Cápsulas del tiempo: Mensaje al futuro

Una cápsula del tiempo es un recipiente hermético construido con el fin de guardar mensajes y objetos destinados a las generaciones futuras. Si bien se las denomina de esta manera desde 1937, el concepto es muy antiguo y existen pruebas de cápsulas de este tipo que datan de la época de los primeros asentamientos humanos en Mesopotamia. En todo el mundo -se estima- existen más de 10.000 de estos objetos. Pero, ¿lograrán perdurar en el tiempo y ser abiertas por sus destinatarios? 

Desde hace siglos, la humanidad ha preparado y preservado celosamente mensajes para el futuro. Las llamadas “cápsulas del tiempo” no son otra cosa que recipientes herméticos en los que las personas de una época  almacenan mensajes y objetos con la esperanza de que sean recuperados por otras en el futuro. Algunas se entierran, otras se colocan en monumentos e incluso algunas se lanzan al espacio. El plazo previsto para su apertura puede ser tan corto como una o dos décadas o tan largo como 50.000 años. Y, a pesar de lo que pueda parecer, no se trata de una práctica reciente. De hecho, el Poema de Gilgamesh, considerada la primera obra literaria de la humanidad, posee instrucciones para encontrar una caja de cobre oculta entre los cimientos de las murallas de Uruk. También se sabe de la existencia de otras cápsulas del tiempo creadas hace unos 5000 años, con forma de cofre y escondidas en el interior de los muros de las ciudades mesopotámicas. Uno de los primeros mensajes guardados especialmente para el futuro que se conocen data del siglo VII antes de Cristo. Su autor fue un rey de Asiria, quien enterró inscripciones cuneiformes hechas sobre piedra en los cimientos de sus principales construcciones. Una de ellas dice algo así como “tenía monumentos de bronce e inscripciones de arcilla cocida, los deposité en los fundamentos y los dejé para tiempos futuros.” También suele ocurrir que la casualidad o una catástrofe natural como la erupción de un volcán hace que se generen cápsulas del tiempo de forma accidental. Algo así ocurrió con las ruinas de la antigua ciudad de Pompeya.

Este cilindro será abierto en 2096.
En general, las cápsulas del tiempo se suelen clasificar según dos criterios: puede ser intencionadas o no, y pueden estar diseñadas para ser abiertas en una fecha determinada o no, lo que origina cuatro tipos diferentes. En 1937, durante los preparativos de lo que sería la Exposición Universal de Nueva York de 1939, surgió la idea de enterrar una “bomba del tiempo” que debería ser abierta 5000 años más tarde, en 6939. Por obvias razones de márketing, se le cambió el nombre a “cápsula del tiempo”, término que fue adoptado para los más de 10 mil emprendimientos de este tipo realizados más tarde en todo el mundo. Finalmente, la cápsula de Nueva York fue construida por Westinghouse. Medía 2.28 metros de diámetro, pesaba más de 360 kilogramos y tenía un diámetro interior de sólo 16 centímetros. En su construcción se utilizó una aleación de níquel y plata, creada por la misma Westinghouse, que es más dura que el acero y se denomina Cupaloy. Dentro del receptáculo se guardaron objetos de uso cotidiano, como una bobina de hilo y una muñeca, y otros diversos como un frasco con semillas,  un microscopio, bobinas de películas (incluido un noticiario de RKO Pathe Pictures de 15 minutos de duración), diccionarios, almanaques y otros textos. En 1965 se enterró -también a 16 metros de profundidad- una segunda cápsula gemela de la primera. Ubicada a unos diez metros al norte de la original, debería ser abierta en 6965.

