Movimiento Analítico


Ludwig Wittgenstein

(1889 - 1951)


Con este título nos referimos a uno de los más importantes movimientos filosóficos del siglo XX. Fiel a los principios básicos del empirismo y del positivismo, se diferencia de estas corrientes por el papel que da al lenguaje, a la investigación de sus condiciones de posibilidad, sus límites y estructuras básicas. Comienza en Inglaterra, se consolida en los años veinte y treinta en Austria, tras la Segunda Guerra Mundial se traslada a Estados Unidos, y a partir de los años cincuenta se extiende por el mundo entero, particularmente en los países anglosajones.

Las áreas de investigación más desarrolladas por el movimiento analítico son:

  • la lógica (inventan y desarrollan la lógica simbólica, la lógica matemática);

  • la filosofía de la ciencia (el estudio del método, estructura y fundamentación de la actividad científica), tanto de la matemática y la lógica como de las ciencias naturales;

  • la teoría del conocimiento: fundamentación del conocimiento, en sus dos expresiones fundamentales, el conocimiento común y el conocimiento científico.

Los elementos más comunes a todo el movimiento analítico son:

1. Empirismo y materialismo: la única realidad existente es la realidad espacio-temporal, y la única forma de conocimiento descansa en la observación empírica.

2. Preocupación por el estudio del lenguaje y de los límites del lenguaje significativo, en el caso del neopositivismo estudio del lenguaje ideal, ajeno a las imperfecciones del lenguaje cotidiano, y en el caso de la filosofía analítica, preocupación por el lenguaje cotidiano y sus distintos usos.

3. Crítica a la metafísica por considerarla un pseudosaber y concepción de la verdadera filosofía como un saber no substantivo, como una actividad que no da informaciones acerca de la realidad sino que establece los límites de lo que se puede decir y pensar con sentido.

En el movimiento analítico se distinguen dos fases:

a) Neopositivismo (o "Circulo de Viena", o "positivismo lógico", o “empirismo lógico”); representantes más importantes: Moritz Schlick (1882-1936), Alfred Ayer (1910-1989), Rudolf Carnap (1891-1979) y el primer Wittgenstein (el del "Tractatus Logico-Philosophicus");

b) Filosofía analítica; representantes más importantes: Gilbert Ryle (1900-1976) y el segundo Wittgenstein (el de las "Investigaciones filosóficas").

La diferencia más clara entre las dos etapas la encontramos en el tema del lenguaje: el neopositivismo muestra un especial interés por el análisis de la ciencia y la búsqueda de un lenguaje ideal desprovisto de las limitaciones del lenguaje cotidiano; la filosofía analítica dedica más atención al análisis del lenguaje ordinario (el cotidiano) y a sus distintos usos que al lenguaje científico.

Wittgenstein tiene un papel predominante en las dos etapas: en su primera época participa de ideas muy próximas al neopositivismo (muchos positivistas lógicos se inspiraron en su obra de juventud “Tractatus Logico-Philosophicus”); a su vez, las nuevas ideas a las que llegó en un segundo momento y que explicó en su obra “Investigaciones filosóficas” han dado lugar a la segunda fase del movimiento analítico, la filosofía analítica.

Filosofía analítica

Segunda etapa del movimiento analítico. Comienza a finales de los años cuarenta en Inglaterra (fundamentalmente en Oxford), se extiende por el mundo entero, de modo destacado en los países anglosajones, y llega hasta la actualidad.

Los filósofos que se incluyen en la primera etapa del movimiento analítico (el positivismo lógico) se preocuparon especialmente por el lenguaje científico y criticaron las limitaciones del lenguaje corriente. Frente a este punto de vista, la filosofía analítica no da particular importancia al lenguaje científico, antes al contrario, su característica principal es su interés por el lenguaje corriente, el lenguaje ordinario. Considera que el lenguaje ordinario o común tiene sentido y no debe ser sustituido por un lenguaje artificial. El lenguaje científico es uno de los muchos lenguajes que aparecen en la vida humana, como otros son el ético, el estético, e incluso el metafísico y el religioso. La tarea de la filosofía es el análisis de los distintos usos del lenguaje (de los juegos de lenguaje, dice el “segundo” Wittgenstein).

