Angustia y muerte en el “Ser y tiempo”
de Martin Heidegger

Por Ivanova Clemente

Cuantas veces nos encontramos en un momento de nuestras vidas en que todo parece estar bien; tenemos una vida estable, no tenemos algún problema grave del que preocuparnos, y no obstante, una cierta angustia se apodera de
nosotros, un vacío interno parece adueñarse de nuestro sentir y sumergirnos en una noche oscura, de incertidumbre y de duda. En el desespero de este sentimiento abismal buscamos la causa de su aparecimiento, pero no encontramos nada, por lo menos no parece existir una causa real, algún factor externo, que lo explique. Aún así, esta angustia nos toca tan a fondo, que la imagen que teníamos del mundo ya no puede ser la misma, sentimos una soledad tan profunda, y esto a
pesar de no estar fácticamente solos, que procuramos el aislamiento, y sólo parece ser el silencio el único cobijo ante esta falta de sentido.

Esta experiencia humana es casi indescriptible. La filosofía ha tratado de dar respuestas a las preguntas y angustias más esenciales del ser humano, ¿quiénes somos?, ¿qué es la vida?, ¿qué es la muerte?, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?, etc. Pero nunca podremos tener la seguridad de estas respuestas, aunque pueden servir como caminos orientadores ante el ser del hombre en el conocimiento de sí mismo y de la realidad que lo rodea.

Una de las preguntas que se ha hecho la filosofía es la pregunta por el ser. De allí nació lo que se llamó después “metafísica”. La filosofía contemporánea ha criticado la metafísica, justificando su postura, en que la metafísica ha alejado al hombre de sí mismo en la ocupación de ideas abstractas. Recordemos a Nietzsche en su intento. También algunos filósofos contemporáneos
han tratado de recuperar la pregunta por el sentido del ser, señalando que el acercamiento de la filosofía al ser, lo que ha sido la metafísica, no ha sido el adecuado, pues en su mismo preguntar lo hemos dejado en el olvido. Este es el caso de Martin Heidegger. En su libro Ser y Tiempo
Heidegger se propone reivindicar la necesidad de la pregunta que interroga por el ser. Su análisis lo condujo al ente que interroga por el ser, el hombre. De allí que la pregunta por el ser, sólo pueda ser respondida teniendo como base la pregunta por el hombre, por el ser, en el que el ser pueda manifestarse. Si el hombre es el único ser que puede hacerse la pregunta por el ser, sólo en él podremos encontrar la respuesta.

Este ensayo no tiene como objetivo reflexionar ante el planteamiento de Heidegger acerca de la pregunta por el ser. Más bien tiene como objetivo la reflexión de la angustia y el ser para la muerte, que hace Heidegger, en su descripción del Dasein, ese ser-ahí que es el hombre. La complejidad de Ser y tiempo nos obliga a considerar sólo algunos aspectos importantes en torno a este tema. A pesar de esto hay que tener claro que el objetivo de Heidegger al escribir Ser y tiempo, no era el de elaborar una antropología filosófica, sino el intentar responder a la pregunta por el ser. Pero no podemos dejar pasar, todo el interesante planteamiento que hace Heidegger acerca del hombre. Y en el caso de este ensayo, como el hombre, como en ese su ser, vive la angustia y la muerte.

La angustia

Dasein es un término que utiliza Heidegger para referirse al hombre, en el sentido fenomenológico, de mostrar al hombre libre de toda concepción previa. Al Dasein siempre le va su ser de suyo. Esto lo que quiere decir, es que el Dasein es el ente al que en su ser le va su ser y se comporta con respecto a su ser como su posibilidad más propia. El Dasein es posibilidad de ser, puede “escogerse”, y por lo tanto, es apertura. El ser del Dasein es abierto en el sentido de que él puede elegir una u otra forma de ser. Puede elegir perderse o puede elegir ganarse. Esto sólo puede hacerlo el Dasein en la existencia, en su propio existir. El Dasein es existencia, porque sólo existiendo se comprende a sí mismo. Es el ser humano que por su mismo ser, se encuentra abierto a sí mismo, a los otros seres humanos y al mundo.

