La lógica del cavernícola

El profesor Hank Davis arguye que nuestros cerebros son cada vez más obsoletos, porque seguimos razonando de manera primitiva, alegremente inmersos en “la superstición, la magia, y la fe ciega, en lugar de quemar las calorías mentales extras que se requieren para pensar de manera crítica y llegar a conclusiones racionales”.


No hace mucho, Hank Davis se sentó para conversar con una amiga. La conversación dio un giro inesperado: Surgió la historia de la infidelidad de su marido, la disolución de su matrimonio y las dificultades de tener que criar a su hijo sola. Él asentía con simpatía mientras ella contaba la historia. Entonces ella terminó con una frase aparentemente inocua. “Pero supongo que todo sucede por alguna razón. ¿No crees?”

El Prof. Davis, un psicólogo evolucionista, no lo creía. Mientras su amiga intentaba encontrar sentido a los eventos en su vida buscando un significado superior, todas las razones que el Prof. Davis estaba considerando eran mucho más concretas: El marido podía haberse sentido infeliz, o sencillamente se habría sentido atraído por otra persona.

“A ella… no le gustó nada el análisis del aquí-y-ahora que hice para entender sus circunstancias”, escribe el Prof. Davis en su nuevo libro, Lógica cavernícola: La persistencia del pensamiento primitivo en el mundo moderno. “Ofrecía poco confort, demasiada responsabilidad, y casi ningún apoyo social”.

Profesor en la Universidad de Guelph [Ontario, Canadá], el Prof. Davis ha pasado los últimos 20 años de su vida prestando atención al uso de frases aparentemente benignas tales como: “Fue una señal”, “Gracias a Dios”, y hasta “Buena suerte”. Para él, tales frases reflejan una “lógica cavernícola” que ayudó a nuestros antepasados a sobrevivir en el Pleistoceno, pero que ahora sirve para evitar que nuestra especie alcance su verdadero potencial. Aunque estamos muy alejados de la era primitiva, arguye, seguimos abrigados alegremente en la superstición, la magia, y la fe ciega, en lugar de quemar las calorías mentales extras que se requieren para pensar de manera crítica y llegar a conclusiones racionales.

“No es necesario caer por defecto en ese tipo de explicaciones. Pero lo hacemos. Y en realidad, esto es lo que la lógica cavernícola representa”, dijo el Prof. Davis durante una entrevista en su casa. “Seguimos cayendo por defecto sobre las mismas explicaciones mágicas de nuestros antepasados cavernícolas. Yo no soy capaz de culparles por hacerlo -ellos no tenían ninguna información útil a mano. Pero me pregunto por qué los seres humanos de hoy siguen haciendo lo mismo”.

Vestido con una camisa de flores holgada, y mocasines sin calcetines, el Prof. Davis confiesa que no está exento de la misma lógica primitiva falaz que dice descubrir fácilmente en los que le rodean. Tampoco alega tener una cura para evitar que nuestros cerebros recurran a tales cómodos atajos lógicos. Nuestros cerebros pleistocenos, dice, están cableados para comportarse de esta manera.

Además, en los primeros minutos de nuestra conversación, el Prof. Davis se refiere a sí mismo como “afortunado” por haber encontrado rápidamente una editorial para Lógica cavernícola, y alegremente reconoce el error. “Nadie es inmune a este tipo de pensamiento”, dice. “El mensaje de este libro es que debemos intentar reconocer estos patrones y actuar para evitarlos. Eso no siempre es fácil”.

En el libro, intenta presentar conceptos científicos de manera accesible. En una conversación imaginada con su abuela, debate los méritos relativos de la heurística y los defectos de la mente humana. Un pasaje sobre los méritos de las estadísticas de béisbol ayuda al lector a comprender la dificultad que tiene la mente para comprender probabilidades, cuantificación, y explica nuestra propensión para identificar patrones o “rachas” que, en realidad, no existen.

“Para nosotros, los patrones son el todo”, escribe el Prof. Davis. “Son lo que más nos satisface. Nos regodeamos en ellos. Son la base del arte, de la literatura, la música, y mucho más en nuestras vidas. Pero un sistema perceptual que está tan calibrado para agresivamente arrancar patrones de una amplia gama de estímulos, siempre va a producir algunos falsos positivos”.

“De vez en cuando, vamos a ver o oír algo que no existe, y esos casos nos parecerán igual de convincentes”.

De hecho, nuestros ancestros del Pleistoceno necesitaban errar en el lado de la precaución para mantenerse bien alimentados y seguros ante los predadores.

