad destructiva militar, el derecho de gentes, etc.

Ahora bien. Esta visión ilustrada y moderadamente optimista del desarrollo histórico estalló, puede decirse, al promediar el siglo XX. El derecho ha quedado sumamente rezagado respecto de la fuerza. La capacidad de elaboración y de freno institucional creció infinitamente menos que la sofisticación tecnológica de control y de destrucción. Auschwitz e Hiroshima, cada una a su manera, son ejemplos que indican de manera trágica que la insociabilidad del hombre provoca males absolutos que ya no pueden propiciar logros reparatorios y estables de sociabilidad posteriores a su perpetración. Totalitarismos, terrorismos –estatales y sectarios-, teocracias, poderío nuclear y poderío económico extrapolítico, etc., son modos diversos y exorbitantes de pretender una legitimidad total que, al negar dignidad y libertad al elemento subjetivo, deterioran severamente la posibilidad de proyectar horizontes cooperativos de sentido. En este panorama de crisis, no es de extrañar que se validen discursos, ilusoriamente totalizantes pero objetivamente nihilistas, que ofrecen al individuo salidas salvíficas hacia la “felicidad” del consumo, del vértigo -químico, financiero o mediático- o del sectarismo fundamentalista. En otras palabras, el proyecto ético-político de la modernidad intentó fundamentar la institución de las diferentes esferas de la interacción humana según el principio de la crítica al concepto de totalidad, pero la crisis nihilista del (no) horizonte posmoderno, a su vez, parece indicar el fracaso de la crítica, al menos en su capacidad productiva instituyente. Ante esta situación, la función de las disciplinas de la cultura, creo, para terminar, consiste en revitalizar la discusión acerca de (y no con, porque ellas no discuten) las diversas variantes del par nihilista y tanático totalización/felicidad, pugnando por establecer lazos conceptuales rigurosos entre las aspiraciones subjetivas (eróticas) a la y la dignidad.

Fuente: http://jose-luis-galimidi.idoneos.com/index.php/Felicidad_y_Estado_en_la_modernidad_temprana

La analogía entre el universo y un agujero negro

Sean Carroll está irritado por las analogías entre los agujeros negros y nuestro universo – y por las afirmaciones sobre la profundidad de tales comparaciones. En lugar de esto, afirma que tales analogías tienen menos valor que una taza grande de café de Starbucks (unos 4 dólares): El universo NO es un agujero negro (Cosmic Variance).

Bueno, aunque estoy de acuerdo con la mayor parte de las detalladas afirmaciones técnicas de Carroll, creo que la relación es profunda y, probablemente, oculta algunas visiones – e intuiciones – que aún no hemos dominado por completo y que pueden descubrir algunos misterios adicionales sobre la gravedad (y la gravedad cuántica).

Pero vamos a empezar con algunos hechos.

Un agujero negro se define como una región cuyo interior está separado del exterior por un horizonte de eventos (debido a que la curvatura causada por una masa suficiente, de acuerdo a las reglas de la relatividad general): un agujero negro es un objeto a partir del cual es causalmente imposible volver al mundo exterior, ni siquiera la luz tiene permitido escapar de nuevo del agujero negro.

Tal definición también puede cubrir todo el universo visible. Después de todo, algunas galaxias muy lejanas están alejándose de nosotros más rápido que la velocidad de la luz.

Observa que tal comportamiento “más rápido que la luz” no contradice las leyes de la relatividad especial – y general – debido a que la limitación de velocidad sólo se aplica localmente, siempre que una región del espacio suficientemente pequeña sea parametrizada con coordenadas Minkowskianas. Para describir la cosmología, no obstante, tenemos que elegir algunas coordenadas arbitrarias para representar todo el espacio-tiempo (curvado) y está claro que unas coordenadas arbitrarias de velocidad no pueden estar limitadas por ningún límite de velocidad universal.

Por lo que de acuerdo con este simple argumento, puede que estemos viviendo dentro de un agujero negro. Esta noción se ve amplificada por una simple comprobación cuantitativa. Vamos a calcular la “masa del universo visible”. Debido a que las secciones espaciales son bastante planas, podemos considerar el universo visible como una bola de radio “R”: como aprendiste cuando eras niño, su volumen es “(4/3).π.R3“.

La densidad total del universo es la densidad crítica, “rho = 3 H2 / 8πG” (que incluye la energía y materia oscuras). Esta es la densidad necesaria para conservar la planitud espacial que aparentemente observamos (al menos con una precisión sorprendentemente buena). Multiplicando el volumen por la densidad, obtenemos la masa

M = (4/3).(3/8).R3 . H2 / G = R3 / (2 G.H2).

Ahora, en unidades “c=1″, puedes tomar el radio del universo como el inverso del parámetro de Hubble, “R = 1/H” , es decir, “H = 1/R” (debido a que a una distancia “R”, la velocidad entre galaxias a partir de la expansión, “H.R”, alcanza la velocidad de la luz – y te dejo como tarea calcular si esta relación se mantiene lineal para un “R” enorme), y obtendrás

M = R/2G ⇒ R = 2GM

¡Que es exactamente la fórmula del radio de un agujero negro de Schwarzschild! Por lo que la analogía también funciona de forma cuantitativa. No obstante, el acuerdo en la constante numérica es en cierto modo coincidental (aunque la concordancia en el orden de magnitud está garantizado por el análisis dimensional basado en la descripción cualitativa correcta) y hay diferencias que evitan que uses la analogía para lograr muchos de los objetivos que puede que tengas.

Por ejemplo, si vivimos en el interior de una agujero negro, deberíamos finalmente quedar destruidos por una singularidad central. No obstante, es muy improbable que nuestro universo alguna vez evolucione a tal singularidad. En lugar de esto, debido a la influencia de la constante cosmológica, se aproximará cada vez más a un vacío y más precisamente a un espacio de Sitter; este espacio-tiempo no tiene una singularidad en el futuro.

El “futuro normal” que esperamos es sólo una razón de porqué resulta tener más sentido reconstruir la analogía y afirmar ¡que nuestro universo visible es en realidad ese espacio fuera del agujero negro – y que el interior del agujero negro está detrás del horizonte cósmico!

Esta nueva descripción se ve reforzada por el hecho de que puedes escribir nuestra cosmología como una solución de Schwarzschild donde la componente tiempo-tiempo “g_{tt}” de la métrica, la que determina el desplazamiento al rojo, tiende a ceero en el horizonte de eventos. En estas coordendas bastante naturales, “g_{tt}” es positivo dentro del universo visible – de la misma forma que es positivo fuera del agujero negro (en la convención “+–––”).

Por lo que la inaccesible región más allá del horizonte cósmico es análoga al problemático interior del agujero negro. En particular, si crees en la complementariedad del agujero negro – es decir, la idea de que el interior del agujero negro contiene simplemente alguna información “remodelada” de la que ya existía fuera del agujero negro (y que los operadores dentro y fuera del agujero negro no conmutan debido a esto) – entonces hay todo un infinito universo más allá del horizonte cósmico (donde no podemos ver) cuya vida es simplemente una aburrida “reordenación” de los bits cuánticos que observamos dentro de esta zona visible.

