Dentro de cualquier universo posible,

ningún intelecto puede conocerlo todo

Escrito por Kanijo

Una teoría matemática coloca límites a cuánto puede conocer una entidad física sobre el pasado, presente o futuro.

En las profundidades de la avalancha de conocimiento que se vertió desde la ciencia en el siglo XX se encontraron férreos límites a lo que podemos conocer. Werner Heisenberg descubrió que mejorando la precisión en relación a, digamos, la posición de un objeto, inevitablemente degradamos el nivel de certidumbre de su momento. Kurt Gödel demostró que dentro de cualquier sistema matemático formal lo suficientemente avanzado como para ser útil, es imposible usar el sistema para demostrar cada afirmación cierta que contiene. Y Alan Turing demostró que no se puede, en general, determinar si un algoritmo de ordenador se detendrá.

David H. Wolpert, un científico de la computación con formación en física en el Centro de Investigación Ames de la NASA, ha aparecido con su versión de límite al conocimiento. Debido a esto, concluye, el universo está más allá de lo que puede abarcar cualquier intelecto, no importa lo poderoso que sea, que exista dentro de ese universo. Específicamente, durante los últimos dos años, ha estado refinando una prueba sobre que sin importar qué leyes de la física gobiernen un universo, existen inevitablemente hechos sobre el universo que sus habitantes no pueden conocer, ya sea por experimentación o predicción a través del cálculo. Philippe M. Binder, físico en la Universidad de Hawai en Hilo, sugiere que la teoría implica que los investigadores que buscan leyes unificadas puede que no tengan una esperanza mejor que una “teoría de casi todo”.

El trabajo de Wolpert es un esfuerzo por crear una descripción formal rigurosa de procesos tales como medir una cantidad, observar un fenómeno, predecir el estado futuro de un sistema o recordar información pasada — una descripción que es lo bastante general para ser independiente de las leyes de la física. Observa que todos esos procesos comparten una estructura básica común: algo debe ser configurado (ya sea un aparato experimental o un computador ejecutando una simulación); debe especificarse una cuestión sobre el universo; y debe suministrarse una respuesta (correcta o incorrecta). Modela tal estructura general definiendo una clase de entidades matemáticas a las que llama dispositivos de inferencia.

Los dispositivos de inferencia actúan en un conjunto de posibles universos. Por ejemplo, nuestro universo, lo que significa toda la línea de nuestro universo a lo largo del espacio y el tiempo, podría ser miembro del conjunto de todos los universos posibles permitidos por las mismas reglas que gobiernan el nuestro. No se necesita especificar nada sobre esas reglas en el análisis de Wolpert. Todo lo importante es que distintos dispositivos de inferencia posibles suministran respuestas a preguntas en cada universo. En un universo similar al nuestro, un dispositivo de inferencia puede implicar un conjunto de básculas digitales sobre las que estarás mañana por la tarde de pie y la cuestión relativa a tu masa en ese momento. La gente puede también ser dispositivos de inferencia, o partes de uno.

Wolpert demuestra que en tal sistema de universos, existen cantidades que no pueden ser establecidas por ningún dispositivo de inferencia dentro del sistema. De esta forma, el “demonio” teorizado por Pierre-Simon Laplace a principios del siglo XIX (si das al demonio la posición exacta y velocidad de cada partículas del universo, calculará el futuro estado del universo) queda bloqueado si el demonio debe ser parte del universo.

Los investigadores han demostrado resultados sobre la incomputabilidad de sistemas físicos específicos antes. Wolpert señala que su resultado es mucho más general, ya que virtualmente no hace suposiciones sobre las leyes de la física y no requiere límites a la potencial de cálculo del dispositivo de inferencia aparte de que debe existir dentro del universo en cuestión. Además, el resultado se aplica no sólo a predicciones sobre el estado futuro de un sistema físico, sino también a observaciones de un estado actual y el examen de un registro de un estado anterior.

