ORIGEN DE LOS SERES VIVIENTES EN EL UNIVERSO

Sujetándonos a nuestro conocimiento de las leyes físicas y químicas que actúan en el universo, los científicos sabemos que la vida es una posibilidad térmica en toda la extensión del mismo.

Los elementos se producen en las nuevas estrellas que los generan por efecto de las reacciones termonucleares que ocurren en las primeras fases de formación de las estrellas. Muchas estrellas surgen de la condensación de gases y polvo dispersados por las explosiones de las supernovas. Las estrellas así originadas son más factibles de tener planetas habitables que las estrellas con un metalicidad más baja, pues las estrellas con baja metalicidad tienen un período de actividad más corto, en relación con su actividad termonuclear; luego pues, las estrellas con metalicidad baja están activas durante un tiempo tan corto que no permiten la emergencia y evolución de seres vivientes en los planetas que las orbitan.

Los compuestos orgánicos e inorgánicos -especialmente el agua- se forman en la nebulosa solar gracias a fluctuaciones en la densidad de la energía, la cual causa transiciones de la fase en las moléculas que permiten la autosíntesis espontánea de substancias sencillas, tanto orgánicas como inorgánicas.

El agua en las nebulosas estelares permite la refrigeración del medio interestelar, propiciando la síntesis directa de glicerol y compuestos orgánicos más complejos, como amoniaco, aminoácidos, lípidos y quizás globulinas en los huecos y grietas de los granos de polvo que contienen agua, la cual sufre transiciones repentinas de fase sólida a fase líquida y viceversa.

La radiación ultravioleta, el calor y otras formas de radiación estelar -ayudadas por agentes condensadores- causan la polimerización de los compuestos sencillos para hacer moléculas más organizadas de hidrocarburos, carbohidratos, proteínas y lípidos, que son integrados como glóbulos microscópicos en el agua congelada atrapada por los gránulos de polvo (fractales) en las nubes planetarias.

Cuándo las nebulosas planetarias bajan su temperatura hasta un nivel apropiado, ocurre la síntesis espontánea de microesferas con membranas externas de lipoproteínas, bajo el efecto de la radiación ultravioleta y el calor generado por los choques entre las partículas de polvo. Las microesferas contienen una diversidad más grande de compuestos orgánicos gracias a los substratos aglomerantes que actúan como estratos que facilitan la acumulación y la interacción de las substancias. Ejemplos de substratos aglomerantes son los gránulos de fosfato de calcio, de carbonato de calcio, de carburo de silicio, de grafito, de fulerenos (formas alotrópicas de carbón) o de Sulfuro Ferroso, los cuales pueden o no contener hielo de agua, y por la acción de agentes condensadores (substancias que promueven la síntesis abiótica de biomoléculas, tanto simples como complejas; por ejemplo, HCN (Cianuro de Hidrógeno) y C2H2 (acetileno). Estos compuestos son abundantes en los medios interplanetarios de estrellas en gestación. Se ha confirmado artificialmente que el Cianuro de Hidrógeno y el Acetileno actúan como agentes condensadores. Los ensayos indican que la biopolimerización de proteínas y sacáridos complejos es facilitada por esos agentes y por las reacciones promovidas principalmente por bosones de alta energía.

Volviendo a las microesferas, las partículas de polvo (fractales) suspendidas en las atmósferas planetarias retienen a las microesferas en sus huecos y agrietamientos. Los granos del polvo actúan como protectores de las biomoléculas contra la radiación ionizante de las estrellas, así que las transiciones de fase permiten la síntesis de biomoléculas más complejas, por ejemplo, ceras, fosfolípidos, proteínas, glucoproteínas y lipoproteínas. Estas moléculas construyen membranas sumamente estables y duraderas que engloban a un número mayor de microesferas que contienen productos biológicos diversos; sin embargo, las membranas simples son efímeras porque la radiación emitida por las estrellas que es recibida por los planetas las destruye. Sin embargo, muchas microesferas que son separadas del ambiente por membranas, o por estructuras semejantes a membranas, subsisten en ambientes hostiles por permanecer en granos de polvo que contienen agua congelada.