El Dasein no se encuentra en el mundo en el sentido de estar dentro del mundo, o junto al mundo, sino más bien como un estar familiarizado con el mundo, como habitante de un mundo desde el cual se entiende. El Dasein no puede considerar al mundo como un objeto, ya que siempre ha estado de antemano instalado en ese mundo; el ser-en-el-mundo es un constitutivo fundamental del Dasein. Es en ese mundo en el que el Dasein cuida de sí mismo, se hace cargo de su propio ser; además de ser en ese mismo mundo, en el que el Dasein se relaciona con los útiles y con los demás hombres.

Hay que tener claro también que el modo inmediato del ser del Dasein es para Heidegger la cotidianidad. El Dasein es-en-el-mundo primariamente en su cotidianidad. A esta cotidianidad Heidegger la denominó “uno”. El “uno” es todos y es nadie. El Dasein en su modo de ser cotidiano se deja dominar y absorber por el “uno”. En general lo que Heidegger quiere decir con esto es que el Dasein en su cotidianidad se deja llevar por las decisiones del “uno”. El Dasein escapa de la toma de las decisiones de su existencia a través de lo “uno”, se descarga ante su propia responsabilidad de ser sí mismo. En el “uno” se nivelan las posibilidades de ser, se dicta lo que debe ser aceptado o rechazado, lo que debe ser un éxito y lo que no. En el “uno” también se da el modo de ser de la “distancialidad”. Distancialidad, quiere decir, que en el “uno”, el Dasein está sujeto al dominio de los otros en su convivir cotidiano. Por último la “publicidad” reúne los dos modos del ser del “uno” anteriores. La publicidad no permite ir al fondo de las cosas, las presenta más bien como cosa sabida y accesible a todos.

Este breve resumen del ser del Dasein en el mundo es importante, porque como veremos ahora, la angustia parte de lo antes expuesto. El Dasein es-en-el-mundo, pero el punto de partida de este ser-en-el-mundo tiene el carácter de ser arrojado. El hombre es arrojado al mundo. A Heidegger no le interesa de dónde es arrojado, sino el hecho de ser arrojado. Esta caída del hombre al mundo lo convierte en un ser desolado. En este estar arrojado, el hombre comprende
su ser-en-el-mundo por medio de un temple vital o estado de ánimo. El temple de su ser, en este estar arrojado, es la angustia. Esto no quiere decir que el hombre cuando adquiere conciencia, por ejemplo, cuando es niño o adolescente, siente angustia. Y esto no es así porque aunque la angustia sea el temple originario del ser-en-en-el-mundo del Dasein, éste se comprende en el “uno” en su modo de ser más inmediato, no se abre a sí mismo en su propio ser, sino que oculta su posibilidad más propia, la de ser él mismo apertura, posibilidad. La angustia es un estado de ánimo vital, una experiencia que se le puede presentar en cualquier momento al hombre, al Dasein.

El Dasein puede huir ante la angustia que se le presenta, le puede dar la espalda alienándose en el “uno”. El Dasein no se angustia por algún ente, por los entes puede surgir el miedo. La angustia del Dasein como temple vital no se explica por un factor externo. De lo que se angustia el Dasein es de su ser arrojado en un mundo, en un mundo en el que tiene que elegirse, hacerse en sus posibilidades. No hay nada determinado que amenace al Dasein en el sentido de sentir angustia. La angustia, es la angustia del mundo “en cuanto tal”. Recordando a Kierkeggard, Heidegger señala, que el hombre al calmarse de su angustia puede decirse a sí mismo que no era nada, solapando así la propia posibilidad de su autenticidad.

Como vemos, Heidegger, aunque no quiere caer en juicios éticos, ya presupone dos modos de ser, la propiedad (autenticidad) e impropiedad (inauntenticidad) de los modos de ser del Dasein. La propiedad consiste en algo así como el aceptar al Dasein, como el ser al que le va su ser, es decir, como el ser que es posibilidad, que es libre para elegirse. La impropiedad sería el ocultar ese
constitutivo del ser del Dasein que consiste en saberse libre, libre para elegir y elegirse. Y es el “uno” el mecanismo por medio del cual, el hombre oculta su esencia más fundamental, que es ser un sí mismo, abierto a sí mismo y abierto a un mundo en sus posibilidades.
La angustia no consiste en una reflexión racional ante el estado de ser abierto en el mundo del Dasein. La angustia es una disposición afectiva, de éste no saber que hacer, ante la apertura de su ser al mundo. En palabras de Heidegger,