Como Carroll señala acertadamente, hay una diferencia crucial entre el horizonte de eventos de un agujero negro y el horizonte cósmico de nuestro universo: el horizonte de eventos de un agujero negro tiene una “posición definida objetivamente” con la que todos los observadores de fuera del agujero negro pueden estar de acuerdo. Por otra parte, nuestro horizonte cósmico es sólo nuestro y los observadores lejanos verían su propio horizonte cósmico.

De hecho, esta diferencia no es nada más que la diferencia que puede que ya hayamos notado: si el universo visible “es” la región exterior de un agujero negro generalizado, entonces esta región exterior tiene un volumen finito, no como en el caso de los agujeros negros normales “localizados” que “flotan” en un espacio externo infinito.

Vamos a describir esta diferencia de forma cuantitativa. Escribamos la geometría de la zona visible del universo de una forma de Schwarzschild. Tus coordenadas incluirán a “R”, una radial. Es pequeña en el universo visible que deberíamos llamar “exterior” en la analogía del agujero negro por lo que es bastante natural hacer una inversión esférica y reemplazar “R” por “Я = 1/R” (si no conoces el cirílico, “Я” se pronuncia como “Ya”). El centro del universo visible se corresponde con “R = 0″ es decir. “Я = infinito”.

Esto es genial debido a que en estas coordenadas “Я”, el exterior de lo que sería el agujero negro tiene el mismo tamaño en “Я” que las regiones exteriores de “R” de los agujeros negros convencionales. No obstante, aún hay una diferencia. Mientras que los agujeros negros convencionales contienen un volumen cercano a infinito “R = infinito”, nuestro agujero negro construído a partir del universo visible tiene “Я = infinito” que sólo representa un punto en el espacio – ¡estamos en “R = 0″!

Por tanto hay muchas otras coordenadas – obtenidas mediante inversiones esféricas alrededor de distintos orígenes de coordenadas – donde el locus “Я_2 = infinito” realmente representa algunos alienígenas que son los malvados imperialistas que determinó Stephen Hawking, o “Я_3 = infinito” que detnoa el hogar de alienígenas que son conservadores compasivos. ;-)

Debido a que la región exterior del agujero negro construido a partir del universo visible tiene un volumen finito, no hay suficiente espacio para “fijar con certeza” la posición del horizonte de eventos. También por esto es por lo que el horizonte de eventos resulta ser dependiente del observador. Tiene muchas otras consecuencias negativas para la calculabilidad de cantidades en tal situación cósmica.

Por ejemplo, puede ser extremadamente difícil determinar completamente los microestados que describen sólo los estados del universo visible. Por otra parte, recuerda que los agujeros negros convencionales deben estar incrustados en un espacio-tiempo plano o anti de Sitter que hace posible describir los microestados con una precisión completa (en la Teoría de Cuerdas).

Otro ejemplo de diferencia entre las situaciones es que un agujero negro convencional mengua conforme emite radiación de Hawking: la radiación se lleva parte de la energía (y masa). El universo tipo agujero negro (de Sitter) no mengua debido a que la radiación térmica emitida que discutiré más abajo (la radiación procedente del horizonte cósmico hacia el exterior del agujero negro, es decir, al interior del universo observable) es reabsorbida por el agujero negro tras algún tiempo. Esto es claramente una consecuecia del volumen finito del “exterior del agujero negro” en el caso del universo: el “agujero negro” está en todas las direcciones por lo que los cuantos de Hawking no tienen elección y finalmente retornan al “agujero negro”.

No obstante, deberías apreciar – más que Sean Carroll – que estas diferencias no invalidan muchas otras conclusiones que pueden obtenerse de la analogía. Por ejemplo, los agujeros negros convencionales emiten radiación térmica de Hawking: es irradiada desde el horizonte cósmico a la región externa. Y, como ya os he adelantado, este también es el caso por el que parte de la radiación térmica es emitida por el horizonte cósmico hacia la “región externa” de lo que sería el “agujero negro” – que resulta estar dentro de la zona visible del universo.

Por lo que estamos inmersos en el mar térmico de la radiación que procede del horizonte cósmico – emitida por los cuerpos celestes alienígenas que están tan lejos que nunca podremos verlos, ni siquiera teóricamente.

Bueno, la radiación procedente del horizonte cósmico no es necesariamente “térmica”: algunos alienígenas que ayer eran accesibles podrían habernos enviado alguna señal “real” y no sólo “ruido”. Salvo que tales señales serían incalculables – no sabríamos nada sobre los alienígenas – por lo que podemos asumir que las señales son realmente térmicas. Tal Ansatz térmico es sólo una suposición, pero hay cierto sentido en que es “lo mejor” que podemos hacer.

Esta expectación se hace cada vez más precisa cuando el universo tras el horizonte cósmico se aproxima al espacio vacío de Sitter. (Debido a que la constante cosmológica es positiva, la distancia al horizonte cósmico nunca superará cierto límite: si la C.C. fuese cero, el radio del universo visible crecería indefinidamente).

Este es otro punto en el que la analogía entre el universo y el exterior de un agujero negro es muy útil para una descripción global cualitativa. Podemos hacer sobre los “estados genéricos” de un agujero negro. Para los agujeros negros normales es el agujero negro el que se ha estabilizado por completo (emitiendo los modos quasi-normales) se ha ha hecho estático. Cuando esto ocurre, podemos imaginar que el interior de un agujero negro está completamente vacío y que la entropía del agujero negro se maximiza.

(Como enfatiza la imagen de bola de pelos, el interior vacío de un agujero negro sólo surge después de que hayas hecho la media a lo largo de muchos microestados “genéricos” de agujeros negros).

Análogamente, la entropía del “universo como agujero negro” se maximiza cuando el espacio de Sitter se vacía. Este es en realidad tambien el punto en el cual se maximiza la superficie del horizonte cósmico. (Cualquier materia dentro del espacio de Sitter – es decir, un agujero negro con su propio horizonte de eventos – disminuye el área del horizonte de Sitter más externo). Y también está el estado en el que esperas que el interior del agujero negro – es decir, el universo invisible más allá del horizonte – se vacíe.

Por lo que es imposible “exportar” algunos cálculos de un contexto a otro debido a distintas diferencias cualitativas (que están universalmente enraizadas en la “compactación” de la región exterior del “agujero negro” en el caso cósmico).

Pero también hay otros muchos argumentos que no se ven afectados por las diferencias. En estos contextos, es muy útil mantener la relativamente cercana analogía en mente. Finalmente, la analogía puede reducirse a “horizontes” compartidos como singularidades de coordenadas permitidas por la relatividad general, o incluso la descripción común de la “relatividad general” (en este punto, la analogía se hace bastante vaga), pero es incorrecto negar que hay muchos vínculos profundos entre las dos descripciones

Fuente: http://www.cienciakanija.com/2010/04/29/la-analogia-entre-el-universo-y-un-agujero-negro/

Formas de vida simples pueden ser comunes en nuestra galaxia


Un equipo internacional de astrónomos ha descubierto pruebas concluyentes de que los planetas rocosos -como la Tierra- son comunes en nuestra galaxia.

Un científico de la Universidad de Leicester, el doctor Jay Farihi, investigó las enanas blancas, los restos compactos de estrellas que alguna vez fueron como nuestro Sol, y descubrió que muestran muchos signos de contaminación por elementos más pesados y, posiblemente, incluso el agua, lo que mejora las perspectivas de vida extraterrestre.