El satélite KEO que será lanzada en 2011 volverá dentro de 50.000 años.
En el fondo, cada una de estas cápsulas temporales son una apuesta al futuro. Sus constructores tienen la esperanza de que dentro de algunos siglos habrá alguien aquí para abrirlas y maravillarse con su contenido. Pero algunas cápsulas son aún mucho más ambiciosas. Las dos sondas Voyager lanzadas por la NASA en 1977, que llevan abordo sendos discos de oro con información sobre nuestro planeta y nosotros mismos, pueden ser consideradas cápsulas del tiempo destinadas a ser abiertas en un futuro lejano por ET y sus amigos. En este mismo momento se está trabajando para recopilar mensajes y poner a punto una cápsula espacial -el satélite KEO- que será lanzada en 2011 en un cohete rumbo a una órbita de 1800 km de altura. Se trata de una esfera hueca, de 80 centímetros diámetro, que tiene grabado un mapa de la tierra. Está recubierta por una capa de aluminio, una capa térmica y varias “cáscaras” de titanio y otros materiales pesados intercalados con espacio vacío. Es resistente a las radiaciones cósmicas y capaz de soportar la reentrada a la atmósfera. Lo interesante de KEO es que su órbita está calculada para que vuelva a la Tierra y reingrese a la atmósfera dentro de 500 siglos, la misma cantidad de tiempo que ha transcurrido desde que los primeros seres humanos se divertían haciendo monigotes en las paredes de las cavernas.

Contenido de la caja de 1835 descubierta cerca de la Plaza de las Cortes.
En las ultimas décadas se han creado miles de cápsulas del tiempo. Dado que algunas se construyen para ser abiertas nuevamente dentro de siglos, existe el riesgo de que su ubicación (o incluso su misma existencia) sea olvidada, por lo que se ha creado una organización, la  Sociedad Internacional de las Cápsulas del Tiempo, con el fin de mantener una base de datos mundial con los datos de todas existentes. Otro problema que se plantea es la elección del soporte empleado para almacenar los datos destinados a los humanos del futuro. No podemos estar seguros que dentro de 20 siglos haya por ahí un lector de CD disponible para reproducir las canciones que hoy guardamos para ellos, o que puedan acceder a los datos guardados dentro de una memoria electrónica. Muchas veces se ha apostado al papel como soporte, como ha ocurrido con el contenido de la caja de cobre de 1835 descubierta en 2009, cerca de la Plaza de las Cortes de Madrid. En su interior había cuatro tomos del Quijote del año 1819, un libro de la vida de Miguel de Cervantes y otras publicaciones impresas. Otra alternativa -como se ha hecho en varios casos- es incluir un reproductor capaz de leer el soporte empleado, o las instrucciones para fabricarlo.

De acuerdo con el historiador William Jarvis, considerado un experto en cápsulas del tiempo, la inmensa mayoría de estos artefactos contienen elementos de muy poco valor para los historiadores futuros. En general, dice Jarvis, se las rellena con “basura inútil” sin usar, cosas que aportan muy poca información sobre la gente de la época. Las “cápsulas del tiempo naturales”, en cambio, tales como las ruinas de Pompeya, contienen una gran cantidad y diversidad de objetos de uso cotidiano, comida en las chimeneas e incluso restos de personas atrapadas en las cenizas volcánicas que muestran cómo vivían. En ese sentido, las cápsulas del tiempo naturales son mucho más ilustrativas que las artificiales. Si bien la inclusión de material abundante en forma de bits (fotografías, vídeos, etc.) es una forma de paliar esta situación, lo cierto es que su corta vida útil -el deterioro de los medios de almacenamiento electromagnéticos se puede medir en décadas, mientras que la cápsula puede durar siglos- y la mencionada obsolescencia de la tecnología hacen que estos datos difícilmente sean recuperados.

Si, Nikelodeon también tiene -desde 1992- su propia cápsula del tiempo.
Como sea, y a pesar del empeño puesto a lo largo del último siglo en legar elementos cotidianos o  obras de diferentes calidades artísticas a nuestros descendientes, parece ser que la posibilidad real de alcanzar la posteridad de manera efectiva es mucho más difícil de lo que parece a primera vista. En el fondo, las cápsulas del tiempo no son otra cosa que una muestra de la ambición de trascendencia que forma parte del género humano. Independientemente de su efectividad, proporcionan una interesante oportunidad para reflexionar sobre el tiempo, la desaparición de las cosas, culturas completas incluidas, por lo que seguramente las seguiremos construyendo. ¿No crees?

Fuente: http://www.neoteo.com/capsulas-del-tiempo-mensajes-al-futuro.neo

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