“La angustia revela en el Dasein el estar vuelto hacia el más propio poder-ser, es decir, revela su ser libre para la libertad de escogerse y tomarse a sí mismo en sus propias manos. La angustia lleva al Dasein ante su ser libre para...(propensio in...) la propiedad de su ser en cuanto la posibilidad que él es desde siempre. Pero este ser es, al mismo tiempo, aquel ser al que el Dasein está entregado en cuanto estar-en-el-mundo” [1]

La angustia trae el estado de “desazonado” del Dasein. Desazonado quiere decir, que ya en el mundo no me siento tan familiarizado como creía. El mundo se convierte en un lugar inhóspito, ya no me siento como en casa. La angustia, aunque podría ser considerada como un sentimiento negativo, adquiere para Heidegger un sentido positivo. Positivo en tanto sólo en la angustia puede el Dasein liberarse del “uno” y abrirse a sí mismo, ser auténtico, es decir, ser libre para....En pocas palabras, lo que parece significar la angustia del Dasein para Heidegger, es que en la angustia el Dasein se encuentra a sí mismo. Y en este encontrarse a sí mismo se sabe un ser que esta abierto a elegir sus posibilidades, sus modos de ser, se sabe como un ser pro-yectado, eyecto para hacerse, para elegirse en un futuro.

Este sentimiento de no sentirse en casa del Dasein es concebido por Heidegger como el “fenómeno ontológico-existencial más originario”. Señala además que este fenómeno fácticamente es muchas veces incomprendido, y que también la cotidianidad, el dominio de lo público en el Dasein, hacen infrecuente una “verdadera” angustia. Parece que lo que quiere decir Heidegger es que el estado de caída en el mundo del Dasein, hace que éste se aferre a la comodidad del “uno”; el Dasein se descarga de su carga de ser arrojado en el “uno”, en el impersonal “se”, que mediante sus modos de ser antes mencionados evade el encuentro del Dasein consigo mismo. La angustia aunque muchas veces trate de explicarse “fisiológicamente”, no tiene una causa física, sino que proviene, a pesar de encontrarse el Dasein en el “uno”, del fondo de su ser.

La muerte o el ser-para-la muerte

El análisis que emprende Heidegger en relación con la muerte está conectado a la posibilidad del estar-entero del Dasein, es decir, de considerar la integridad como un todo, posible del Dasein. Señala Heidegger, que uno de los factores que podrían imposibilitar la posibilidad de la integridad del Dasein, sería, con respecto a su fin, la posibilidad más radical de éste, su propia muerte. Como el Dasein no puede experimentar su propia muerte, no puede acceder a la comprensión de su posibilidad “morir”. Puede que nos acercamos a tratar de comprender la muerte en la muerte de los otros, pero nunca podremos tener la experiencia de la muerte misma, ya que sólo muriendo podríamos tenerla. Al morir dejamos de existir, y ya no estaremos en capacidad de experimentar la muerte y lo que ella es. Este hecho parecería imposibilitar la comprensión del ser del Dasein en su integridad. La muerte tendría que formar parte del todo del Dasein, porque ésta a su vez lo constituye existencialmente.

La muerte es una posibilidad del Dasein, pero se diferencia de las otras posibilidades, en que ésta se sabe de seguro que va a ocurrir. Es la posibilidad más radical del Dasein en el sentido de que no hay forma de evadirla, es la posibilidad que será de seguro cumplida. Es por ello que el Dasein parece estar en una “permanente inconclusión”, queda en él siempre un resto de poder-ser, que es el no poder experimentar su posibilidad más radical, la muerte. No podemos conocer el morir de los otros, ni tampoco nuestro morir, es así como el Dasein parece quedar atrapado en un callejón sin salida, en un poder-ser nunca podido.