El doctor Farihi presentó sus resultados en el National Astronomy Meeting británico, celebrado en Glasgow. Las enanas blancas son el punto final de la evolución estelar para más del 90 por ciento de todas las estrellas de la Vía Láctea, incluyendo nuestro sol. Debido a que deben tener atmósferas puras de hidrógeno o de helio, en caso de que se en encuentren elementos más pesados (en astronomía se describen como 'metale', ejemplos como el calcio, magnesio y hierro), éstos deben ser contaminantes externos. Durante décadas, se creía que el medio interestelar, el tenue gas entre las estrellas, era la fuente de los metales que contaminan enanas blancas.

Farihi y su equipo utilizaron datos del Sloan Digital Sky Survey (SDSS), un proyecto que tiene como objetivo inspeccionar el cielo en luz infrarroja, con imágenes de más de 100 millones de objetos y el seguimiento de 1 millón de éstos mediante la obtención de su espectro (la dispersión de la luz por color).

Al examinar las posiciones, los movimientos y los espectros de las enanas blancas identificadas en el SDSS, Farihi y su equipo han demostrado que ésto ya no es una teoría viable. En su lugar, es casis eguro que el culpable en la mayoría o todos los casos sean restos planetarios rocosos.

El nuevo trabajo indica que al menos el 3% y quizás hasta en un 20% de todas las enanas blancas están contaminados de esta manera, con los restos de planetas rocosos menores, con una masa total de alrededor de un diámetro de un asteroide de 140 kilómetros.

Esto implica que una proporción similar de estrellas como nuestro Sol, así como las estrellas que son un poco más masivas, como Vega y Fomalhaut, construyen sistemas planetarios terrestres. Los astrónomos están desempeñando así el papel de los arqueólogos celestes mediante el estudio de las ruinas de planetas rocosos y/o sus componentes básicos.

Los científicos también midieron la composición de los desechos contaminantes del planeta a través de su firma química, que se destaca en las atmósferas puras de las enanas blancas.

Parece que una fracción significativa de estas estrellas están contaminadas con el material que contenía el agua, hecho con implicaciones importantes para la frecuencia de planetas habitables alrededor de otras estrellas. Si el agua interior está presente en una fracción sustancial de asteroides alrededor de otras estrellas, como los que contaminaron las enanas blancas, es concebible que al menos la vida simple pueda ser común en toda la galaxia.

El doctor Farihi comenta: "En nuestro propio Sistema Solar con al menos un planeta con agua y habitable, el cinturón de asteroides -los bloques de construcción sobrantes de los planetas terrestres- poseen varios un porcentaje de su masa en forma de agua. De nuestro estudio de las enanas blancas, parece que hay similitudes entre los objetos básicos que se encuentran de asteroides alrededor de otras estrellas; por lo tanto es probable que una fracción de estas enanas blancas una vez albergó planetas acuosos, y la vida posiblemente".

Fuente: http://www.ecuadorciencia.org/noticias.asp?id=9050&fc=20100427


La flecha bidimensional del tiempo biológico

El tiempo biológico se describe mejor mediante una superficie bidimensional que toma la forma de una hélice de segundo orden, de acuerdo con una nueva teoría del tiempo.

Es tentador pensar en el tiempo como una secuencia lineal de eventos que se captan mejor como una línea recta, el eje X en una gráfica, por ejemplo. Pero los físicos nunca se han sentido restringidos por tal definición, al contrario, nunca han titubeado en moldear el tiempo para sus propios fines.

En la termodinámica, por ejemplo, la flecha del tiempo aparece debido a un fenómeno irreversible tal como una transición de fase, bifurcaciones y caos. En la relatividad, el espacio y el tiempo son uno, y Minkowski, en su famosa formulación, usó la idea de ‘cono de causalidad’ para explicar la correlación entre objetos físicos.

En la mecánica cuántica, la noción de tiempo se hace incluso más extraña. El tiempo es a veces bidimensional, a veces reversible para mantener la simetría CPT (carga, paridad y tiempo) y otras veces discontinuo o fractal.

Para abreviar, los físicos reformulan el tiempo en lo que sea que les encaje, o al menos, en aquello que les proporciona la mejor potencia predictiva o explicatoria.

Entonces, ¿por qué no iban a usar el mismo truco los biólogos? Hoy, tienen la oportunidad gracias a una innovadora idea de Giuseppe Longo y sus colegas de la Escuela Normal Superior de París.

Longo y sus colegas defienden que las entidades biológicas requieren de una formulación no lineal del tiempo debido a que su existencia se caracteriza por ritmos y ciclos más que mediante procesos lineales.

Por lo que el equipo ha reformulado una noción del tiempo que capta la esencia de los ritmos y ciclos de la biología.

La idea es tomar una representación lineal estándar del tiempo y representar un ritmo usando una segunda dimensión perpendicular al tiempo. Al ser cíclica, esta dimensión toma la forma de un ángulo, representado por una línea giratoria perpendicular, como la manecilla de un reloj.

Los ritmos extra pueden añadirse simplemente en esta línea perpendicular. Por lo que un ritmo circadiano llevaría cerca de 24 horas que rotase, mientras que en la cima de estos ritmos estarían la respiración y el latido que apenas llevan unos segundos.

El resultado es que un punto de este ‘tiempo-espacio’ se mueve a lo largo de la superficie de un helicoide bidimensional (ver la imagen). Longo y compañía llaman a estar forma hélice de segundo orden.

Esto está muy bien. La cuestón es qué poderes explicativos y predictivos proporciona esta representación. ¿Cómo de útil es?

Longo y sus colegas dicen que, primero, proporciona una representación visual de los ritmos y periodicidades a la escala de la vida, lo que hace que las comparaciones entre y dentro de especies sea particularmente fácil.

Dibujan, por ejemplo, la periodicidad de los latidos durante el sueño y la vigilia diciendo que la nueva representación del tiempo biológico hace que sea fácil distinguir rasgos importantes de un vistazo.

También observan la diferencia entre envejecimiento biológico y envejecimiento físico, demostrando cómo el envejecimiento biológico puede tender a cero en ciertas circunstancias, como la hibernación, mientras que el envejecimiento físico continúa inexorable.

También porponen la pregunta de si el envejecimiento biológico puede invertirse aunque continúe el envejecimiento físico, un fenómeno que parece ocurrir en cierto tipo de células madre.

Finalmente, examinan la diferencia de periodicidad entre jóvenes y viejos, sugiriendo (no de forma totalmente convincente) que esto puede explicar la diferencia en la percepción temporal entre jóvenes y ancianos, es decir, el tiempo pasa más lento para los jóvenes y más rápido para el anciano.

Por lo que ciertamente hay algo de poder explicatorio útil en esta formulación biológica del tiempo – parece una nueva y potente forma de representar datos biológicos.

Si tiene algún poder predictivo es otra cuestión, y una sobre la que Longo y sus colegas deben estar pensando seguramente.

Lo que tienen ahora que demostrar es que esta aproximación proporciona una nueva visión genuina a los problemas de la biología y el envejecimiento, algo que no logran del todo en este artículo.