En los textos de estos filósofos encontramos los temas habituales de la filosofía (la causalidad, el conocimiento, la relación mente-cuerpo, los universales,...) pero para aclarar el significado de estos conceptos, no para hablarnos acerca de la realidad. Algunos filósofos analíticos señalan que este movimiento es imparcial en cuanto a las soluciones a las cuestiones filosóficas, pero una somera lectura de sus textos principales muestra que toman partido, y toman partido precisamente por las soluciones empiristas y generalmente materialistas. La función principal del filósofo consiste en elucidar el sentido de los conceptos y proposiciones. La filosofía no es una doctrina sobre la realidad sino una actividad clarificadora, actividad que muestra las confusiones lingüísticas, los abusos del lenguaje, de la filosofía tradicional.

Se suele considerar a George Edward Moore (1873-1958) como un precedente y al segundo Wittgenstein como uno de sus principales impulsores. Junto con el propio Ludwig Wittgenstein (1889-1951), los representantes más destacados de este movimiento son: John Wisdom (1904), Gilbert Ryle (1900-1976), John Austin (1911-1960), Richard Hare (1919), Norman Malcolm (1911) y Peter Frederick Strawson (1919).

Juegos Lingüísticos O Juegos De Lenguaje

Modalidades del lenguaje consecuencia de los distintos usos que del mismo hacemos en nuestra vida.

En su segunda época, la de “Investigaciones filosóficas”, Wittgenstein afirma que la teoría del lenguaje que había presentado en el “Tractatus” es inadecuada. Las tesis principales del “Tractatus” que el segundo Wittgenstein rechazará son las siguientes:

  • el lenguaje tiene una naturaleza o esencia que se puede descubrir mediante el análisis lógico y que es común a todas sus manifestaciones concretas;

  • la modalidad de lenguaje fundamental es el lenguaje declarativo, el lenguaje con el que informamos acerca de la realidad;

  • el lenguaje corriente puede depurarse mediante el análisis lógico hasta dar con las estructuras lingüísticas que expresen fielmente los rasgos de la realidad;

  • en ese lenguaje ideal a cada palabra le debe corresponder un significado y a cada significado una palabra.

Sin embargo, en la época de las “Investigaciones filosóficas” rechaza la primacía del lenguaje declarativo y esta visión esencialista del lenguaje: con el lenguaje podemos hacer más cosas que describir la realidad (podemos dar órdenes, rezar, contar una historia,...); además, no existe un conjunto de rasgos que estén presentes en todas y cada una de las formas de lenguaje, el lenguaje tiene muchas manifestaciones y entre todas ellas lo único que existe es un “parecido de familia”. El lenguaje es un instrumento de la vida, por lo que habrá tantos tipos de lenguaje como esferas fundamentales de la vida. Los juegos de lenguaje son los diferentes tipos de lenguaje El número de tipos de lenguaje no está dado de una vez por todas pues los juegos de lenguaje cambian, nacen nuevos tipos y desaparecen otros. En las “Investigaciones filosóficas”, 23, Wittgenstein presenta ejemplos de tales juegos de lenguaje: dar órdenes y obedecerlas; describir un objeto según su apariencia; relatar un suceso; formar y comprobar una hipótesis; inventar una historia; actuar en teatro; cantar a coro; adivinar acertijos; hacer chistes y contarlos, resolver un problema de aritmética práctica; suplicar, agradecer, maldecir, saludar, rezar,...

La visión esencialista del lenguaje que defendió en el “Tractatus” suponía que cada concepto debía tener un significado unívoco, preciso; entender una palabra era entender su significado; en esta segunda etapa la descripción de lo que debemos aceptar como el significado de las palabras es muy distinta. Por ejemplo, dice Wittgenstein, captar el significado de la palabra “juego” no es captar la naturaleza común a todos los juegos, entender el significado de este concepto es saber utilizarlo en los distintos contextos vitales en los que está presente. El significado de un término es su uso.