Esto es sólo lo que parece mostrarse en la apariencia, pareciera que la no integridad del Dasein está marcada por la muerte. Esto se debe a que la muerte se ha considerado como algo que está por ocurrir, “algo no-todavía”, algo que pasará algún día, y no como un constitutivo ya latente desde el propio nacimiento del Dasein. La muerte no puede considerarse como un resto pendiente. El hombre no acaba como se acaba la lluvia o como se acaba el camino. La muerte del Dasein tiene un sentido muy diferente a como se acaban las cosas; si se considera de este modo la muerte del Dasein, estaríamos considerándolo como un simple estar-ahí, como un útil, como algo a la mano. Así como de la luna, aunque le falte un cuarto para estar llena, no se puede decir que no está ahí como un todo, aunque sabemos que una parte de ella se conserva en la oscuridad; así no podemos decir que el Dasein es incompleto porque no podemos ver la parte que le falta, aunque sabemos que está allí. El Dasein aunque no tiene experiencia de su muerte, es ya un ser-para-la-muerte, vive en su existencia éste su ser como fin,

“Así como el Dasein, mientras esté siendo, ya es constantemente su no-todavía, así él es también siempre ya su fin. El terminar al que se refiere la muerte no significa un haber-llegado-a-fin del Dasein, sino un estar vuelto hacia el fin de parte de este ente. La muerte es una manera de ser de la que el Dasein se hace cargo tan pronto como él es. “Apenas un hombre viene a la vida ya es bastante viejo para morir” [2]

El ser-para-la-muerte es entonces un constitutivo existencial del Dasein. Además de ser su posibilidad más radical. En tanto que posibilidad, el Dasein tiene que hacerse cargo de ella en su ser que es cada vez de suyo. Esta posibilidad para Heidegger podría tener un aspecto positivo. Se dijo que el hombre es un ser arrojado en un mundo en el cual él existe. Como existente es también posibilidad, y en sus posibilidades está la muerte con la característica especial de que por ser constitutivo al Dasein no puede evadirse, tiene que hacerse cargo de ella. El sentido positivo que pareciera darle Heidegger al ser-para-la-muerte, es que ésta abre al Dasein a sí mismo en su “poder-ser más propio”, esto es a su autenticidad. Esto se explica en que en esta posibilidad del no poder existir más, el Dasein da cuenta de una posibilidad que en él es “insuperable” e “irrespectiva”, su muerte. Y es en esta posibilidad que el “Dasein le va radicalmente su estar-en-el-mundo” [3]. No poder estar más en el mundo remite a que está en un mundo, que existe en él y que al igual que tiene la posibilidad de la muerte en ese mundo, se abren también otras posibilidades mientras exista en él. Pero teniendo siempre en cuenta la posibilidad más radical que es la del ser-para-la-muerte.
Si el ser-para-la-muerte es siempre siendo-en-el-mundo, recordemos el estado primigenio y constitutivo del Dasein de encontrarse desde su nacimiento en un mundo, entonces el-ser-para-la-muerte es siempre, está ya, desde el estar arrojado. El estar arrojado contiene ya la posibilidad de la muerte del Dasein. Es así como la angustia, el temple de ánimo fundamental del Dasein ante la caída, es también angustia ante la muerte. De lo dicho anteriormente con respecto a la angustia, podríamos agregar que la angustia no es sólo la angustia del Dasein ante la posibilidad de la apertura de su ser en el mundo, sino angustia ante la apertura de su ser en el mundo, cuya posibilidad más radical e insuperable es la muerte. La angustia ante la muerte, señala Heidegger, no debe confundirse con el miedo a “dejar de vivir”. La angustia no es un estado de ánimo cualquiera, es la disposición afectiva fundamental “de que el Dasein existe como un arrojado estar vuelto hacia su fin” [4] . En este sentido el Dasein está arrojado a su posibilidad más propia e insuperable. La propiedad del Dasein a la que atiende el estar arrojado hacia su propio fin, hacia su propia muerte, es la autenticidad misma del Dasein. Se dijo anteriormente que la propiedad o autenticidad del Dasein se cumplía en el saberse libre del Dasein, en la posibilidad de elegirse a sí mismo, de ser apertura de sí mismo en el mundo. Ahora bien, si la autenticidad es saberse el Dasein como posibilidad, no puede ser auténtico dejando de lado su posibilidad más propia y radical que es la muerte. La autenticidad consiste entonces, para Heidegger, en proyectar su existencia desde su posibilidad más radical que es la de ser-para-la-muerte. El Dasein se hace libre para la muerte. Es a partir de la posibilidad de ser-para-la-muerte que puede comprender el Dasein la totalidad de su ser como finito. Por lo tanto, el Dasein se hace libre para comprenderse a partir de su posibilidad más radical, abriéndose su ser a sí mismo en esta comprensión, no ya como un no poder-ser todavía, sino como un poder-ser en la totalidad.