Fuente: http://www.cienciakanija.com/2010/04/27/la-flecha-bidimensional-del-tiempo-biologico/


Julio Cortázar, el escritor más querido de América


En 1954, Carlos Fuentes me dio una tarjeta suya (de esas que se llaman de visita) para entrevistar a Julio Cortázar en París. Había publicado Bestiario. La tarjeta era tan cariñosa que con tal de no entregársela a Julio dejé de entrevistarlo. ¡Tonta de mí! Lo haría años más tarde, en México, con Margarita García Flores, en la editorial Siglo XXI, de Arnaldo Orfila Reynal, su amigo y editor. Y en el Hotel del Prado, cuando Cortazar era paladín de las revoluciones de Cuba y de Nicaragua, y cuando el Tribunal Russell, que juzgaba los crímenes cometidos en Chile por Pinochet, sesionaba en los salones de candiles de ese hotel que desapareció con el terremoto de 1985. ¡Cuántas cosas desaparecidas, cuántas casas que ya no existen!

Cortázar era miembro activo de Amnistía Internacional, asociaciones de Derechos Humanos, frentes democráticos de defensa del pueblo, frentes de liberación nacional y otras causas revolucionarias de los pueblos de Centroamérica y de América Latina, como la de El Salvador, la de Nicaragua, la de Cuba. Para entonces los críticos habían declarado que su fabulosa novela, Rayuela, era a América Latina lo que el Ulises de Joyce a Europa. La figura tierna y entrañable de Cortázar se había convertido en un personaje central de nuestra cultura. Ya para entonces Antonioni había filmado Blow up, basado en su cuento Las babas del diablo, que forma parte de su libro Las armas secretas, que data de 1959. Ya para entonces, Fuentes decía que era el único hombre sobre la tierra que había encontrado la fuente de la eterna juventud, que rejuvenecer cada noche al poner su cabeza sobre la almohada era su enfermedad y que ojalá y pudiéramos contraerla todos.

En realidad, Julio murió de leucemia a los 69 años en el Hospital Saint Lazare después de 10 días de cama, y seguramente la muerte de su mujer, Carol Dunlop, 30 años menor que él, aceleró la suya, porque la extrañaba demasiado. Su último libro, Los autonautas de la cosmopista, lo escribió con ella, y cuando los vi en París, asoleados y felices, estaban a punto de emprender este viaje en una especie de tráiler, que en la noche estacionarían en los campos para vacacionistas a lo largo del camino. La tienda de campaña, los garrafones de agua, las bolsas de plástico, aguardaban en el corredor. Carol, autora de Mélanie dans le miroir, era fotógrafa y estadounidense, pero curiosamente se había nacionalizado canadiense. Aunque Cortázar se casó antes con Aurora Bernárdez y con Ugné Karvelis, el amor que pareció darle mayor felicidad era el de esta joven de pelo cortado a la Jean Seberg: Carol Dunlop. Julio la sobrevivió dos años, pero uno tenía la sensación de que habría querido irse con ella.

Desde 1951 vivía en París, cosa que le dio mucho coraje a sus compatriotas. François Miterrand dio en 1981 la nacionalidad francesa a ese argentino, nacido en Bruselas el 26 de agosto de 1914, alto, flaco y desgarbado, para quien no había abrigo suficientemente largo ni zapatos suficientemente grandes; quien amaba el jazz y a quien los jóvenes de Francia y de América Latina convirtieron en ídolo, así como habrían de canonizarlo los revolucionarios de los años 50 y 60. Nicaragua tan violentamente dulce y otros libros acerca del proceso revolucionario y las amenazas permanentes en contra de nuestros países de América Latina habrían de ser los temas cercanos a su corazón.

También lo entrevisté con Carol Dunlop en París en su departamento en la 9 Place du General Beuret. A lo mejor no es exacta la dirección, pero el hechizo de esa tarde en estado de gracia aún perdura y es uno de mis mejores recuerdos.

¿Cronopios o piantados?

-¿Qué noticias me da de Luís Sandrini?

La pregunta surge en un corredor del Hotel del Prado. Julio Cortázar se inclina -siempre se inclina- sobre su interlocutor, un señor calvo.

-No sé nada de él... Es un cómico que murió hace tiempo, ¿no?

En la editorial Siglo XXI, tras las puertas vidriadas, otro calvito de anteojos, con una pila de libros bajo el brazo, aguarda un autógrafo. Cuando Julio se dispone a firmar, el calvo murmura algo acerca de Luís Sandrini.

Sale del cubículo y le pregunto a Julio:

-¿Qué tienes tú que ver con Luís Sandrini?

-Nada.

-¿Entonces?

-Por lo visto México está lleno de cronopios (ríe).

-O de piantados... ¿No te parece extraño?

-Siempre me suceden cosas extrañas. Recuerdo a una señora que me persiguió para felicitarme sudorosa y efusiva: "¡Me encantan sus cuentos, me fascinan y a mi hijo también. ¿No quiere escribir un cuento en el que el personaje principal se llame Harry el Aceitoso?" Supongo que quería complacer a su hijo. Y te voy a confesar una cosa, Elena, estuve tentado a escribir un cuento con Harry el Aceitoso.

-¿Y en que otras tentaciones caes?

-En muchas.

Ríe y sus dientes (los dos de en frente separados) son de niño. Si no estuvieran manchados de nicotina, diría que son de leche, como eran los de Diego Rivera. Si lo pienso bien, todo Julio es de leche; es alimenticio, es bueno, calienta el alma, y se deja ordeñar por cuantos se le acercan. No guarda una sola distancia, nada hay en él de vedette, jamás se burla de sus interlocutores, asume nuestra ignorancia, nuestra debilidad. Imposible sentirse mal con él. Con razón las mujeres lo inundan de cartas.

''Quería ser marino''

-¿En qué tentaciones caíste de niño? ¡Esas interesan muchísimo a todas tus enamoradas, que son legiones en México!

-Los recuerdos de la infancia y de la adolescencia son engañosos. Me sentí mal de niño.

-¿Por qué?

-Fui enfermizo y tímido, con una vocación para lo mágico y lo excepcional, que me convertía en la víctima natural de mis compañeros de escuela más realistas que yo. Pasé mi infancia en una bruma de duendes, elfos, con un sentido del espacio y del tiempo distinto al de los demás. Lo cuento en La vuelta al día en ochenta mundos; entusiasmado se lo presté a mi mejor amigo, y me lo tiró a la cara: "No, esto es demasiado fantástico", dijo.

-¿Y tu nunca tuviste deseos de ser científico, descubrir el porqué de las cosas?

-No. Tuve deseos de ser marino. Leí a Julio Verne como loco y lo que quería era repetir las aventuras de sus personajes: embarcarme, llegar al Polo Norte, chocar contra los glaciares. Pero, ya ves -deja caer las manos-, no fui marino, fui maestro.

-Entonces, ¿tu infancia fue cruel?

-No, cruel no. Fui un niño muy querido e inclusive esos mismos compañeros que no aceptaban mi visión del mundo sentían admiración ante alguien que podía leer libros que a ellos se les caían de las manos. Lo que pasa es que estaba desollado, no me sentía cómodo dentro de mi piel. Antes de los 12 años vino la pubertad y empecé a crecer mucho.

-¿No te dio seguridad ser alto?

-No, porque se burlan de los altos.

-Yo creía que ser alto da mucha seguridad.