La prueba del teorema, similar al resultado del Teorema de Incompletitud de Gödel y del Problema de la Parada de Turing, subyace en una variante de la paradoja del mentiroso — pídele al demonio de Laplace que prediga el siguiente hecho sí/no sobre el futuro estado del universo: “¿No será el universo uno en el que la respuesta a tu pregunta sea sí?” Para el demonio, buscar una respuesta sí/no es como intentar determinar la certeza de “Esta frase es falsa”. Saber el estado actual exacto de todo el universo, conocer todas las leyes que gobiernan el universo y tener una potencia de cálculo ilimitada no es de ayuda para que el demonio diga sinceramente cuál será la respuesta.

En cierto sentido, no obstante, la existencia de tal paradoja no es exactamente algo trascendental. Como dice Scott Aaronson, científico computacional en el Instituto Tecnológico de Massachusetts: “El que tus predicciones sobre el universo están fundamentalmente restringidas debido a que tú mismo eres parte del universo que predices, siempre me ha parecido algo bastante obvio — y dudo que el propio Laplace dijera otra cosa distinta si le pudiésemos preguntar”. Aaronson concede, no obstante, que “a menudo es un ejercicio útil explicar en detalle todas las suposiciones que hay tras una idea, recopilarlo todo en una notación formal y pensar en todas las implicaciones en detalle”, como Wolpert ha realizado. Después de todo, el diablo, o demonio, está en los detalles.

Fuente: http://www.cienciakanija.com/2009/02/25/dentro-de-cualquier-universo-posible-ningun-intelecto-puede-conocerlo-todo/

El prestigio de la ciencia es tal que todo el mundo quiere tenerla de su lado. La ciencia es un árbitro fiable de los hechos para la mayoría de nosotros, al menos cuando conduce a cuestiones empíricas en las que es posible mostrar la evidencia. Por ello no es asombroso que intenten reclutar la ciencia para su bando incluso aquellos con convicciones sobre la naturaleza de las cosas patentemente basadas en la fe. Los ejemplos obvios son los creacionistas abogando por un diseño inteligente que sostiene que la ciencia, si es propiamente conducida, proporcionaría apoyo a sus hipótesis sobrenaturales (ver aquí). El argumento pasa entonces a ocuparse de la naturaleza misma de la ciencia: ¿posee esta métodos y suposiciones canónicas? ¿Cuáles son estas, y se sienten algunos científicos culpables por permitir que su visión del mundo se entrometa en una buena práctica científica? Si la ciencia tal y como es conducida comúnmente no apoya tu metafísica, entonces la tentanción tal vez consista en afirmar que la mayoría de los científicos son culpables de malversación.

La controversia sobre el diseño inteligente constituye quizás el mayor frente de las guerras de la ciencia, seguido por las disputas en torno a lo paranormal, pero se está abriendo un nuevo frente alrededor del tema del materialismo y del fisicalismo. ¿Posee la ciencia un prejuicio favorable a la suposición materialista-fisicalista, a la idea de que la naturaleza contiene fundamentalmente sólo cosas materiales? Un pequeño pero ruidoso grupo de neurocientíficos autodenominados antimaterialistas y dualistas mantuvieron un symposium en las Naciones Unidas el pasado año, argumentando que la ciencia de hecho había sido secuetrada por materialistas dogmáticos, que extraen evidencias errónamente para fenómenos categóricamente no físicos. New Scientist publicó un buen artículo sobre ello, citando a algunos respetados científicos y filósofos que, de modo poco sorprendente, ven a los anti-materialistas como dogmáticos, intentando entrometerse en la ciencia para servir a su agenda.

Estas posiciones opuestas fueron reflejadas en dos repuestas a la cuestión Edge de 2009, ¿Qué cambiará todo?. Una es del biólogo Rupert Sheldrake, que dice que los días del materialismo están contados: algunas cuestiones, por ejemplo sobre la naturaleza de la conciencia, nunca serán respondidas a menos que la ciencia sea liberada de su suposición de que todo lo que hay es el mundo físico. Dice que “se está disolviendo la confianza en el materialismo. Sus líderes, como los bancos centrales, continúan emitiendo notas promisorias, pero ha perdido su credibilidad como dogma central de la ciencia.” La otra es del biólogo P.Z. Myers, que dice que el materialismo funciona, y que eventualmente las personaras se habituarán a la idea de que no tienen almas, ampliamente creída como la esencia inmaterial de nuestro ser: “La mente es claramente un producto del cerebro, y las viejas nociones de almas y espíritus cada vez parecen más ridículas…aunque sean ideas casi universales, enredadas con las racionalizaciones de las personas sobre otra vida después de la vida, sobre el castigo y la recompensa última, y sobre su concepto del yo.” Los escritores científicos John Horgan y George Johnson discuten el conflicto materialismo/antimaterialismo de Sheldrake y Myers en Bloggingheads, y ha habido un prolongado debate entre el materialista Steven Novella y el dualista Michael Egnor, ambos neurocientíficos, en sus respectivos blogs, aquí y aquí.

