Jazz y libertad



Si bien el sustrato de las distintas escuelas musicales se basa en también diferentes modelos de pensamiento lo cierto es que hay una realimentación que hace al fondo de la cosa y desde ese plano es donde se cohesionan ideas nuevas que dan cuerpo a los nuevos sonidos (entendiendo aquí al sonido como al desarrollo estilístico de un intérprete que despliega ideas compositivas que lo diferencian de sus contemporáneos en el tratamiento puntual de procedimientos armónico-melódicos o mismo el universo gestual del artista).

De aquí viene el asunto de la libertad en el jazz, es que el artista de jazz no piensa cuando hace su solo, pero en realidad lo que sucede es que no piensa de modo habitual aunque sin embargo sí resuelve una textura sonora partiendo de los elementos más simples.

Un músico de jazz no necesita saber el nombre de la nota que va a tocar, pero sí necesita sentir ese sonido un instante antes de que se manifieste en su instrumento, entonces desde esta escuela de pensamiento el músico desarrolla un oído "relacional" sofisticado, un oído de relaciones interválicas que lo acerca a su contexto creativo elemental.

En otros modelos estéticos es importante en primera instancia el trabajo con el sonido en sí mismo, sonido en su significado clásico como notas en el pentagrama, pero el músico de jazz suele desarrollar la cualidad de ese aspecto del sonido en su propio instante de "crisis", crisis en el sentido de cambio de enfoque y en este tema un músico de jazz medita con profundidad.

El tema de la libertad en el jazz se esclarece cuando revisamos su origen humilde en una sociedad que cobra voz propia paulatinamente y que así arrastra un dolor que se transforma lentamente en poesía, en metáfora de un sueño que imagina un mundo diferente. Y ese es un sello que hace a la autenticidad de esta expresión.

Miles Davis dijo "el jazz es dolor", luego entendemos que los músicos muchas veces nos implicamos en transformar el dolor en alegría o en mensajes "sin palabras" porque con conceptos no es posible decir lo que describimos con sonidos y en esto se implica un improvisador. Improvisador que no es ningún improvisado porque el arte de disolver estructuras sonoras para transformarlas en metáforas de un recuerdo no es algo que se logra desde la nada, aunque en eso consista la persistente búsqueda de un "músico de jazz" cuando se sumerge en el sonido como si fuera un río con una forma sin bordes.

La estructura formal de una obra es terreno de especulación cuando se observa desde el plano intelectual o en mundos académicos sin embargo la estructura formal de una improvisación puede obedecer muchas veces más a gestos, signos y relaciones microscópicas que se amplifican a modo de fractales que al concepto de 12 compases en el blues o de 16 en una canción, a un A-B-A, un A-B-A-C-A de rondó, o un A-A-B-A del Real Book. Es que estos son elementos de standarización originados en danzas antiguas con el fin de universalizar determinados esquemas pero sólo con el objetivo de entender a la música como un lenguaje, sin embargo la finalidad de la música no es informar conceptos ni definir ideas si no mas bien describir lo indefinible que existe y late en nuestra memoria profunda y aquí los esquemas "macroscópicos" no siempre sirven y muchas veces dificultan la construcción espontánea de una estructura sonora cualquiera. Ya se experimentó mucho sobre bases simétricas y en la vuelta de rosca natural de las cosas un territorio interesante aparece en el borde donde lo simétrico se vuelve asimétrico, lo tonal atonal, lo consonante disonante o lo tético anacrúsico. Ese borde puntual merece ser captado en nuevas definiciones acerca de los objetos sonoros.

Se entiende que un hacedor de música se va a guiar antes por sus sensaciones que por criterios por ejemplo extrapolados de otras disciplinas, sin embargo desde el significado del propio sonido podemos entender los vínculos más diversos con el mundo físico o inmaterial y de esta manera acercarnos a un orden cognitivo diferente al que estamos habituados, y ese es un fin social acreditado en la historia de la música desde el comienzo de los tiempos.
Entonces hacer música implica formación, y la formación profundizar en escuelas de pensamiento que moldearon la forma de la cultura y dejaron señales en el mundo contemporáneo y esto es tan inevitable como reinventar el tiempo a la hora de comunicarnos con el "sonido" (comunicar como encontrar y encontrar como recuerdo, recuerdo de voces como espejos que imaginan más recuerdos sumando imágenes en las palabras de un texto) siendo este principio paradógicamente "zen" algo que se encuentra arraigado en los grandes buscadores de las fuentes sonoras. Así, los maestros de la música son los grandes buceadores del océano del inconsciente, inconsciente que es el reflejo onírico de la memoria del corazón humano.

M.J.

Fuente: http://www.marcelojeremias.com





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