-Pues estás equivocada -se anima. Hay un cuento que me proyecta mucho: Los venenos. Tuve unos amores infantiles terribles, muy apasionados, llenos de llantos y deseos de morir; tuve el sentido de la muerte muy, muy temprano, cuando se murió mi gato preferido. Este cuento, Los venenos, gira en torno a la niña del jardín de al lado, de quien me enamoré, y de una máquina para matar hormigas que teníamos cuando era niño. Asimismo, es la historia de una traición, porque una de mis primeras angustias fue el descubrimiento de la traición. Yo tenía fe en los que me rodeaban, y por eso el descubrimiento de los aspectos negativos de la vida fue terrible. Esto me sucedió a los nueve años.

''Me interesan mucho los niños''

-Julio, tú siempre describes niños, adolescentes entrañables y, sobre todo, sufrientes.

-De niño no fui feliz, y esto me marcó muchísimo, De ahí mi interés en los niños, en su mundo. Es una fijación. Soy un hombre que ama mucho a los niños. No he tenido hijos, pero amo profundamente a los pequeños. Creo que soy muy infantil, en el sentido de que no acepto la realidad. A los niños les cuento cosas fantásticas e inmediatamente establezco una buena relación con ellos, muy buena. Los que sí no me gustan nada son los bebés; no me acerco a ellos hasta que no se vuelven seres humanos.

-Creo que los niños de tus cuentos conmueven, Julio, porque son auténticos.

-Sí, porque hay niños muy artificiales en la literatura. Un cuento que yo quiero mucho es el de La señorita Cora, la situación de ese adolescente enfermo yo la viví, y como te lo dije, tuve una gran experiencia en amores sin esperanza a los 16 años, cuando consideraba que muchachas de 18, 20 años, eran unas mujeres muy adultas. Entonces me parecían un ideal inaccesible, y por eso se creaba una situación de realización imposible. La señorita Cora es un cuento con el que sufrí mucho. Tú sabes que uno de los fantaseos de los niños es imaginarse a punto de morir. Entonces el ser amado aparece arrepentido, abraza y ama, llora su culpabilidad, jura amor hasta la eternidad, en fin, una situación arquetípica.

-¿No crees que en todo esto hay mucha autocompasión?

-Creo más bien que hay una aptitud definitiva para regresar a la visión del mundo de un niño; yo siento un gran placer en escribir ese retorno; me siento bien cuando regreso a mi infancia.

Las nubes nos provocan inventar historias

-De esa fijación tuya en la infancia, ¿han surgido los libros-objeto, los collages, los recortes, etcétera?

-Sí, me gustan mucho los juguetes, pero los que son ingeniosos, los que se mueven y actúan; me gustan tanto como me fascinaron las papelerías, los cuadernos, la punta de los lápices, las gomas de migajón, la tinta china. Al Larousse Ilustrado lo olía, tenía un olor perfumado que todavía me llega. Tengo, Elena, un amor infinito por los diccionarios. Pasé largas convalecencias con un diccionario sobre las rodillas buscando la definición de la goleta, del porrón, del tifus. Mi madre se asomaba a la recámara a preguntarme: "¿qué le encuentras a un diccionario?".

-Todo... Tu madre, Julio, ¿no tenía imaginación?

-Mi madre fue muy imaginativa, con una cierta visión del mundo. No era muy culta, pero era incurablemente romántica y me inició en las novelas de viajes. Con ella leí a Julio Verne. Es extraño, porque las mujeres no leen a Julio Verne. Mi madre leía mala literatura, pero su enorme imaginación me abría otras puertas. Teníamos un juego: mirar el cielo y buscar la forma de las nubes, en inventar grandes historias. Esto sucedía en Banfield. Mis amigos no tenían esa suerte. No tenían madres que mirasen las nubes. En mi casa había una biblioteca y una cultura.

-¿Medianita?

-Si tú quieres mediana. Mis amigos eran hijos de obreros, gente muy pobre.

Mucho de mi conocimiento de AL, por mis amigos, hijos de obreros

-¿Tú crees que el hecho de haber vivido entre hijos de obreros y pobres influyó en que ahora te preocupes por los problemas de miseria e injusticia en América latina, y formes parte del tribunal que juzga los crímenes de guerra de la junta militar en Chile, por ejemplo?

-No creo que haya influido de manera directa, pero sí creo que fue una fortuna subliminal vivir una infancia pobre con niños pobres, porque después entré a una clase pequeño-burguesa muy definida.

-¿Por qué dices que fue una fortuna subliminal vivir entre pobres?

-Porque esto me marcó definitivamente y para bien.

-¿Como escritor?

-También, porque cuál es el problema que se refleja en muchos escritores latinoamericanos. No me gusta citar nombres, y no lo acostumbro, pero Eduardo Mallea, por ejemplo, no tuvo contacto directo con su propio pueblo y cuando hace hablar a sus personajes populares, su visión es artificial y demuestra que ignora totalmente la manera de vivir de esa gente. Es un ejemplo parcial, pero así como Mallea hay muchos escritores latinoamericanos cuya primera educación no les ayudó a entender mejor las cosas que más tarde se les escapan definitivamente.

-¿La realidad de su país?

-Sí. Creo que mucho de mi conocimiento de la realidad de América Latina, su rebelión y su desamparo, se la debo a mis amigos hijos de obreros.

-Julio, y tu afán por Europa, ¿cuándo se manifestó? ¿Cuándo decidiste instalarte en Francia? ¿Eras europeizante como todos los argentinos? ¿Nov y cultísimo, como suelen ser los intelectuales?

-Creo que fui un esteta.

-¿Eres?

-Soy. Me encerré durante años a leer; no hablaba con nadie. Durante mi juventud fui misántropo; me metí en el mundo de la cultura y de la estética. Eso duró muchos, muchos años. Leía, sólo leía. Y escribía, sin publicar, por orgullo, porque sabía que lo mío era bueno.

-¿Tan bueno como lo de Borges?

-Distinto. Borges es admirable.

La influencia de Edgar Allan Poe

-¿Hiciste cuentos por seguir a Borges, gracias a su influencia?

-Más bien los escribí por Poe.

-¿Por eso lo tradujiste?

-Eso fue casi una fatalidad. De niño desperté a la literatura moderna cuando leí los cuentos de Poe, que me hicieron mucho bien y mucho mal, al mismo tiempo. Los leí a los nueve años, y por él viví en el espanto, sujeto a terrores nocturnos hasta muy tarde, en la adolescencia. Pero me enseñó lo que es la gran literatura y lo que es el cuento. Ya adulto, me preocupé por completar mis lecturas de Poe, es decir, leer los ensayos, que son poco leídos en general, salvo los dos o tres famosos -el de la filosofía de la composición-. Francisco Ayala, en la Universidad de Puerto Rico, muy amigo mío en Argentina, se acordó de nuestras conversaciones y me escribió preguntándome si yo quería hacer la traducción. Hice la primera traducción total de la obra de Poe, cuentos y ensayos que tampoco estaban traducidos. Fue un trabajo enorme. Duró mucho tiempo, pero fue magnífico, porque ¡hay que ver todo lo que aprendí de inglés traduciendo a Poe!

El traductor

-¿Esto lo hiciste en Argentina?