¿Quién tiene razón y cómo lo decidimos? Sheldrake y Myers son ambos respetados y conocidos biólogos, por lo que deben compartir un territorio considerable en el sentido de cómo practican día a día la ciencia. Pero obviamente esto no es suficiente para sostenerles en el mismo lugar cuando se trata del materialismo.

Un modo de moderar el argumento, si no de resolverlo completamente, consiste en ver a la ciencia primariamente como un método de investigación, no como un *repositorio* de verdades metafísicas. La ciencia no posee un compromiso particular con el materialismo en cuanto conclusión final sobre el mundo, simplemente es que hasta ahora no se ha encontrado evidencia, explicación o justificación para fenómenos categóricamente inmateriales como las almas, los espíritus o los cuerpos desencarnados y sus voluntades (si puede alcanzarse un acuerdo sobre las características definitorias de tales fenómenos es una cuestión abierta e interesante). Si tales evidencias se acumularan y se incorporaran las entidades no físicas a nuestras mejores teorías explicativas, ningún científico se quejaría. Es simplemente el modo en que cambian las cosas. Lo que buscan los científicos, en cuanto científicos (y no en cuanto abogados de una visión del mundo), es transparencia explicativa y modelos de realidad fiables y predictivos al máximo (ver aquí). Nadie puede decir de antemano a donde nos llevarán estos desiderata cognitivos. Si Sheldrake y Myers pudieran estar de acuerdo en este punto, entonces sus opiniones opuestas sobre el materialismo no tratan fundamentalmente sobre ciencia, sino que apuestan sobre hacia donde es probable que nos conduzca la ciencia.

Sheldrake parece pensar que la ciencia debe limitarse a su menú actual de opciones cuando dice “Pero aún no hay una prueba de que la vida y las mentes puedan explicarse solamente por la física y la química.” Bastante justo, ningun científico honesto supone que podemos saber de antemano lo que deben implicar las explicaciones científicas finales a cerca de la vida y la mente. Acaso campos totalmente nuevos de investigación se desarrollarán. Sin embargo, es muy improbable que varíen las constricciones metodológicamente básicas de la ciencia y sus criterios sobre adecuación explicativa. Son estos requerimientos los que han desplazado las hipótesis del creacionismo o del diseño inteligente, y serán aplicados de la misma forma a cualquier otra hipótesis categoricamente no física.

Sheldrake dice que “la ciencia será más libre, y más divertida” una vez liberada de su prejuicio materialista. Pero la ciencia, propiamente conducida, no posee tal prejuicio, y sus juicios o hipótesis antimaterialistas se determinarán empleando las mismas reglas sobre la evidencia y la explicaión que aplica a cualquier hipótesis, materialista o de otro tipo.

Fuente: http://www.terceracultura.net/tc/?p=928

Estamos dedicando un especial a la inmortalidad, esta aspiración tan humana y tan controvertida a la vez. Eduard Punset, profesor de Ciencia, Tecnología y Sociedad en la Facultad de Economía del Instituto químico de Sarriá (Universidad Ramón Llul), director y presentador del programa de divulgación científica Redes, amigo y colaborador de Tercera Cultura, es tan amable de recibirnos en su casa.

Estamos en un piso muy soleado, con amplias vistas, en la parte alta de Barcelona. Unos hermosos fósiles de gran tamaño reposan en distintas mesas y soportes. “Aquí tengo sólo unos pocos” dice mientras observo un saurio petrificado de grandes fauces. El Sr. Punset nos ha buscado un hueco en una agenda vertiginosa y vamos a disfrutarlo.