Wittgenstein rechaza la existencia de esencias en la realidad, las cosas solo tienen “parecidos de familia”, Para entender este concepto fijémonos en el ejemplo siguiente: tenemos las fotos de seis miembros de una familia, miembros de los que cabe destacar los siguientes rasgos:

“parecidos de familia”


ojos marrones

pelo oscuro

boca grande

orejas pequeñas

tez morena

pelo rizado

frente despejada

Luís

X

X


X


X


María


X

X

X


X


Inés

X

X

X


X


X

Alberto


X


X

X


X

Laura



X


X

X

X

Jorge

X


X

X

X

X



como se puede apreciar no hay ningún rasgo común a todos ellos, aunque se pueda decir que tienen cierto “aire de familia”, ciertos parecidos; pues bien, lo mismo ocurre con los conceptos y la realidad: no existe la esencia de los juegos, no existe una propiedad, ni mucho menos un conjunto de propiedades, que deba estar presente en todas y cada una de las actividades que llamamos juegos, en unos están presentes ciertas características y en otros otras; y esto es válido también para los conceptos, incluidos el concepto “lenguaje”: no existe la “esencia” o “naturaleza” del lenguaje, existen muchos lenguajes con semejanzas superpuestas; en los distintos juegos, como en los distintos lenguajes, encontramos sólo un “aire de familia”.

Neopositivismo

O “empirismo lógico”, o “neoempirismo” o “positivismo lógico”. Es uno de los movimientos filosóficos más importantes de la primera mitad del siglo XX. Se suele situar su nacimiento y desarrollo en el período de entreguerras.

Sus representantes se reunieron en varios grupos, destacando el Círculo de Viena, el de Berlín, y, tras el triunfo del nazismo y la emigración de muchos de sus representantes a Estados Unidos, el Círculo de Chicago. Los filósofos más importantes del neopositivismo son Moritz Schlick (1882-1936), Alfred Ayer (1910-1989), Rudolf Carnap (1891-1979), Otto Neurath (1882-1945), Hans Reichenbach (1891-1953), y el primer Wittgenstein.

Consideraron que la única interpretación legítima del mundo es la científica, por lo que rechazaron las interpretaciones religiosas y metafísicas. Quisieron fundamentar el conocimiento humano sobre bases puramente empíricas para lo cual utilizaron diversas estrategias, en particular, el fisicalismo, la construcción de un lenguaje unificado, común a todas las ciencias y ajeno a las imperfecciones del lenguaje ordinario, y el criterio de verificabilidad. Su valoración de la metafísica es extraordinariamente negativa pues para ellos esta disciplina no es falsa sino absurda: consta de pseudoproposiciones (proposiciones carentes de sentido) referidas a pseudoproblemas. Creyeron que las técnicas de análisis lógico de la nueva lógica (la lógica matemática) elaborada por Friedrich Frege (1848-1925), Alfred Whitehead (1861-1947) y Bertrand Russell (1872-1970) permitiría “disolver” los pseudoproblemas a los que los filósofos se ven abocados como consecuencia de los “embrujos” del lenguaje cotidiano.


Teoría Figurativa O Pictórica Del Significado

Teoría propuesta por Wittgenstein para explicar cómo el lenguaje puede referirse al mundo y describirlo. Consiste en considerar que el lenguaje es una representación isomórfica o modelo del mundo.