-No, ya en París. Dejé Argentina en 1951 y me instalé definitivamente en París. Tenía 37 años. Gran parte de mi vida había transcurrido en Buenos Aires y me llevé mi casa a cuestas: Argentina. Justamente en el año en que me fui de allá hice la traducción de Marguerite Yourcenar que tanto te interesa, Elena. Yo me iba a Europa a la aventura, sin dinero, y naturalmente necesitaba conseguir todos los recursos de vida posibles. Tenía bastante experiencia como traductor. Hice muy buenas cosas, muy buenas; traduje a Chesterton, a André Gide, la vida y las cartas de Keats, en fin, tenía un buen background como traductor. Siempre me gustó traducir. Por eso busqué traducciones para hacer en Europa y mandar a Buenos Aires. Como la Editorial Sudamericana ya había publicado mi librito Bestiario, justamente en el momento en el que me fui de Argentina me dieron a elegir entre unos cuatro libros. Vi Memorias de Adriano, que había leído en francés y me había fascinado, y se los pedí; exigí, además, un plazo largo para hacerlo, porque sabía que ese libro había que hacerlo bien. Incluso empecé a trabajarlo en el barco que me llevó de Buenos Aires a Marsella; releí el libro, intenté distintos enfoques de la traducción, la fui trabajando. La traducción de Memorias de Adriano la hice en París, se publicó, y la crítica siempre ha dicho que se trata de una buena traducción. A Marguerite Yourcenar nunca la he visto, salvo en una pantalla de televisión.

-¡A mí me parece extraordinaria! Me llama más la atención mucho más que Simone de Beauvoir. Posee su mundo propio; es más creadora.

-¡Son dos mundos distintos! El de Simone de Beauvoir es el mundo problemático contemporáneo, y el de Marguerite Yourcenar es una reflexión sobre la humanidad en su conjunto a través de figuras como Adriano o el personaje principal de Obra en negro (L'oeuvre au noir).

-Y cuando traducías, Julio, ¿no tuviste la sensación de estarle quitando tiempo a tu obra personal?

-No, nunca tuve esa sensación, porque en esa época tenía mucho tiempo y siempre he tenido gran capacidad de trabajo cuando tengo ganas de hacer algo. En esa época era absolutamente desconocido, de manera que tú ni nadie venía a entrevistarme, a tomarme fotos, a pedirme autógrafos, y no me llegaba correo de un metro cúbico semanal. Es decir, era verdaderamente una persona que vivía la vida que siempre me gustó vivir, la de un solitario, en la que dedicaba medio día a ganarme la vida traduciendo para la UNESCO y me sobraba el resto del día para leer y escribir.

Siempre solitario

-Un poeta mexicano, Alejandro Aura, escribió en contra de los solitarios: "La soledad de los solitarios es una porquería". Y también dijo: "De pronto sonríen -sin motivo aparente- y su mirada de borrego suena como una campana de leproso que aleja a los demás''.

-Pues a pesar de tu amigo yo seguiré siendo solitario.

-Si te dejan.

-Si me dejan. Ahora me resulta difícil, aunque cuando quiero aislarme tomo un tren a Londres y allá vivo completamente solo -allá no me conocen- durante el tiempo necesario. A mí me gusta hablar con la gente, Elena, y descubrí ese placer muy tarde. Pasé cinco años como profesor de secundaria en un pueblo, en el campo; luego me fui a Mendoza, a la Universidad de Cuya, a impartir cátedras a nivel universitario.

-Pero ¿qué estudiaste?

-Te lo dije: soy maestro. Me recibí en la Escuela Normal Mariano Acosta de Buenos Aires, estudié el profesorado en letras, ingresé en la Facultad de Filosofía y Letras; al año la dejé para irme al pueblo de provincia del que te hablé. Fueron mis años de mayor soledad. Fui un erudito. Toda mi información libresca es de esos años. Mis experiencias fueron siempre literarias. Vivía lo que leía, no viví la vida. Leí millares de libros, encerrado en la pensión; estudié, traduje. Descubrí a los demás sólo muy tarde.

-¿Y ahora por qué dedicas tanto tiempo a la gente?

-Porque no puedo evitarlo. Yo no sé hasta qué punto uno se conoce a sí mismo; muy poco, probablemente. Pero de lo que estoy convencido es de que si yo me hubiera quedado en Argentina y hubiera hecho una carrera equivalente a la que hice en Europa, después hubiera sido el mismo. Desde niño he tenido un sentimiento muy profundo de mi prójimo como persona. Lo que no tenía era el sentimiento de mi prójimo como colectividad, como historia -eso lo aprendí con los cubanos-; pero en el plan individual, la tristeza de alguien que está cerca de mí es como la tristeza de un animal, hago cualquier cosa por aliviar su pena. No puedo ver sufrir a un gato, a un perro; no lo acepto. Por tanto, un hombre, una mujer...

Ayudar a los demás no es pérdida de tiempo

-¿Y no tienes la sensación de pérdida de tiempo? Perdona, Julio, que insista en el tiempo, pero últimamente me obsesiona.

-Mira, he perdido tanto en mi vida que sería una hipocresía considerar que una acción, en el sentido de aliviar una situación de pena o enfermedad, pueda considerarla una pérdida de tiempo. De ninguna manera. No, no, no. Yo sé que hay cosas que me hacen perderlo. En París, por ejemplo, en este momento los problemas cotidianos de los chilenos, los argentinos, los uruguayos, que llegan expulsados, sin dinero, desconcertados, muchas veces sin conocer el idioma en un país que les parece hostil, porque todavía no tienen los contactos necesarios; entonces yo hago lo imposible por darles amigos, aclarar su situación, acompañarlos. Para mí eso no es pérdida de tiempo. Es igual que si estuviera escribiendo un libro.

-¿Sí?

-¡Claro! Es un libro que no se publicará, pero eso no tiene ninguna importancia.

-¡Ya estarás como Arturo de Córdova!

-¿Qué es eso?

-Es un actor yucateco, muy cursi, que concluía todos los diálogos de sus 28 mil 970 películas con una frase: "no tiene la menor importancia".

-Mira, Elena, yo carezco del reflejo del escritor profesional que, en general, es egoísta, aunque reconozco que hay que serlo en algunos casos. Cuando me encuentro trabajando en un cuento y estoy posesionado por la historia y por la forma en la que la voy resolviendo, en ese momento cierro mi puerta con doble llave y no atiendo a nadie. No contesto el teléfono. Pero antes y después, estoy lo más abierto posible.

-El lema de Guillermo Haro es: "perezcan los débiles y los fracasados y ayudémosles a desaparecer, y que éste sea nuestro primer principio de amor al prójimo".

-Oye, yo ya estoy bastante viejo para saber al cabo de 10 minutos de conversación con alguien si es un fracasado, un parásito o un profesional de la ayuda ajena, y estas especies las detecto rápidamente; desde la niña a quien le gustaría acostarse con el escritor famoso simplemente porque cree que esto la va a ayudar, o porque le gusta. Tengo suficientes antenas para comprenderlo, y con gente así no pierdo el tiempo, aunque soy lo bastante cortés para detectarlo en cinco minutos y no volver a verla. En cuanto a los débiles, no puedo responderte lo mismo, porque no tienen la culpa de serlo. Se puede ser débil por muchos motivos. Imagínate que un mecánico en Chile ha salido de su país, ha llegado a París. Ese hombre, en relación con la sociedad francesa a la que entra, es débil, aunque esté lleno de fuerza. Lo es porque se encuentra completamente desarmado: no conoce el francés, nadie le dará trabajo, va a tener problemas con los sindicatos. A esa persona la ayudo, porque no es un verdadero débil. Si tú le das un chance, lo conectas con un garage, si entra de mecánico y empieza a demostrar que sabe hacer el trabajo, en 15 días ese señor dejará de ser débil; es un hombre con sueldo, habitación y que empieza a vivir. ¿Cómo no hacer algo por él?

