Paul Davies y la Fe implícita en la Ciencia

El debate entre ciencia y religión es recurrente, y con frecuencia cansino y repetitivo. A fuer de ser sinceros, en muchas ocasiones es también artificial, al menos en el contexto del judeo-cristianismo, en general alejado de literalismos (por supuesto, con clamorosas y ruidosas excepciones). En cierto sentido, esto es lo que llevó a Stephen Jay Gould a postular su principio de los magisterios separados, esto es, que ciencia y religión son paradigmas diferentes cuyos campos de aplicación son distintos, y para los que en cada caso uno es apropiado y el otro no. Esta idea no está exenta de crítica, ya que por ejemplo Richard Dawkins -rememorando u honrando quizás cuitas anteriores- considera que cuestiones tales como la existencia de Dios entran dentro del ámbito de lo científico, y son falsables. Un punto de vista diferente al de los dos anteriores es el expuesto recientemente por Paul Davies en un artículo de opinión en el New York Times titulado “Taking Science on Faith“. El argumento principal de Davies es negar la separación entre el magisterio científico (basado en modelar, explicar y predecir lo empírico) y el magisterio religioso (basado en la creencia de lo que aparentemente carece de base empírica), no porque el objeto último de la creencia sea falsable, sino porque el propio paradigma científico tiene también su propio sistema de creencias. En sus propias palabras:

Toda la ciencia se basa en la suposición de que la naturaleza tiene un orden racional e inteligible. Uno no podría ser científico si pensara que el universo es un revoltijo sin sentido de probabilidades y sucesos yuxtapuestos azarosamente. Cuando los físicos investigan un nivel más profundo de la estructura subatómica, o cuando los astrónomos extienden el alcance de sus instrumento, esperan encontrar un elegante orden matemático. Y hasta el momento esta fe ha estado justificada.

Indudablemente, este anhelo de orden y elegancia matemática existe, y va más allá de que sea imprescindible para poder realizar ciencia: está profundamente imbricado en nuestras mentes, constituyendo en muchas ocasiones el motor del avance científico. Sea como fuere, ¿es racional esta suposición? En términos prácticos está claro que hasta el momento funciona, y que si resultara irracional, la propia ciencia -incluso el universo- lo sería también. En el mejor de los casos todo sería una siniestra broma, un castillo en el aire sin razón ni base.

La cuestión -una vez que se tienen las leyes físicas- es entonces dar con el porqué de dichas leyes. Al llegar a este punto es donde la física puede empezar a convertirse en meta-física. Considerar que las leyes físicas son así como las observamos, pero que el motivo de las mismas está fuera de nuestro alcance nos lleva a una suerte de deísmo, aunque sea involuntario. Uno de los argumentos más recientes para explicar el origen de estas leyes, y cómo éstas parecen estar finamente ajustadas para nuestra existencia es el bien conocido Principio Antrópico. Este principio encaja muy bien con los modelos que emanan de la Teoría de Cuerdas y que sugieren que hay un gran número de universos posibles (en torno a 10500, correspondientes a diferentes mínimos dentro de un paisaje cósmico). A nadie escapa que una explicación antrópica es poco atractiva en términos científicos, lo que indirectamente resulta en la paradoja de que que se refuerce su aceptación por parte de la comunidad física ante el fracaso en la búsqueda de explicaciones no-antrópicas (mucho más “digeribles”).

Cosmic Landscape

En cualquier caso, Davies argumenta en relación a la existencia y funcionamiento de este paisaje cósmico (y en realidad de cualquier multiverso que pudiera existir), y sobre cuáles son los mecanismos físicos que llevan a la creación de estos múltiples universos, y que fijan sus leyes locales. La cuestión sobre el origen de las leyes físicas se traslada entonces a otro nivel superior. Suponer que las meta-leyes que gobiernan la existencia de las leyes locales son eternas y prefijadas es una suposición que puede hacerse transitoriamente, pero que en última instancia ha de poder plantearse y explicarse en términos científicos. Según Davies:

[...] Las leyes deberían tener una explicación desde dentro del universo, y no apelar a un agente externo. Los detalles de la explicación son materia de investigación futura, pero mientras la ciencia no encuentre una teoría comprobable de las leyes del universo, la afirmación de que está libre de fe es manifiestamente falsa.

Como dicen los angloparlantes, food for thought.

Fuente: http://singularidad.wordpress.com/category/humanidades/filosofia/

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