El prestigio de la ciencia es tal que todo el mundo quiere tenerla de su lado. La ciencia es un árbitro fiable de los hechos para la mayoría de nosotros, al menos cuando conduce a cuestiones empíricas en las que es posible mostrar la evidencia. Por ello no es asombroso que intenten reclutar la ciencia para su bando incluso aquellos con convicciones sobre la naturaleza de las cosas patentemente basadas en la fe. Los ejemplos obvios son los creacionistas abogando por un diseño inteligente que sostiene que la ciencia, si es propiamente conducida, proporcionaría apoyo a sus hipótesis sobrenaturales (ver aquí). El argumento pasa entonces a ocuparse de la naturaleza misma de la ciencia: ¿posee esta métodos y suposiciones canónicas? ¿Cuáles son estas, y se sienten algunos científicos culpables por permitir que su visión del mundo se entrometa en una buena práctica científica? Si la ciencia tal y como es conducida comúnmente no apoya tu metafísica, entonces la tentanción tal vez consista en afirmar que la mayoría de los científicos son culpables de malversación.

La controversia sobre el diseño inteligente constituye quizás el mayor frente de las guerras de la ciencia, seguido por las disputas en torno a lo paranormal, pero se está abriendo un nuevo frente alrededor del tema del materialismo y del fisicalismo. ¿Posee la ciencia un prejuicio favorable a la suposición materialista-fisicalista, a la idea de que la naturaleza contiene fundamentalmente sólo cosas materiales? Un pequeño pero ruidoso grupo de neurocientíficos autodenominados antimaterialistas y dualistas mantuvieron un symposium en las Naciones Unidas el pasado año, argumentando que la ciencia de hecho había sido secuetrada por materialistas dogmáticos, que extraen evidencias errónamente para fenómenos categóricamente no físicos. New Scientist publicó un buen artículo sobre ello, citando a algunos respetados científicos y filósofos que, de modo poco sorprendente, ven a los anti-materialistas como dogmáticos, intentando entrometerse en la ciencia para servir a su agenda.

Estas posiciones opuestas fueron reflejadas en dos repuestas a la cuestión Edge de 2009, ¿Qué cambiará todo?. Una es del biólogo Rupert Sheldrake, que dice que los días del materialismo están contados: algunas cuestiones, por ejemplo sobre la naturaleza de la conciencia, nunca serán respondidas a menos que la ciencia sea liberada de su suposición de que todo lo que hay es el mundo físico. Dice que “se está disolviendo la confianza en el materialismo. Sus líderes, como los bancos centrales, continúan emitiendo notas promisorias, pero ha perdido su credibilidad como dogma central de la ciencia.” La otra es del biólogo P.Z. Myers, que dice que el materialismo funciona, y que eventualmente las personaras se habituarán a la idea de que no tienen almas, ampliamente creída como la esencia inmaterial de nuestro ser: “La mente es claramente un producto del cerebro, y las viejas nociones de almas y espíritus cada vez parecen más ridículas…aunque sean ideas casi universales, enredadas con las racionalizaciones de las personas sobre otra vida después de la vida, sobre el castigo y la recompensa última, y sobre su concepto del yo.” Los escritores científicos John Horgan y George Johnson discuten el conflicto materialismo/antimaterialismo de Sheldrake y Myers en Bloggingheads, y ha habido un prolongado debate entre el materialista Steven Novella y el dualista Michael Egnor, ambos neurocientíficos, en sus respectivos blogs, aquí y aquí.

¿Quién tiene razón y cómo lo decidimos? Sheldrake y Myers son ambos respetados y conocidos biólogos, por lo que deben compartir un territorio considerable en el sentido de cómo practican día a día la ciencia. Pero obviamente esto no es suficiente para sostenerles en el mismo lugar cuando se trata del materialismo.

Un modo de moderar el argumento, si no de resolverlo completamente, consiste en ver a la ciencia primariamente como un método de investigación, no como un *repositorio* de verdades metafísicas. La ciencia no posee un compromiso particular con el materialismo en cuanto conclusión final sobre el mundo, simplemente es que hasta ahora no se ha encontrado evidencia, explicación o justificación para fenómenos categóricamente inmateriales como las almas, los espíritus o los cuerpos desencarnados y sus voluntades (si puede alcanzarse un acuerdo sobre las características definitorias de tales fenómenos es una cuestión abierta e interesante). Si tales evidencias se acumularan y se incorporaran las entidades no físicas a nuestras mejores teorías explicativas, ningún científico se quejaría. Es simplemente el modo en que cambian las cosas. Lo que buscan los científicos, en cuanto científicos (y no en cuanto abogados de una visión del mundo), es transparencia explicativa y modelos de realidad fiables y predictivos al máximo (ver aquí). Nadie puede decir de antemano a donde nos llevarán estos desiderata cognitivos. Si Sheldrake y Myers pudieran estar de acuerdo en este punto, entonces sus opiniones opuestas sobre el materialismo no tratan fundamentalmente sobre ciencia, sino que apuestan sobre hacia donde es probable que nos conduzca la ciencia.

Sheldrake parece pensar que la ciencia debe limitarse a su menú actual de opciones cuando dice “Pero aún no hay una prueba de que la vida y las mentes puedan explicarse solamente por la física y la química.” Bastante justo, ningun científico honesto supone que podemos saber de antemano lo que deben implicar las explicaciones científicas finales a cerca de la vida y la mente. Acaso campos totalmente nuevos de investigación se desarrollarán. Sin embargo, es muy improbable que varíen las constricciones metodológicamente básicas de la ciencia y sus criterios sobre adecuación explicativa. Son estos requerimientos los que han desplazado las hipótesis del creacionismo o del diseño inteligente, y serán aplicados de la misma forma a cualquier otra hipótesis categoricamente no física.

Sheldrake dice que “la ciencia será más libre, y más divertida” una vez liberada de su prejuicio materialista. Pero la ciencia, propiamente conducida, no posee tal prejuicio, y sus juicios o hipótesis antimaterialistas se determinarán empleando las mismas reglas sobre la evidencia y la explicaión que aplica a cualquier hipótesis, materialista o de otro tipo.

Fuente: http://www.terceracultura.net/tc/?p=928

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