Panpsiquismo


El “problema duro” de la filosofía de la mente es una gran incógnita: ¿Cómo “produce” el cerebro conciencia? Sabemos, cada vez con más precisión, qué parte del cerebro “se enciende” correlativamente a cuando pensamos, sentimos, imaginamos, etc. Sin embargo, no sabemos qué “propiedades” tienen esas complejas redes neuronales para causar conciencia. ¿Qué puede tener un conjunto de moléculas y procesos electro-químicos para producir nuestra subjetividad? Los neurólogos confían en que cuando sepamos más, esta incógnita acabará por aclararse, mientras que otros afirman que, por mucho que sepamos del funcionamiento físico del cerebro, jamás sabremos nada de esa supuesta causación porque quizá, realmente, no la haya. Éstos, habitualmente dualistas, sustentan esta idea en que, si en el cerebro ocurren fenómenos físicos similares, ¿por qué unos crean consciencia y otros no? Ciertamente, si todo son neuronas lanzando descargas eléctricas que desembocan en procesos químicos, ¿por qué unas neuronas han de crear consciencia y otras no? Nadie tiene una respuesta convincente. Incluso algunos niegan la existencia de tal consciencia, achacando a que creemos poseerla debido a un mal uso del lenguaje, a haber heredado el vicio cartesiano de creer que tenemos un cogito cuando verdaderamente no lo tenemos.

Una respuesta curiosa y algo desconcertante es la del panpsiquismo. En su versión contemporánea diría que todas las estructuras, neurales de una determinada complejidad (y cualquier emulación no biológica de las mismas) generan consciencia. Si a esto le añadimos la idea de que la consciencia puede darse gradualmente, cualquier artefacto lo suficientemente complejo podría tener algo de consciencia. ¿Mi tostador podría tener una microconsciencia? El problema está en que nunca lo sabré (o de momento dado el estado actual de la ciencia) ya que no habría modo de comprobar si el tostador tiene estados internos más que comunicándome con él y, que yo sepa, los tostadores no hablan (Y ni aunque lo hicieran: es lo que llamamos solipsismo).  Por regla general, cualquier teoría sobre la consciencia tiene el problema de no ser falsable.
Pero apliquemos esta teoría a nuestro cerebro. Si toda estructura  neural lo suficientemente compleja crea consciencia, nuestro cerebro no sólo crearía una, sino que crearía muchas. Cada circuito de neuronas autónomo tendría una conciencia propia ¡Muchos seres conscientes habitarían en mi cerebro! Sigamos imaginando. Una de las facultades que caracterizan mi consciencia es la atención. Puedo centralizar mi consciencia en un fenómeno, dejando otros desatendidos. Por ejemplo, puedo focalizar mi mente en el tacto de las teclas del ordenador, olvidando por completo el tacto del calcetín dentro de mi zapato. ¿No podría ser que mi facultad de la atención no fuera más que un apropiarse temporalmente de cada una de las múltiples conciencias que habitan en mi cerebro? Es decir, existen muchas consciencias pero yo sólo puedo “estar” en una de ellas a la vez (no soy omnisciente en mi cuerpo). Mientras yo no “estoy” cada una de ellas sigue siendo consciente, sólo que yo no me doy cuenta de ello (ya que “estaría” en otra consciencia). Mi atención sería una usurpadora de consciencias autónomas y mi “yo” no sería más que aquello que pasa de una consciencia a otra, el punto de mira. Reconozco que el planteamiento es fantasioso, pero soluciona la pregunta de por qué unas estructuras neuronales crean conciencia y otras no, y es una forma de explicar nuestra facultad de atención.
Desde mi punto de vista, una determinada estructura muy compleja puede crear conciencia, no debido a su complejidad (ya que la complejidad por si sola no puede causar nada. La complejidad sería sólo una condición de posibilidad) sino por causas que aún ignoramos, es decir, que no tenemos ni idea de qué tipo de estructura estamos hablando. Sin embargo, dudo mucho que seres inertes la posean, lo que incluye tanto a una piedra como un supercomputador (pienso que podrán generar consciencia, pero aún no lo han conseguido. Deep Blue es tan inconsciente como mi tostador). Sólo determinados tipos de seres vivos muy evolucionados la poseen (creo que gran parte de ellos, aunque reconozco que únicamente  puedo justificarlo por analogía con lo humano: cuanto más parecido, más consciencia). Desgraciadamente (o afortunadamente), la mayor parte de lo que existe sigue siendo inconsciente. No tengamos miedo de tirar  a la basura nuestro tostador, no se quejará.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Uno de los posts más interesantes de la semana en uno de los mejores blogs que encontré este año. Muchas gracias!