Este especial está ilustrado con dos artículos. Uno, de Gregory Benford, y, otro, de Aubrey de Gray, ambos publicados en la prestigiosa revista Edge. Las primeras preguntas se basan en su contenido.

- Teresa Giménez Barbat

Tercera Cultura: Sr. Punset, el escritor Gregory Benford está seguro de que podremos vivir fácilmente hasta los 150 años y de que muchos de los que ahora que leen su artículo lo van a ver. También Aubrey de Gray nos asegura que la técnica se acelerará tanto de forma inmediata que nada de lo que estamos comentando en esta entrevista será ya una utopía. ¿Cree que es cierto y que, por desgracia, a algunos se nos escapará esta oportunidad por los pelos?

Eduard Punset: En la perspectiva del tiempo geológico, el tema de la inmortalidad es muy relativo. Bien, ya éramos inmortales. La vida ya fue inmortal. Cuando el sistema de reproducción era la clonación. Esa inmortalidad se interrumpe hace muy pocos años, unos 700 millones, cuando se diferencian las células germinales. Cuando un óvulo y un espermatozoide se unen para dar al mundo un ser único e irrepetible y, por lo tanto, mortal. El amor materno no tiene otra explicación. Yo nunca he visto que una estrella de mar que se desgaja y da lugar a otra estrella de mar igual que ella genere algo así.

Muchos científicos opinan que hay una relación entre la materia inerte, la materia viva y la inteligencia. Así que me parece que la gente exagera con la inmortalidad. No, las cosas están bien como están. Si la vida fuera eterna no pondríamos en ella la misma intensidad. No me preocupa esa inmortalidad.

TC: Pero una de las ventajas que dice Bendfrod que traería una vida más larga es que los humanos se acostumbrarían a pensar en un plazo más largo. Eso les haría más conscientes del problema del medio ambiente, por ejemplo.

EP: Para esto no hace falta alargar la vida. Nosotros ya elaboramos distintas perspectivas temporales. Por ejemplo, estamos celebrando el bicentenario de Darwin. La suya era una perspectiva muy amplia. Hablamos de perspectivas geológicas del tiempo. En una visión reducida, de corto plazo, no cabe la evolución. No cabe el planteamiento de la evolución. Y de todo esto ya hemos sido capaces sin vivir tantos años.

TC: Gregory Bendford dice una cosa muy interesante: el envejecimiento no es un proceso de deterioro construido por la selección natural sino el resultado, precisamente, de la falta de selección en edades tardías.

EP: La vida siempre fue importante durante su primera época. En Sierra Leone, el promedio de vida aún se parece a los 30 años de término medio que vivían nuestros ancestros. No hacía falta más porque a esta edad ya se había cumplido con la función evolutiva que es perpetuar la especie.

Por otro lado, no está inserto en ningún gen que tengamos que morir en un momento dado. Por eso las teorías de Gray, por ejemplo, no son rechazables ni mucho menos a priori, Lo que ocurre es que la vida es el resultado de una lucha constante entre las agresiones celulares y la capacidad regenerativa de las mismas células. La vida se alarga disminuyendo las primeras y aumentando las segundas. Esto se conseguirá porque hoy en día ya está aquí, es ridículo negar este alargamiento de la vida. Y no sólo por medios tecnológicos como e sugiere Gray. Ya hemos visto lo mucho que se puede hacer simplemente aumentando la higiene general o la asepsia en los partos. Si con precauciones tan pequeñas se logró tanto, los nuevos descubrimientos y mejoras en la ciencia aplicada a la salud traerán una mayor expectativa de vida.

TC: Muchos investigadores que trabajan en el campo del envejecimiento sugieren que una vida ralentizada, sin extremos, ni drogas, ni excesos, baja en calorías añade más años a la vida. ¿No es un panorama aburrido? ¿Cómo encaja en esta idea tan de nuestra época del “vive deprisa, muere joven y sé un bonito cadáver?”

