Steven Pinker: la teoría del nicho cognitivo 
 
 
Steven Pinker, un conocido psicólogo cognitivo de Harvard y autor de distintos trabajos de divulgación científica, acaba de publicar en PNAS un trabajo de síntesis sobre la teoría del "nicho cognitivo". Como se explica en el principio y en la conclusión del artículo, la teoría intenta ofrecer un marco conceptual evolucionista para justificar el origen de la mente humana como un rasgo más de la selección natural. En este sentido, supone una crítica frontal, por no decir que un coup de grâce al agónico antinaturalismo que en su día representó, frente a Darwin, Alfred Russel Wallace: "La selección natural sólo podría haber dotado al hombre salvaje de un cerebro en mínimo grado superior al de un mono, mientras que por el contrario posee uno que es poco inferior al de un filósofo."

Este "nicho cognitivo" a la vez construído y explotado por los seres humanos capaces de emplear el razonamiento abstracto y las interacciones sociales complejas serviría para explicar la evolución de rasgos muy inusuales pero universales en la cultura humana: 1) El saber tecnológico que nos permite construir herramientas y al que subyacería un razonamiento intuitivo en dominios como la física, la geometría y la biología; 2) La cooperación entre no familares, que supone la evolución de adaptaciones cognitivas bastante complejas para hacer posible diversos tipos de asociaciones, alianzas, coaliciones y relaciones comerciales basadas en el mutualismo y en la reciprocidad fuerte 3) El lenguaje gramatical, que nos permite transmitir información valiosa de forma indefinida y 4) Otros rasgos humanos "extremos", como la extensión de la infancia y la multitudinaria división humana en culturas y tradiciones diferentes.

Según Pinker, es muy poco probable que estos rasgos evolucionasen de forma misteriosa o apelando a "macromutaciones" que aparentemente violan el gradualismo evolutivo. Tampoco sería útil apelar a genes especiales (desde el "gen del altruísmo" al "gen de Dios"), sino más bien a conjuntos de genes que podríamos identificar sobre todo fijándonos en sus versiones defectuosas (expresados en desórdenes del lenguaje, del comportamiento social o del aprendizaje) y comparándolas a su vez con las versiones presentes en otras especies. En lugar de comprometernos con ideas casi místicas sobre el "comportamiento simbólico" del ser humano, la idea del nicho cognitivo implica la preexistencia mecanismos que han evolucionado en los linajes humanos desde un tiempo ancestral, ayudadando a resolver la aparente paradoja de Wallace:

Las presiones selectivas que invoca la teoría son directas y no dependen de un comportamiento muy específico (como emplear armas proyectiles), o de un medioambiente concreto (por ejemplo, de un cambio particular en el clima), ninguno de los cuales es posible que sustituyera a los millones de años que requirió la evolución de los grandes cerebros humanos y de sus complejas herramientas. En su lugar, invoca las intrínsecas ventajas del saber-hacer, la cooperación y la comunicación que sin duda reconocemos en el mundo contemporáneo. La ciencia y la tecnología, las organizaciones (tales como corporaciones, universidades, ejércitos y gobiernos), y los medios de comunicación (tales como la prensa, el correo, los teléfonos, la televisión, la radio e internet) son el resultado respectivo del ejercicio de la cognición, la socialidad y el lenguaje que de modo conjunto hacen posible alcanzar unos resultados imposibles sin ellos. La teoría del nicho cognitivo simplemente extrapola estas ventajas más atrás en tiempo y escala.

La ciencia, la filosofía, el derecho, el gobierno o la música, los rasgos que asombraban a Wallace, no son "naturales" en el sentido de que sean fáciles de desarrollar por los seres humanos, pero tendrían lugar sobre las bases del conocimiento intuitivo y de la cognición social ancestral, un supuesto que ayuda a explicar sesgos nocivos en el mundo desarrollado que sin embargo pudieron ser ventajosos para los primeros seres humanos (como la "corrupción" política basada en favorecer a los familiares, o el fanatismo religioso basado en deshumanizar a los individuos de otros grupos).
 

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