Formas de vida simples pueden ser comunes en nuestra galaxia


Un equipo internacional de astrónomos ha descubierto pruebas concluyentes de que los planetas rocosos -como la Tierra- son comunes en nuestra galaxia.

Un científico de la Universidad de Leicester, el doctor Jay Farihi, investigó las enanas blancas, los restos compactos de estrellas que alguna vez fueron como nuestro Sol, y descubrió que muestran muchos signos de contaminación por elementos más pesados y, posiblemente, incluso el agua, lo que mejora las perspectivas de vida extraterrestre.

El doctor Farihi presentó sus resultados en el National Astronomy Meeting británico, celebrado en Glasgow. Las enanas blancas son el punto final de la evolución estelar para más del 90 por ciento de todas las estrellas de la Vía Láctea, incluyendo nuestro sol. Debido a que deben tener atmósferas puras de hidrógeno o de helio, en caso de que se en encuentren elementos más pesados (en astronomía se describen como 'metale', ejemplos como el calcio, magnesio y hierro), éstos deben ser contaminantes externos. Durante décadas, se creía que el medio interestelar, el tenue gas entre las estrellas, era la fuente de los metales que contaminan enanas blancas.

Farihi y su equipo utilizaron datos del Sloan Digital Sky Survey (SDSS), un proyecto que tiene como objetivo inspeccionar el cielo en luz infrarroja, con imágenes de más de 100 millones de objetos y el seguimiento de 1 millón de éstos mediante la obtención de su espectro (la dispersión de la luz por color).

Al examinar las posiciones, los movimientos y los espectros de las enanas blancas identificadas en el SDSS, Farihi y su equipo han demostrado que ésto ya no es una teoría viable. En su lugar, es casis eguro que el culpable en la mayoría o todos los casos sean restos planetarios rocosos.

El nuevo trabajo indica que al menos el 3% y quizás hasta en un 20% de todas las enanas blancas están contaminados de esta manera, con los restos de planetas rocosos menores, con una masa total de alrededor de un diámetro de un asteroide de 140 kilómetros.

Esto implica que una proporción similar de estrellas como nuestro Sol, así como las estrellas que son un poco más masivas, como Vega y Fomalhaut, construyen sistemas planetarios terrestres. Los astrónomos están desempeñando así el papel de los arqueólogos celestes mediante el estudio de las ruinas de planetas rocosos y/o sus componentes básicos.

Los científicos también midieron la composición de los desechos contaminantes del planeta a través de su firma química, que se destaca en las atmósferas puras de las enanas blancas.

Parece que una fracción significativa de estas estrellas están contaminadas con el material que contenía el agua, hecho con implicaciones importantes para la frecuencia de planetas habitables alrededor de otras estrellas. Si el agua interior está presente en una fracción sustancial de asteroides alrededor de otras estrellas, como los que contaminaron las enanas blancas, es concebible que al menos la vida simple pueda ser común en toda la galaxia.

El doctor Farihi comenta: "En nuestro propio Sistema Solar con al menos un planeta con agua y habitable, el cinturón de asteroides -los bloques de construcción sobrantes de los planetas terrestres- poseen varios un porcentaje de su masa en forma de agua. De nuestro estudio de las enanas blancas, parece que hay similitudes entre los objetos básicos que se encuentran de asteroides alrededor de otras estrellas; por lo tanto es probable que una fracción de estas enanas blancas una vez albergó planetas acuosos, y la vida posiblemente".

Fuente: http://www.ecuadorciencia.org/noticias.asp?id=9050&fc=20100427

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