Reportaje a Sergio Givone

-¿La historia de la racionalidad occidental podría ser concebida como la historia del olvido de la nada?
La filosofía occidental parte de la prohibición de Parménides de pensar la nada, porque se caería en la contradicción de pensar en algo que no es. Esa interdicción pasa de la metafísica a la lógica y llega a la ciencia. Pero en el hombre hay una nostalgia profunda de sentido. Y para plantearme la pregunta sobre el sentido necesitamos un pensamiento del lado oscuro del ser. Solamente si existe la nada, el ser es pensable como algo que es como es, pero que también podría ser de otro modo.

- Esta visión de la nada, ¿qué consecuencias políticas trae?
Este pensamiento se encuentra, en la mitad de dos extremos: el nihilismo y, llamémoslo así, el absolutismo.
El nihilismo, ante categorías como libertad y justicia, conduce al conformismo. La justicia, así, sería la aprobación de los valores que la sociedad considera justos. Se trata de la aceptación del mundo como es. Por otro lado, hay un pensamiento de la identidad para el cual la justicia y la verdad son puestas en un mundo eterno e inmutable. Ante estas posturas, el pensamiento trágico expresa la condición de quien, no teniendo su destino ya escrito, está llamado a decidir y no dejarse arrastrar. He ahí el problema: pensar la justicia y la verdad como experiencias finitas, aquí y ahora. Medea, en la obra de Eurípides, asesinó a sus hijos, realizó un acto aterrador, y el coro asiente, pero antes de condenarla dice: reflexionemos porque incluso ahí podría haberse manifestado la justicia. Ese es el pensamiento: también allí podría. Es decir, la justicia existe sólo en la situación concreta. Y expuestos a la libertad, está en nosotros buscar la justicia en cada oportunidad. ¿Qué es justo? ¿Vengarse? Hay un problema abierto. Y trágico es pensar que la justicia puede ser aquí de un modo y allá de otro.

-¿Qué vinculación se podría establecer entre la representación de la nada y la representación de Auschwitz y los desaparecidos en Argentina?
Desde el punto de vista rigurosamente lógico la nada es absolutamente irrepresentable. Aunque necesitamos la nada para comprender la libertad. Pero es también aniquilación, destrucción, vacío, ausencia de vida. Nosotros vemos, experimentamos la nada en su profunda negatividad. Y así encontramos que la figura del desaparecido es algo aún más tremendo que la del aniquilado, ya que le fue quitada también la representabilidad de la muerte.

- Entre la ciencia, imposibilitada de preguntar por el sentido, y el arte que sólo lo muestra, ¿qué queda de la filosofía?
La filosofía en sí es vacía, y su tarea es escuchar lo que sucede en el ámbito de la ciencia, del arte y también en el ámbito de los sentimientos de los hombres y en las relaciones humanas. La filosofía es un relato de suspenso, pero de un tipo particular, porque sigue siendo interesante aún después de descubrirse el final. ¿Cuál es el mayor asesinato realizado en el mundo occidental? El asesinato de Dios. Y sabemos quién lo asesinó: fue el hombre, en el sentido de que se dio cuenta de que no necesitaba más a Dios, que el centro de su vida estaba en otra parte. Se puede creer, pero ya dejó de ser el centro de la vida. ¿Matamos a Dios, lo dejamos atrás, y lo olvidamos? No, porque sólo a partir de aclarar qué sucedió, podemos arrojar luz sobre nuestra existencia. La vida, justamente porque está destinada a terminar en la nada, porque es frágil y efímera es la cosa más preciosa que existe. Si fuésemos eternos no sería pensable tener piedad unos de otros, y por ende, comprendernos y amarnos. Nosotros nos amamos porque sabemos que moriremos.

-¿Cree que el ataque terrorista a EE.UU., que ha sembrado la sensación de vulnerabilidad y de fragilidad, puede generar un cambio en la manera de representar la vida y de comprender a los otros?
Ojalá así fuera, pero los signos que hay van en otra dirección. Los signos van en la dirección de una reafirmación del bien contra el mal, de la presunta verdad o de la presunta justicia contra la injusticia, como si tuviéramos miedo de tener en cuenta realmente nuestra fragilidad, sea aceptar supinamente el delito, la violencia, pero sin comprender que oponerse a la violencia con la violencia nunca dio resultado. En esa idea que nos domina -que no es sólo norteamericana, sino muy occidental- de poder encontrar un fundamento sólido, definitivo, de encontrar una confirmación a nuestras certezas, yo advierto un enorme peligro. Por eso me resultaron atinadas la afirmación de Romano Prodi, el presidente de la Unión Europea, que dijo que este acto criminal debemos juzgarlo como un hecho inaceptable, intolerable, pero debemos evitar que se convierta en un pretexto para la división del mundo entre buenos y malos porque entonces, en ese punto, todos seremos malos, todos culpables.

Fuente:http://www.con-versiones.com/nota0063.htm

1 comentario:

Anónimo dijo...

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