-Julio, ¿tu capacidad de trabajo sigue siendo tan grande? ¿Trabajas durante muchas horas?

-No, y a medida que va pasando el tiempo cada vez menos. Cuando empiezo un libro -hablemos de una novela, que es un trabajo más continuado- y tengo una necesidad imperiosa de escribirlo, tardo muchísimo en decidirme a empezarlo; doy vueltas como un perro alrededor de un tronco de árbol, a veces semanas y meses, hasta que, finalmente, la cosa empieza, es evidente, lo sé por experiencia, porque siempre me sucede lo mismo. El primer tercio del libro avanza a empujones; entro en una etapa de trabajo continuo y finalmente me olvido de comer y de dormir. Me acuerdo muy bien cuando escribí Rayuela; fue escrito en estado tal de posesión que no lograba alejarme de la mesa de trabajo.

Los premios siempre fue novela

-¿Y conservas esa misma capacidad de enloquecimiento?

-Sí, sí, fíjate que en El libro de Manuel escribí las últimas 50 o 60 páginas de un tirón, hasta el final; así, las escribí tomando mucho alcohol, completamente solo. De una sentada.

-¿Y para ti tomar mucho alcohol significa una botella de whisky diaria?

-No, de ninguna manera, significa tomar -bueno, si quieres precisión- seis whiskys, pero en mí no es una costumbre sistemática ni mucho menos.

-Según declaraste en alguna ocasión, Los premios empezó siendo un cuento. ¿Hiciste la novela a partir del cuento? ¿Te ha pasado lo mismo con alguna otra obra; construirla de una manera azarosa?

-¡Jamás he hecho esta declaración! Es absolutamente falsa. Si hay un libro que empezó como novela es Los premios, aunque de alguna manera está dicho en una pequeña nota que hay al principio o al final del libro. Hacía yo un viaje en barco desde Marsella hasta Buenos Aires -21 días en tercera clase, lo cual no era muy cómodo-; de todas maneras, mi mujer y yo teníamos una pequeña cabina y la gente que viajaba no era nada simpática. Tú sabes, es cuestión de azar; en algunos viajes uno es muy feliz porque encuentra cuatro o cinco personas con las que se entiende, pero ahí no había realmente nadie. Entonces mi mujer se dedicaba a leer y a tomar el sol en el puente, y yo tuve ganas de escribir esa novela que venía rondando y el momento era perfecto, porque era una cabina solitaria, tenía una máquina de escribir portátil, y empecé. Creo que al llegar a Buenos Aires había escrito algo así como 100 páginas.

Revolución personal

-Tu idea de la revolución, Julio, es singular, porque siempre te has manifestado por la revolución individual, la que empieza por uno mismo, desde dentro, y obviamente estás personalizando, lo cual resulta inaceptable para los partidos comunistas tradicionales. Has manifestado en varias ocasiones que el hombre debe nacer nuevamente y que la revolución debe dar a luz a un nuevo hombre, ¿o no?

-¡Claro! Lo que yo creo, y busqué decir en El libro de Manuel, es que mi sentimiento de una revolución socialista, como la entiendo para América Latina, comporta un doble proceso no consecutivo, sino simultáneo.

''Hay quienes piensan que por lo pronto hay que hacer la revolución -es decir, acabar con el imperialismo yanqui, los gorilas, los militares, tomar el poder e implantar el socialismo en el país-, y ya después habrá tiempo para iniciar los planes de cultura, el perfeccionamiento humano.

''Desconfío. Creo que si en el ánimo de esos revolucionarios no existe el deseo de que simultáneamente se le pida a cada individuo que dé lo mejor de sí mismo, que se busque a sí mismo, se explore, haga su autocrítica, que no vaya a la revolución lleno de prejuicios, sino que ésta sea una manera de despojarse de sus ropas viejas, esta revolución fracasará.

''En el fondo, esta visión del hombre nuevo era idea del Che. No es una idea abstracta o teórica para un futuro lejano, sino que tiene que darse simultáneamente. Para decirlo con una imagen: siempre he sostenido que hay que hacer la revolución de afuera hacia adentro y de adentro hacia fuera en todos los planos...

(Cuando a Cortázar le interesaba subrayar algo levantaba la voz y separaba cada una de las sílabas, recordando sin duda sus tiempos de maestro.)

''Hay que acabar con nuestros enemigos, pero también con los enemigos internos que cada uno lleva. Fíjate lo que sucede con una revolución socialista. Después de una tarea infinita, del sufrimiento monstruoso de gente heroica que se ha hecho matar, se llega al poder y simplemente porque cuatro o cinco o seis dirigentes no han hecho su autocrítica, se instala en el poder, por ejemplo, un puritanismo de las costumbres -digamos desde el punto de vista sexual- casi victoriano. Eso no lo acepto, porque me parece una revolución fracasada. El hombre va a seguir siendo prisionero de sus tabúes, sus inhibiciones, sus imposibilidades. ¿Para qué diablos le sirve el socialismo? Para nada.''

-Pero Julio, ¿acaso en Rusia no hay puritanismo?

-Rusia no, Unión Soviética.

-No sé por qué he seguido diciendo Rusia y San Petersburgo.

-Elena, claro que hay puritanismo, por eso estoy lleno de crítica respecto de la situación actual de la Unión Soviética. Estoy muy lejos de aprobarla en su conjunto. Si esta pregunta me la hubieras hecho en 1930 -cosa históricamente imposible- te hubiera respondido: ''Rusia -ahora sí, Rusia- sale de sus tinieblas medievales, de ese zarismo en que el mujik era una especie de animal mandado a latigazos, un analfabeta total con todos lo prejuicios concebibles. En 10 años no se puede pedir milagros". De la misma manera que tampoco a los cubanos se les podía pedir que a los tres o cinco o siete años de revolución, Cuba fuese el paraíso. No lo es, y ellos son los primeros en saberlo y saben que hay mucho qué combatir.

''Pienso que el trabajo del intelectual es estar en primera fila en ese combate, es decir, no dejar que se duerma esa especie de sentimiento de que todos los días hay que dar la batalla, que todos los días, al levantarse un individuo que se cree revolucionario, debe preguntarse: 'Bueno -para citarte un ejemplo-, ¿pero es que yo tengo derecho a proceder así con mi mujer? ¿Tengo derecho a hacer esta discriminación? ¿Tengo derecho a aplicar ideas que ya están muertas, contra las cuales he luchado, por las cuales he sufrido? ¿Para qué sirve el triunfo de la revolución?' ¡Así no sirve, Elena! No sé si me explico.''

-¡La Revolución Mexicana nada hizo por las mujeres, salvo preñarlas como escopetas de retrocarga, lo cual en cierta forma ayudó, ya que murieron un millón de mexicanos! Pero nada cambió. Incluso ahora. He asistido a algunas reuniones del PC en la que participan hombres y mujeres y los hombres ordenan: Compañeras, háganse un cafecito. 'Compañeras, agénciense unas tortas, o sea, que devuelven a la mujer a su papel inicial. En Cuba, por una película posrevolucionaria, Lucía, vi que también es la mujer la que le sirve la cena al marido.

