La Construcción del Significado en la Aldea Global de Marshall Mc Luhan



El estatuto teórico del pensamiento de Marshall McLuhan dentro de los círculos académicos interesados en los medios de masas ha sido cuestionado desde los primeros años de su divulgación. Para una generación de jóvenes estudiosos y profesionales de la comunicación, McLuhan fue un visionario, un pensador adelantado a su tiempo cuyos aforismos y excentricidad le granjearon una posición casi sacerdotal. Por otro lado, ese estilo literario poco ortodoxo y ambiguo, aunado a su predilección por la exposición pública de su persona impidieron que las reflexiones que delinearon su posición acerca de los medios de comunicación fueran tomadas seriamente dentro de la comunidad científica. A lo anterior podemos añadir el hecho de que la presentación que McLuhan dio a sus ideas, incluyendo sus libros cifrados en una combinación de palabras e imágenes, ha dificultado una comprensión integral de las mismas. Aún hoy, no podemos afirmar con certeza que cuando McLuhan se refería a asuntos como la forma en que los medios afectaban la percepción o cuando vislumbraba la conformación de una Cosmópolis tecnologizada atravesada por prácticas tribales tuviese en mente las consideraciones epistemológicas y sociológicas que hoy les atribuimos. En ese espíritu de indagación "a ciegas" y con toda la arbitrariedad de interpretación que aceptan los textos de McLuhan, reflexionaré acerca de cómo podemos aproximarnos a lo que el autor definió como la "Aldea Global" tratando de ubicarla dentro de las directrices generales de su obra.

Determinación Tecnológica


El pensamiento de McLuhan acerca de la llamada aldea global no puede separarse de su concepción acerca de cómo la presencia y ante todo la utilización de los medios de comunicación tienen efectos sobre la forma en que los hombres se relacionan entre sí y con la manera en que conciben el mundo. Esta es una premisa básica asumida a lo largo de la obra de McLuhan y a la cual se refirió en numerosas ocasiones al ser cuestionado sobre el significado de sus aforismos. En el centro de esta apreciación de cómo la estructura de relaciones cotidianas está determinada por los medios de comunicación podemos rastrear lo que McLuhan definió como el principio de determinación tecnológica de la percepción, según el cual, el avance de la tecnología transforma irremediablemente la manera de pensar al mundo. Si bien la tesis no es exclusiva de McLuhan, sí lo es el hecho de haberla utilizado como base para el análisis de los efectos de los medios de comunicación entendidos como el dispositivo tecnológico que caracteriza a la sociedad moderna, pero sobre todo, el asumirla como credo y aceptar la necesidad de utilizar los medios masivos de su época como el vehículo para reflexionar acerca de los mismos. Podemos suponer que McLuhan sabía que sólo desde el medio podía operarse una reflexión que tuviera consecuencias reales dentro de la percepción que de los medios se tenía. El medio, tanto entonces como ahora, es la "era de las masas", la herramienta de una sociedad que para el autor asumía cada vez más la forma sociedad total: un mundo cuyos rasgos se concebían en una matriz de tecnología pura.

Nueva Disposición Cognitiva

¿Cómo entender esa relación de necesidad entre tecnología y realidad? Con la tecnología de medios masivos surge una nueva disposición cognitiva cuyo resultado es una inusitada cartografía del mundo social. La sociedad global no es el producto de una reflexión de un espectador/autor aislado, ante todo, es el reflejo de cómo los patrones cognitivos se exteriorizan y asumen la forma de comunicación científica, política, económica y cultural indiferente a quién la elabora y cómo logró dar con ella (aunque seguramente el contacto fue posibilitado desde los medios de comunicación). Es la representación de una sociedad configurada por tecnologías de medios ya sean "fríos" o "calientes" donde los habitantes constituyen espectadores/autores de acontecimientos dispuestos de manera absoluta, definitiva, donde no hay resquicio por el que se cuele la duda acerca de un orden que aparece como evidente. Los valores están definidos al igual que las formas de hacerlos prevalecer y de absorber sus contradicciones internas. En la nueva aldea las prácticas que definen en un sentido curiosamente tradicional lo "cultural" no son "intervenidas" por el medio ya que la comunicación no puede ser reducida a una forma de hipnosis, manipulación o colonización de la vida cotidiana; por el contrario, el medio es tecnología utilizada para fines diversos que pasan siempre a un segundo plano ya que lo importante es la transformación cognitiva que la existencia del dispositivo tecnológico plantea para la conformación del universo de sentido que se ve exteriorizado en nuevas relaciones sociales, en formas de interacción que rompen sin exterminar formas sociales previas generando la psicosis de un conservadurismo que situado sin saberlo en la aldea global añora tiempos pasados que siempre aparecen como mejores.
La tecnología de los medios de comunicación ha provocado desde sus orígenes una serie interminable de revoluciones cognitivas, un enlazamiento de renovadas formas de percibir el mundo. En un sentido amplio y altamente incluyente los medios han programado la forma como sintetizamos nuestras experiencias y creamos cultura: el lenguaje funciona como una ontología primitiva que introduce el ser e instaura una metafísica que oscila entre el orden y el cambio; la imprenta altera la percepción y hace de la presencia algo independiente de la existencia física; el arte en todas sus formas restaura en el mundo las formas destruidas por el tiempo (el cine, por ejemplo, agrega dinamismo y enlaza los instantes preservados por la fotografía que fueron insinuados de manera sutil por la pintura); finalmente, los modernos medios masivos fungen como el sistema nervioso que presencia/construye un universo empequeñecido por los sistemas de información. En perfecta sincronía las "observaciones mediáticas" definen el sentido al que habrán de ser referidas nuestras concepciones para ser significativas, coherentes e incluso legítimas. Lo mismo opera para nuestras acciones a las que el discurso sociológico weberiano y post-weberiano aspira a interpretar haciendo referencia a un orden de sentido introducido al mundo desde su propio punto ciego.

Las Referencias Múltiples

Hoy nos encontramos en un mundo cifrado por referencias múltiples, diversas, a veces antagónicas y sobre todo universales. Ante la mirada ingenua del habitante de la aldea global los aspectos particulares de la composición pasan inadvertidos, conforman un todo con una lógica cimentada en la naturaleza, en la simplicidad de la seducción audiovisual, incluso virtual, que condensa el pensar y el actuar en el mundo. El artificio convierte realidades imposibles en "cosa de todos los días": el sistema de defensa antimisiles de los Estados Unidos lleva el mismo nombre de la épica cinematográfica cuyos arte-factos han devenido naturaleza en el mundo de la vida cotidiana. Las diferencias culturales se resuelven al interior de criterios que traducen lo heterogéneo a lo homogéneo y viceversa (la música grabada "originaria" de una región se cataloga ahora como "étnica" y paradójicamente al introducir esta referencia particular como condición de búsqueda en cualquier sistema de información musical nos devuelve en toda su diversidad la complejidad de lo heterogéneo). La desición de optar por lo particular parece imposible dado que al regresar a lo básico, a lo primitivo, a lo aparentemente no contaminado por esta sobre-estimulación de referencias globales, el carácter cognitivo de la aldea global se manifiesta simultáneamente en la desición y en la acción: lo particular ha pasado a ser patrimonio de la generalidad.

A pesar de las similitudes debemos enfatizar que la aldea global no es la sociedad de la globalización como afirman algunos de los apologistas del McLuhan visionario, no es un "nuevo" orden mundial de mercado, democracia y "nuevas" tecnologías. La aldea global es un territorio ordenado por nuestros sentidos, un producto cognitivo tecnológicamente determinado que bajo la forma de espacio virtual transitamos de manera cotidiana y donde la globalización es un tópico más de conversación, donde la guerra y la paz son configuraciones de sentido específicas dotadas de consecuencias predecibles pero que se codifican dentro del mismo territorio. Los acontecimientos que presenciamos en el mundo, las "noticias", las catástrofes, las celebraciones multitudinarias forman parte de los rituales donde la tribu plasma el orden que se le atribuye al cosmos. La aldea global es la misma aldea originaria y primitiva pero sus habitantes ya no hacen la guerra con lanzas sino con imágenes digitales vía satélite.

¿Dónde colocar a McLuhan?

¿Dónde podemos entonces colocar a Marshall McLuhan? Creo que es conveniente abandonar tanto las posturas grandilocuentes acerca de su figura como toda posición ortodoxa con respecto a cómo debió producirse la exposición de sus ideas para poder ser consideradas propiamente científicas. Quizá podamos considerarlo como un pensador tardío dentro del debate sobre la sociedad de masas a lado de Edward Shills o Dwight Macdonald cercano a Daniel Bell y opuesto Adorno y Horkheimer. Sin embargo, y como lo he insinuado anteriormente, McLuhan no es simplemente lo que Eco consideraría un "integrado": sus ideas representaron en su momento - y creo que siguen representando- la herramienta a través de la cual el medio devino reflexivo. Sin proponérselo la reflexión de McLuhan fue a la vez la reflexión del medio sobre sí mismo y a través de sí mismo. En la obra de Marshall McLuhan los medios de comunicación se reconocen como tecnología que transforma lo orgánico individual en un orden superior, una permanente y renovada fuente de conocimiento cuyo resultado parece ser un entramado policontextual de perspectivas simultaneas condensadas en lo que a falta de una designación mejor seguiremos denominando la "aldea global".

Fuente: http://www.conocimientoysociedad.com/

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