EP: El hecho capital es que el ser humano (y ningún otro animal, ninguna otra especie) ha conseguido triplicar ese promedio. Eso es lo importante. Que lleguemos a vivir 400 o mil años es lo de menos. Lo importante es este salto. Lo importante es que, por primera vez, la especie tiene FUTURO. Por primera vez en la historia de la evolución, una especie, los homínidos, adquieren 40 años de vida redundante en términos evolutivos. Desde mi punto de vista, esta redundancia existe para que el ser humano pueda profundizar en el conocimiento de las cosas y de las personas. De ahí la importancia por primera vez de la irrupción de la ciencia en la cultura popular. Y debido a su impacto masivo, al contrario de lo que ocurría antes uno de los mayores retos del futuro será conciliar el entretenimiento con el conocimiento. Cuando tu hablas del conocimiento como de algo que va a llenarla vida de millones de personas ya no puedes pensar en los términos de un Francis Crick, el descubridor de la molécula del ADN, que aseguraba no conocer a nadie “de la gente de la calle”. Ahora hablamos de una cultura para la gente de la calle, y ya sabemos que sin entretenimiento no habrá conocimiento.

TC: Hay autores como Ray Kurzweil que han dedicado parte de su vida y de su obra a la lucha contra la muerte y la vejez. Esta gente se enmarca en un movimiento llamado trans humanista que dice que la ciencia y la razón nos mejorarán intelectual, psicológica y físicamente y que superaremos las restricciones del envejecimiento…Que habrá un momento “singular”, un cambio hacia otro tipo de hombre.

EP: Hay indicios serios, al contrario de lo que ha ocurrido hasta ahora en que sólo hemos sabido ver el futuro desde el pasado. Y estoy pensando en todo esto de las fosas de la Guerra Civil…

TC: Es curioso que diga esto cuando tengo pensado preguntarle sobre alguna cuestión relacionada…

EP: Sí, sí. Es que ahora podemos mirar el futuro en base a la fusión de la biología y la tecnología. Esto está ahí. El futuro estará marcado por la ciencia y la tecnología, como dice Kurzweil.

Ahora, deducir de esto cambios “singulares” me recuerda un poco a la declaración de Laplace, que cuando le preguntaron por el papel que jugaba Dios en las relaciones matemáticas de la física de los planetas dijo no necesitar de esa hipótesis, que esto ya era así sin más ayuda. No hace falta este “extra” que le añade Kurzweil.

TC: Hay quien se toma muy mal estas conjeturas. Francis Fukuyama escribió un virulento artículo contra el trans humanismo afirmando que era una de las ideas más peligrosas posibles para la humanidad.

EP: Pero vamos a ver, ¿cómo puede alguien decir algo así? Darwin ya había anticipado, antes de que la ciencia lo demostrara, que todos tenemos un origen común. Fíjese: hace 3.500 millones de años, aparecieron las primeras formas de vida. Todo aquello era tremendamente distinto de lo que existe ahora en el planeta. De alguna manera, no hay comparación. El mayor paleontólogo que ha existido, Stephen Jay Gould, decía que somos la última gota de la última ola del inmenso océano cósmico. No tenemos ni 4 días. No sabemos nada de nada.

No, claro que habrá más formas de vida. Y puede haber, ¿por qué no?, seres más inteligentes que los sapiens. Y si eso acaba con el hombre ¿qué pasa? Había unos seres, luego habrá otros. Ha pasado miles de veces. ¿Qué le ven de extraño?

TC: Vemos personas en este planeta que se plantean cuestiones asombrosas por su ambición, que aún parecen de ciencia ficción, y que involucran el futuro de la humanidad en su conjunto. Pero ves nuestra tele o escuchas a muchos de nuestros jóvenes universitarios y parece que no saben salir de ideas localistas y regresivas. Lo que más parece preocuparles son cuestiones que van en dirección contraria y con eso enlazo con un apunte que ha hecho usted antes. En vez de unirnos bajo un ideal de universalismo resulta que nos dedicamos a buscar motivos para la separación de unos y de otros. Y todo por motivos nimios o mistificaciones históricas. ¿No desanima un poco esta falta de amplitud de miras, de cultura, que vemos en nuestro entorno?

EP: Si tienes esta sensación es porque olvidas una constante del cambio y la evolución. Y es que los cambios técnicos son extremadamente rápidos, mucho más que los cambios institucionales, la familia, el estado. Los cambios técnicos, del conocimiento, son más rápidos que los culturales. En este caso nos topamos con ideas de la Edad Media. Estamos tratando de compaginar los cambios técnicos del SXXI con mentalidades regresivas del SXIX, como las de quienes se plantean el nacionalismo exacerbado.