-Lo sé y el primero en darse cuenta ha sido el propio Fidel Castro. El y todos sus compañeros de insurgencia vieron que la mujer, que había luchado heroicamente en la Sierra Maestra -y Fidel conoce bien sus nombres-, en el momento de ocupar los puestos importantes y dirigir al país quedaron marginadas, y en el plano privado, en cada casa volvieron a la cocina. Este es un problema de educación y creo que Cuba está luchando en ese sentido y en pocos años el problema quedará liquidado, porque tu sabes bien cómo son inteligentes los cubanos y cómo están politizados.

''En la actualidad la mujer cubana es perfectamente capaz de discutir mano a mano con cualquier hombre. Si tu viste Lucía, película destinada a los guajiros y que se exhibió en los pueblecitos y en los campamentos donde la gente ha sido alfabetizada hace muy pocos años, el grado de maduración es lento. La película lucha contra el machismo, que es una de las plagas de América Latina.

''Aquí en México, en Cuba, en Argentina, en Perú, en todos lados, somos los grandes machos y las mujeres están cosificadas implícita o explícitamente y dejadas a un lado en el sentido que tú lo señalabas, Elena: 'haz un café'. La mujer hace el café, prepara los frijoles mientras el señor fuma su tabaco y platica de política con sus amigos. Bueno, pues esto no puede ser. ¡Está bien que las mujeres hagan los frijoles, porque ustedes los hacen mejor que nosotros, pero eso no impide que los hombres los hagan también y laven después los platos en que los han comido! No sólo pueden, sino que deben.

''En una sociedad socialista: hombre y mujer tienen que ser realmente la pareja, no la despareja. La película Lucía provocó en Cuba -lo supe por amigos cubanos- reacciones muy curiosas, porque este episodio del marido celoso que encierra a su mujer y no la deja hacer nada, fue bien comprendido en la ciudad y todo mundo tomó partido por la chica; pero sé que en algunas regiones del campo, el público tomaba partido por el marido e incluso las mujeres alegaron: 'Sí, sí, él tiene razón, la mujer debe quedarse en casa. ¿Para qué va aprender a escribir?' ¡Así es que fíjate el trabajo que queda por delante!

Ayudar a Cuba es criticar su sistema social fraternalmente

-En alguna ocasión Elena Garro exclamó levemente indignada: ''¡Antes, cuando un hombre tenía una amante, le regalaba diamantes. Ahora, le busca empleo en alguna oficina de gobierno!" Julio, para cerrar el capítulo de Cuba quisiera que nos dijeras por qué firmaste con una serie de intelectuales una protesta en el caso del poeta Heberto Padilla, para escribir después una carta de amor en la que llamas a Cuba ''lagartijita" y le rascas la nuca.

-Caimancito, no lagartijita. En dos palabras, es una historia muy vieja que ya no tiene ningún interés porque se solucionó perfectamente a pesar de la opinión de los reaccionarios que se imaginaban que a Padilla lo iban a fusilar de un día para otro, cuando él está viviendo como uno de nosotros; pero lo que no hay que olvidar es que hubo dos episodios vinculados con Padilla: dos. Antes hubo un problema con la publicación de un libro suyo que suscitó nuestras críticas y que a mí me tocó aclarar con mis compañeros cubanos: el derecho del artista a decir su palabra dentro del contexto de la Revolución Cubana.

''Después se produjo el episodio definitivo -déjalo bien asentado-: lo que yo firmé fue una carta muy breve en donde le pedíamos al comandante Fidel Castro que tuviera la gentileza de darnos información acerca de lo que estaba sucediendo con Padilla en Cuba, porque en Europa sólo sabíamos que estaba preso, y eso nos inquietaba y nos parecía excesivo ante lo que no pasaba de ser un problema intelectual. Esta fue nuestra primera carta.

''La segunda carta que yo no firmé -y esto, Elena, quiero que los subrayes- fue insolente, malévola y paternalista, en la que los europeos, y mucho latinoamericanos pretendían darle lecciones a Fidel Castro, decirle 'usted tiene que hacer esto y no tiene que hacer lo otro', como si fuera un niño. Esta carta explicó muy bien la reacción tan violenta del gobierno cubano, y aquel famoso discurso de Fidel en que hubo una ruptura con todos los intelectuales europeos y latinoamericanos que habían estado viajando constantemente a Cuba.

''En lo personal sigo defendiendo de A a Z la posición que tuve en ese momento. Sé que esta declaración no agradará a muchos compañeros cubanos que preferirían una mayor flexibilidad, pero sigo creyendo que la única manera de ayudar a Cuba es haciéndolo críticamente, fraternalmente, pero sin caer en maniqueísmos o en posiciones extremas. Yo no lamento lo que sucedió, me creó problemas sentimentales, vi alejarse a muchos amigos cubanos y no cubanos, asistí a una oleada de pequeñas venganzas de resentidos que aprovecharon la oportunidad para declarar su fidelidad incondicional al régimen cubano, como si mis amigos y yo, al tener una actitud crítica, fuésemos traidores; y, finalmente, me consta que los dirigentes cubanos terminaron por ver la situación con mucha claridad.

''La mejor prueba de ello es ese texto, al que tu aludes, que es un poema escrito en un ataque de desesperación y de amor a Cuba, que se llama: Policrítica a la hora de los chacales, que se publicó en la Revista de la Casa de las Américas, en La Habana. Además no hay que personalizar, no se trata de mí sino de mi actitud intelectual que apoya a Cuba, pero no incondicionalmente. Yo no apoyo nada de esta forma porque las revoluciones están hechas por hombres y sujetas a críticas, equivocaciones, titubeos. Yo no soy nadie para dar soluciones y nunca las he dado, pero sí puedo señalar disconformismos y posiciones... Oye, me haces hablar demasiado.''

(La entrevista fue larga y se reanudó la última vez en el departamento de su amigo Daniel Waskman, en la avenida Amsterdam. Recuerdo una cena en el restaurante Bellinghausen, con Octavio Paz; un encuentro en Coyoacán, con Bárbara Jacobs, Tito Monterroso, Guillermo Schavelzon, editor de Cortázar; recuerdo una conversación entre Italo Calvino, su amigo, y él, ambos cálidos y deslumbrantes; recuerdo cómo Beatriz Ballina le tendió su libro Rayuela y él le dijo: ''Da gusto firmar un libro tan leído". Ahora sé que el compromiso político y el arte narrativo de Julio Cortázar eran parte de su vida así como la altura y la sonrisa conformaban su aspecto humano. Nunca se mostró distante, nunca hubo una barrera entre él y sus lectores, al contrario, respondió todas las cartas y repartió los abrazos que todavía hoy sentimos como un apoyo inmerecido. Ningún escritor con mayor capacidad de entrega que Julio Cortázar.)

* Elena Poniatowska es escritora mexicana, con mas de 30 libros publicados desde 1954. Un año antes se inició en el periodismo y en 1978 se convirtió en la primera mujer que ganó el Premio Nacional de Periodismo. Becaria de la Fundación Guggenheim (1994), doctora honoris causa por la Columbia University of New York (1994) y por la Florida Atlantic University (1995). Recibió la medalla Gabriela Mistral en 1995 y es ganadora del premio Alfaguara 2002 por la novela La piel del cielo.
Esta entrevista se publicó en el diario La Jornada

Fuente: http://antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=1210