Debido a su baja resistencia a la radiación cósmica, no es posible la síntesis de nucleótidos en el espacio interplanetario. Probablemente, los nucleótidos se sintetizan en los planetas mucho tiempo después de la emergencia de las primeras formas vivientes. Además, la síntesis de moléculas de ácidos nucleicos no ocurre espontáneamente ni no-espontáneamente en la naturaleza. Por esta razón, los protobiontes formados en el medio planetario no pueden tener ninguna forma de ácidos nucleicos (ni ADN ni ARN).

La Fuerza de Gravedad de los planetas mantiene en órbitas planetarias concéntricas (como las capas de la atmósfera) a las pequeñas concreciones de granos de polvo estelar con microesferas contenidas dentro de membrana amfifílicas, formando nubes densas de polvo, vapor de agua, amoniaco, acetileno, cianuro de hidrógeno, metano, bióxido de carbono y otros gases; sin embargo, la aceleración de los granos de polvo y el calor intenso emitido desde la superficie de los planetas impide la precipitación del polvo sobre las superficies planetarias. En fases posteriores a la gestación de los planetas, el vapor de agua se condensa en las atmósferas planetarias para formar gotas pesadas que se precipitan a los suelos planetarios, arrastrando granos de polvo que retienen o no a las microesferas.

Aún suspendidas en las atmósferas planetarias, las microesferas se aglutinan en los granos húmedos de polvo para formar estructuras prebióticas segregadas por membranas amfifílicas más complejas –conocidas como protobiontes- que no son aún formas vivientes, pero que ya experimentan algunas vías de transferencia de energía muy similares a las de los seres vivientes (biontes).

Cuando los planetas se enfrían rápidamente y ocurren lluvias copiosas, los fractales con o sin protobiontes son arrastrados hacia abajo por las gotas de agua hasta las superficies de los planetas.

Una vez colocados en suelos planetarios, descansando sobre capas húmedas de tierra o en los fondos de charcas poco profundas, los protobiontes pueden mantenerse estables bajo nubes densas de vapor de polvo y agua suspendido en las atmósferas planetarias que los protegen de la radiación cósmica intensa.

Miles de millones de protobiontes pueden ser destruidos por las condiciones agresivas de los ambientes planetarios; no obstante, cuando los planetas se enfrían aún más y las estrellas son menos variables, las estructuras básicas de los protobiontes pueden permanecer estables durante períodos más prolongados de tiempo. La diferencia consiste en que los microambientes posean los factores básicos que les permitan resistir y prevalecer bajo la presión de los ambientes planetarios incipientes.

La evolución química posterior depende de la fusión de grupos de protobiontes, unos a otros, por afinidad electroquímica. Los protobiontes se fusionan unos a otros formando vesículas con membranas continuas. Esas vesículas complejas son depositadas en tierras húmedas o en el fondo de charcas superficiales o subterráneas. Las fisuras y huecos en los fondos acuáticos, repletas de substancias químicas, son cubiertos por las biomembranas para establecer microambientes fisicoquímicos semejantes al citosol de las células modernas. Esto resuelve el problema de la catástrofe osmótica que ocurriría si la hipótesis del "caldo nutritivo" de Oparin fuera verdadera. La paleontología y las observaciones geológicas indican claramente que los "caldos nutritivos" no han existido y no pueden existir en la naturaleza real.