Por ejemplo, si un cavernícola andaba por un camino y tenía una sensación de peligro, no perdía nada saltando detrás de un árbol hasta determinar que el camino estaba seguro.

Además, cuando los cavernícolas se veían ante catástrofes como terremotos o huracanes, no tenían manera de comprenderlos, y los atribuían a que los dioses estaban expresando su desagrado. Hoy día, sin embargo, tenemos suficiente información para no tener que caer en explicaciones primitivas, mágicas, dijo el Prof. Davis.

“Nuestro problema no es la capacidad de los mecanismos cognitivos que hemos heredado; es nuestra inhabilidad para desconectarlos”, escribe. “Funcionan demasiado bien y con demasiada frecuencia”.

El argumento de la lógica cavernícola del profesor Davis es producto de una vida larga y diversa que ha abarcado el arte y la ciencia. Nacido y criado en New York, de adolescente tocaba guitarra rockabilly, luego fue a Columbia University y acabó residiendo en California. Los terremotos, el smog y la política al final le hicieron exiliarse hacia el norte, a Ontario en 1971. Ha producido nuevas versiones de discos clásicos de música americana como hillbilly, rhythm and blues y pop -para media docena de discográficas. Ha escrito libros sobre películas antiguas de ciencia ficción y sobre béisbol de ligas menores.

Gran parte de su carrera académica la ha dedicado a comprender la cognición en animales y los vínculos entre seres humanos y otros animales. Entre los 100 artículos científicos que ha publicado se incluyen estudios sobre la capacidad que tienen las ratas, las vieiras y las cucarachas bufantes para distinguir entre humanos. El Prof. Davis y un colega estudiaron una docena de cucarachas para determinar si llegarían a conocer a personas individuales; dejaban que los bichos caminaran sobre sus manos y los acariciaban, y con el tiempo, la mayoría dejaba de bufar.

Parte del problema con nuestros cerebros, escribe, es un “error de detección causal” que nos lleva a creer erróneamente que nuestro comportamiento tiene más efecto sobre nuestro entorno del que en realidad tiene. Este “comportamiento supersticioso” ha sido observado en todo, desde palomas, hasta ratas, hasta en personas, escribe el Prof. Davis.

Piensa en un fan de un equipo que se niega a levantarse de la silla para hacerse un sandwich mientras sigue el partido, no vaya a ser que sus acciones influyan en el juego. Aunque reconozca que sus acciones son absurdas, seguirá temiendo que si cambia algo, podrá afectar el resultado del partido.

“Yo sería más optimista sobre la posibilidad de la supervivencia de nuestra especie si la pseudociencia, la religión organizada, y una amplia gama de otras delusiones fueran voluntariamente eliminadas”, dice el Prof. Davis, que es ateo.

“Necesitamos ver a nuestras mentes de la Edad de Piedra como lo que son, si queremos algún día lograr arrastrarnos, pataleando y chillando, hasta el siglo 21… Nuestros cuerpos parecen haberse adaptado bastante bien; son nuestros cerebros los que son cada vez más obsoletos”.

Confía en que las ideas en su libro, su espíritu de escepticismo y la llamada que hace hacia niveles más altos del pensamiento crítico, se difundirán de la misma manera que lo hace, con tanta facilidad, la religión. Pero mientras dice que el apetito por este tipo de argumentos va en aumento, admite que sus asunciones siguen siendo minoritarias. Pedir a la gente que re-entrene su cerebro para cuestionar sus creencias más fundamentales es una tarea difícil. “Nombramos a nuestras hijas Esperanza y Milagros. Nunca las nombramos Duda o Escepticismo”, dice el Prof. Davis. “Esos no son valores admirados. Creo que lo deberían ser”.

Se sienta en su solárium, rodeado por un bosque de árboles densos y verdes. En las ventanas tiene, pegadas con celofán, páginas corregidas de su manuscrito, como si fuesen advertencias o algún tipo de mensaje especial.

“Puede que las iglesias sean un componente de la cultura, pero también dependen de cosas culturales para mantenerse”, dice en una de las páginas. “El sur americano es un buen ejemplo. Las iglesias compiten por atención tanto como lo hacen los concesionarios o las compañías de telefonía…”

Cuando se le pregunta sobre el simbolismo de estas palabras impresas, posicionadas cara al bosque, el Prof. Davis ofrece una sencilla explicación -una que está perfectamente en línea con su campaña contra la lógica cavernícola. “Los pájaros frecuentemente se estrellan contra estas ventanas”, dice el profesor. “Aquí morían muchos pájaros. No son más que páginas de un manuscrito”.

Fuente: http://www.terceracultura.net/tc/?p=1359

No hay comentarios: