Acerca de Blavatsky y los temas socialmente incómodos
Marcelo Jeremías

La simple posibilidad de hallar una clave de unificación de los distintos idiomas en sus también diferentes raíces hace que la presentación de M. Blavatsky del senzar como un idioma anterior a nuestros fragmentados caminos lingüísticos contemporáneos una presentación profundamente provocativa al establishment del mundo.

Y esto tanto en occidente como en oriente.

Recuerdo que en lo personal por presentar procedimientos de unificación de criterios en relación a escuelas musicales de distinto origen (un tema ciertamente bastante menor que el que trató esta señora) también me topé con “personajes privilegiados” que cuestionaron mi hacer ya que con “claves de codificación matemática” según su restringido pensamiento no se puede acceder a una comprensión coherente de un “raga hindú” porque para eso se necesita viajar antes al Taj Mahal y hacer un curso de meditación con algún personaje en inglés, es decir que para acceder a comprensiones profundas se necesita dinero que normalmente las personas comunes no tenemos ¿? Y no necesariamente sentido común.

Y este pensamiento es una extensión deformada del mito de la caverna de Platón como metáfora de las clases sociales y detrás de esta idea la presunción de que pertenecer a una clase “social especial” es una cuestión de capacidad de “consumo” en nuestra sociedad y no una realidad basada en la educación y cualificación humana (connotación demasiado idealista para los depredadores).

En lo concreto parece que Blavatsky no hizo una presentación formal de ningún idioma pero sí dio pistas válidas para acceder a nuevos enfoques lingüísticos y para vincular el “asunto del lenguaje” con el “inconsciente” y al inconsciente con “estratos de memorias transpersonales” (antes que esta escuela psicológica se formalizara con la obra de C.G.Jung) y este fue un tema que en la forma de presentación que ella dio molestó profundamente a la sociedad y a los modelos económicos y políticos que después vinieron (incluído la identificación surrealista de líderes nazis con la conocida svástica y los textos teosóficos sobre la historia “antediluviana”).

Cuando Blavatsky en:

Stanzas de Dzyan: Cosmología de Otro Mundo

"... La que escribe estas líneas tiene a la vista un manuscrito arcaico, una colección de hojas de palma impermeables a la acción del agua, del fuego y del aire, por un procedimiento específico desconocido. Hay en la primera página un disco de perfecta blancura, destacándose sobre un fondo de un negro intenso. En la página siguiente aparece el mismo disco, pero con un punto en el centro..." (1)

Dice lo que arriba leemos, podemos atribuir el significado a diferentes cosas del mundo incluso contemporáneo de la información pero quienes se sientan molestos con la “ideología” que trasunta en la posibilidad de que el mundo y la historia de las civilizaciones es algo más antiguo de lo que relatan los historiadores, arqueólogos, teólogos y las autoridades consensuadas estos van a tratar de descalificar de lleno a quien escribió estas “cosmologías”, sea un relato auténtico o una auténtica ciencia ficción simplemente porque la imaginación es una puerta que es difícil de “controlar” y puede producir “personas peligrosas con elevado espíritu de libertad”, lo que resulta molesto a quienes pretenden usufructuar privilegios especulativos.

Entonces si “no se puede detener una información” sí se puede “embarrar la cancha” para que cuando se hable de esto nadie sepa en realidad “de qué se está hablando” y eso es lo que hace la gente “rastrera” que pretende especular con la oscuridad.

Del mismo modo si la música es una puerta de acceso a comprensiones profundas del alma y la historia del hombre, el controlar el espacio social del músico equivale a neutralizar cualquier posible efecto negativo o desestabilizador para la “sociedad de facto” que establece los contextos no necesariamente más saludables aunque sí los “económicamente rentables”, entonces esa es la diferencia básica en lo que solemos llamar música “comercial” de lo que es “simplemente música” y la consecuencia es que siempre puede haber música en la música comercial, pero no existe un concepto o definición de estilo o género de música comercial o pop (como diminutivo de popular) en sí misma mas allá del proceso puntual de comercialización y difusión en los medios. Y sobre este tema una vez Hermeto Pascoal comentó que cualquier música que se difunda puede ser música popular, la cuestión es la difusión.

Y este ya es un asunto (por lo menos) político que se relaciona con la historia de Blavatsky en más de un borde del objeto porque también hay músicos que “pueden ser molestos para otros músicos con quizás menos talento pero con más recursos sociales” y así es como necesariamente el artista para sortear esta clase de dificultades necesita ser “tan ligero como el viento” y “tan flexible como el agua inatrapable” para “atravesar esas barreras” que son prejuicios que están instalados en la sociedad hace tiempo y no se disuelven simplemente con sonido ya que las conductas reaccionarias o de “defensa” tienen raíces anteriores a nuestra condición de “humanos” y los asuntos de “definición de territorios” son complejos porque interviene necesariamente “el lenguaje” y quien desarrolla el lenguaje de un “modo eventualmente nuevo” puede ser un cuestionador de espacios, territorios o historias para quienes carecen de esa capacidad “creativa” o posean “programas mentales especialmente densos”, sin embargo ese es el territorio natural del artista y con el cual también conmueve, emociona y desde donde desarrolla estrategias y vive.

Fuente: http://jazzvocesyfronteras.blogspot.es/

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