Antes hablábamos de las expectativas de una vida promedio de 30 años. Eso es un instante. Aún hay gente que mantiene esta visión tan limitada. Los cambios culturales son muy lentos. Hay gente que sigue creyendo que su perro le pertenece, o que su mujer es suya o que lo es su territorio. Sorprende cómo pueden plantearse en política visiones como la del nacionalismo exacerbado, que es una visión dimisionaria, absurda. ¡Pero si somos un pequeño planeta, de uno de los billones de estrellas, que viaja a 250 km. por segundo! Nos movemos por el universo SIN UN DOMICILIO FIJO EN EL CIELO. ¿De donde viene este amor por lo que se cree un domicilio fijo y estable?

A eso le llama Dawkins “el código de los muertos”, una de sus aportaciones que más me ha interesado, ese pensar en base a estructuras ancestrales, de gente del pasado. Por desgracia muchas de las conductas del hombre moderno están condicionadas por códigos antiguos que ahora resultan nefastos.

TC: Usted muestra una gran actividad, es un privilegiado por su aspecto y su disposición tan joven y creativa, a pesar de que no lo ha tenido fácil y ha debido luchar por su propia salud. ¿Tiene alguna receta o consejo?

EP: Hay que contar primero con el factor suerte. Los neurólogos han descubierto que en la primera etapa del desarrollo del hombre, en promedio, es necesario que a los 5 años el niño ya haya ganado cierta autoestima, cierta seguridad en sí mismo. Cada vez se conocen más las indeseables consecuencias del abandono o del maltrato a edades tempranas. Después, como punto segundo, el niño tiene que haber recibido para entonces tanto afecto, haber estado tan bien que haya podido desarrollar el deseo y la curiosidad para profundizar en el conocimiento y en el amor de estos seres humanos que le rodean. Si no puedes llegar al mundo del adulto con rechazo o con ánimo de destruirlo. Cuando reflexiono sobre mi suerte individual deduzco que en mi infancia no llegó a ocurrir nada que impidiera llegar a la edad adulta con curiosidad y con amor a las cosas y a las personas.

TC: ¿Cree que la infancia marca a perpetuidad? ¿No nos llevaría esta conjetura a una visión muy relativa de la responsabilidad personal?

EP: Bueno, no en todas las personas. Ahora pienso en Camus. Él fue un niño que sufrió en su infancia, que tuvo un entorno familiar pésimo. Él lo superó. Claro que es superable. Ahora también tenemos pruebas de que una genética depresiva puede no expresarse en un entorno afable. A Albert Camus le salvó la escuela francesa.

Aunque prefiero estar en el grupo no dañado por si acaso.

Pero volviendo al tema de la responsabilidad. Por desgracia, tenemos pocos instrumentos nuevos para garantizar el orden en la manada (y esto viene de lejos) salvo la represión. Hemos inventado la separación de poderes, pero nos la pasamos… Hay tantos países que no la respetan. No hay nada nuevo para conseguir el control y el orden social que no dependan de la coacción en alguna forma. Hemos desarrollado elementos para medir la responsabilidad personal, gracias a los avances de la neurología y la psicología, pero pocos para que sea efectiva en la práctica social. Va ser este uno de los problemas más importantes. Ahora, al final va a prevalecer el interés de la manada, claro.

TC: Y ya para terminar. Auque hay gente que asume que la única inmortalidad la representan los hijos, la descendencia o la obra intelectual que uno lega, no sé si hablan con la boca pequeña. Woody Allen no tuvo reparo en asegurar que cuando pensaba en la inmortalidad quería decir “vivo para siempre”.

EP: ¿Sabe?, yo nunca he sentido esa necesidad. Es curioso. Lo que da sentida a la vida y lo que permite disfrutarla es su carácter efímero. Algo que no puede disfrutar quien cree en una vida eterna. Estoy firmemente convencido de que si fuera inmortal no habría vivido la vida como la he vivido, ni la habría experimentado con la misma intensidad. No, no comparto esa inquietud de Woody Allen.

Fuente: http://www.terceracultura.net/tc/?p=1006