Una vez fusionados, algunos protobiontes llegan a evolucionar a biontes al poseer configuraciones moleculares que son propensas a experimentar la fase biótica, gracias a cambios bioquímicos estructurales sucesivos en las biomembranas. Esta configuración compleja de las biomembranas permite la agregación de polipéptidos y glucopéptidos que promueven cambios en los campos magnéticos que establecen los patrones de los gradientes de electroquímicos que establecen un campo electrodinámico que permite la transferencia de energía a través de partículas (biotransferencia transcuántica de energía). Los biontes (organismos vivientes) se sintetizan a través de ese sistema evolutivo universal. Es el mecanismo mediante el cual surge cualquier forma viviente que exista o haya existido en cualquier parte del universo.

Desde el punto de vista de mi hipótesis, todos los seres vivientes existentes en cualquier planeta pueden ser engendrados a partir de un solo bionte vivo y autoreplicable (autopoiesis). Su reproducción sería semejante a la gemación de las levaduras, pero en ausencia total de ácidos nucleicos. Las proteínas autocatalíticas primigenias contienen la información necesaria para su autoréplica.

Permítame regresa a la abiogénesis cósmica: Las biomembranas extendidas sobre los fondos de las lagunas, cubriendo hoyos y grietas del piso rellenos con substancias orgánicas, llevan a cabo transferencias activas de fermiones y compuestos con el ambiente circundante.

La incorporación de proteínas, lípidos, y otras moléculas complejas al citosol promueven la formación de estructuras moleculares especializadas en la transferencia de energía desde el entorno; por ejemplo, las moléculas de ATP Sintetasa, nucleótidos de ácido ribonucleico, moléculas cortas de ácido ribonucleico, NADP, ADP, etc. Las cadenas pequeñas de ácido ribonucleico son sintetizadas por las proteínas autocatalíticas con afinidad bioquímica, transfiriendo la información de las secuencias de aminoácidos hacia moléculas codificadoras de ácido ribonucleico.

De esta manera, los biontes se mantienen estables por períodos más largos, además de que ellos pueden transferir la información de sus características individuales a través de las sucesiones de ácido ribonucleico hacia las vesículas nuevas engendradas por el simple crecimiento del citosol. Protegidos bajo un cielo oscurecido por polvo suspendido y vapores diversos, inmersos en depósitos de agua a no más de 36° C, los biontes se reproducen por medio de la formación de vesículas que crecen hacia fuera de las membranas como burbujas o brotes que tienen las mismas, características funcionales y estructurales de sus antepasados.

Las proteínas autocatalíticas, por sus características fisicoquímicas, dirigen necesariamente la síntesis de moléculas sencillas de ácido ribonucleico, formando cadenas de ARN cada vez más largas que contienen toda la información para la síntesis de las mismas proteínas autocatalíticas y de moléculas de ácido ribonucleico idénticas. Posteriormente, las mismas proteínas autocatalíticas producen nucleótidos de ADN y, después de ésto, cadenas completas de ADN.

La flexibilidad de esta hipótesis nos permite asumir que las ribozimas no son necesarias para la síntesis de las biomoléculas, las cuales se pueden reproducir por transformación electrodinámica de la cuarta configuración de otras proteínas en el mismo citosol. Algo similar a la reproducción de los priones, los cuales creemos que poseen estados cuánticos similares a los de las proteínas primigenias.

La Tierra no es el único planeta en el sistema solar que tuvo las condiciones favorables para la emergencia de los seres vivientes. Hay cuerpos siderales en donde se pudieron formar seres vivientes como en la Tierra; sin embargo, esos biontes extraterrestres no tuvieron las mínimas posibilidades de supervivencia debido a las condiciones inadecuadas de los ambientes planetarios en donde ellos se formaron debido a transiciones repentinas y extremas de las condiciones climáticas planetarias. Por ejemplo, en Marte pudieron surgir seres vivientes por la misma época en que surgieron en la Tierra, sin embargo, un cambio repentino y severo del clima en el planeta, ocurrido unos 400 millones de años después de su concreción, destruyó todos los biontes que podrían en aquel tiempo haber estar viviendo sobre ese planeta.

Biól. Nasif Nahle Sabag
Fuente: http://biocab.org

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