Ahora bien, aunque el Dasein constitutivamente es un ser-para-la-muerte, posibilidad que a su vez le abre su ser a sí mismo como libertad para..., el Dasein puede huir de su esencia que lo constituye, esencia entendida siempre existencialmente, y refugiarse en el “uno”. El “uno” mantiene la concepción de la muerte como “no está todavía ahí”. Una frase muy utilizada por el Dasein en la cotidianidad es ,“uno se muere”; ésta adquiere el sentido de que cada vez no soy yo el que muere, no es nadie. Por lo tanto, la percepción de la muerte del Dasein en la cotidianidad, evade la responsabilidad de encargarse de la posibilidad más radical que es la muerte, tranquiliza al Dasein en su angustia ante la muerte ofrecida por los modos del ser del “uno” que “no tolera el coraje para la angustia ante la muerte” [5], y a su vez le cierra la posibilidad al Dasein de su autenticidad. El planteamiento anterior de la huída hacia al “uno” ante la angustia del Dasein, puede aplicarse también a la huída del Dasein ante la muerte, ya que la angustia, como se explicó, es angustia ante la muerte.


Conclusión

El planteamiento de Heidegger con respecto a la angustia y a la muerte puede extenderse mucho más. No obstante, tratamos de señalar aquellos aspectos considerados más importantes, aunque se ha pasado por alto toda la implicación que el “cuidado” tiene en relación con esto. Se podría decir que el cuidado del Dasein en el ser-en-el-mundo, debe extenderse a su ser-en-el-mundo como ser-para-la-muerte. Vemos como el planteamiento de Heidegger, por lo menos en lo que se refiere a la descripción del Dasein en sus actitudes ante la angustia y la muerte, están marcadas por el énfasis a las dos posibilidades que tiene el Dasein en relación a su ser, la de perderse o ganarse, la de ser propio o impropio. Ser auténtico es saberse libre, libre de elegirse; pero esta libertad debe completarse en que soy libre para elegirme, pero a partir de que soy libre para la muerte, es decir, soy apertura de posibilidades, pero debo proyectar esta apertura a partir de la conciencia, de que me constituye un ser-para-la-muerte. Hasta aquí se describió el planteamiento de Heidegger. Esto lo conducirá a un nihilismo, pero ese es otro tema que aquí no quisimos tocar. Lo interesante del planteamiento de Heidegger, reside en que trata de comprender al hombre desde la existencia misma, trata de analizar la angustia y la actitud hacia la muerte, partiendo del análisis cotidiano de la vida de los hombres.

No tenemos que estar de acuerdo con él en que debe ser así; no obstante, es interesante destacar el nuevo enfoque que le da Heidegger al entendimiento de la angustia y de la muerte. Y aunque no tenga porque ser universable esa experiencia, todos o casi todos, sabemos que la angustia es una experiencia común en los seres humanos. Y que muchas veces, nos angustiamos sin saber por qué, sin tener motivo. A su vez todos hemos pensado en la muerte, sabemos que vamos a morir, quizá como dice Heidegger, si fuésemos más conscientes de esta muerte, supiésemos aprovechar mejor la vida, y comprendernos como seres libres, libres para morir y libres para elegirnos.

Lo más importante del planteamiento de Heidegger reside en la apertura del ser como posibilidad. El hombre no es un ser acabado. El hombre está arrojado a un mundo en el que tiene que hacerse, construirse un destino. Esta concepción del hombre, como ser responsable de su propia vida, recupera la pregunta por el hombre y su sentido. El hombre no tiene un sentido de antemano, él es el creador de su sentido. Su esencia no es un ser, llámese alma o espíritu, que es inmutable al devenir de la existencia, su esencia es su existencia. Para entender la esencia del Dasein, hay que ir a su existencia, y su existencia inmediata es la cotidianidad, siendo el temple de la angustia y el ser para la muerte constitutivos originarios del hombre. Si Nietzsche ya había anunciado la recuperación del ser del hombre como dueño de sí mismo, Heidegger justifica esta idea. Serán ellos los precursores de un hacer la filosofía, que no explica al hombre, por medio de ideas abstractas, sino que trata de asirlo en el ser de su propia existencia, y en ella el ser del hombre como responsable y libre de sus elecciones, que lo construirán en un mundo en el que se interpreta y significa.

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