Tanto nuestro lenguaje como nuestro pensamiento tienen dos peculiaridades que sin duda están relacionadas pero que son distintas: con nuestro lenguaje nos referimos a las cosas y con él decimos algo de ellas; llamamos a la primera de estas capacidades del lenguaje referencia y a la segunda sentido o significado: las proposiciones “Wittgenstein construyó una cabaña en Noruega” y “Wittgenstein fue maestro de escuela en Austria”, tienen el mismo referente, se refieren a la misma entidad, Wittgenstein, pero dicen cosas distintas, tienen el mismo referente pero distinto sentido. Los filósofos han intentado comprender cómo es posible que con el lenguaje y con el pensamiento podamos referirnos a las cosas del mundo y decir algo de ellas, y han propuesto diversas teorías para entender este hecho; la que Wittgenstein propone en el “Tractatus” ha recibido el título de “teoría pictórica o figurativa del significado”.

En lo esencial esta teoría nos dice que nuestro lenguaje y nuestro pensamiento tienen sentido y referencia porque son pinturas, figuras o representaciones de las cosas del mundo. Llamamos “representación” a toda realidad que sustituye, imita o refleja a otra. Un cuadro puede “representar” un paisaje, un retrato a la persona retratada, un mapa las calles de la ciudad, una partitura la música que con ella podemos interpretar... Wittgenstein señala que con frecuencia nos hacemos representaciones de las cosas. Emplea el término “Bild” (y “Abbildung”) y el verbo “abbilden”. Las traducciones más frecuentes para “Bild” y “Abbildung” son “pintura”, “figura” y para “abbilden” “pintar”, “figurar”, aunque estos términos relacionan en exceso el concepto de “Bild” con la representación mediante imágenes, razón por la que otros prefieren la traducción “representación isomórfica”. Ser una figura de una situación es lo mismo que describirla o que ser un modelo de ella. Un cuadro, un mapa, una maqueta, una partitura, el lenguaje escrito y nuestro pensamiento son realidades semejantes en varios aspectos fundamentales:

1) son representaciones: nos sirven para representar algo distinto a ellas mismas, están en lugar de otras cosas;

2) pero son representaciones isomórficas (representaciones que tienen la misma forma que lo representado), y, como tales, tienen las siguientes características:

  • son realidades compuestas, constan de elementos;

  • a cada elemento representado corresponde un elemento en la representación;

  • a las relaciones que hay entre los elementos del hecho corresponden relaciones entre los elementos de la representación.

En toda representación isomórfica (“Bild”), Wittgenstein distingue los siguientes aspectos:

  • la forma de representación (“Form der Abbildung”): es el peculiar modo que tiene una figura de representar la realidad: un cuadro representa la realidad de un modo distinto que una escultura, una maqueta o una proposición. Y en función de la forma de representación la figura podrá expresar o reflejar distintos aspectos de la realidad: las pinturas conseguirán reproducir los colores de la realidad, las representaciones como las maquetas serán capaces de reproducir las dimensiones espaciales (tamaños, formas, ancho, largo, profundidad,...) del objeto. (“Tractatus”, 2.171); la forma de representación expresa también la posibilidad de que exista lo representado: ello quiere decir que una figura material expresa la posibilidad de que exista algo material, una figura coloreada la de que exista algo coloreado, etc.;

  • la relación figurativa (“die abbildende Beziehung”): las representaciones isomórficas (un cuadro, una proposición) están vinculadas con la realidad a la que sustituyen; “La relación figurativa consiste en la coordinación de los elementos de la figura y de las cosas” (2.1514), la relación figurativa es una consecuencia de la proyección; la proyección es el hecho de referirse una imagen o forma a una realidad concreta; cuando relacionamos una figura con una cosa proyectamos dicha figura en la realidad.

¿De qué manera el pensamiento y el lenguaje pueden representar la realidad? Fijémonos en el siguiente ejemplo:

en la arena hay un círculo
dentro de un rectángulo

“El círculo está dentro
del rectángulo”

hecho 1

figura 1

proposición 1

La figura 1 es una representación isomórfica del hecho 1: es una representación por­que la podemos utilizar para referirnos al hecho 1; y es, además, isomórfica porque:

  • consta de elementos (un círculo y un cuadrado);

  • a cada elemento representado corresponde un elemento en la representación;

  • la figura 1 no reproduce absolutamente todas las características del hecho 1 (por ejemplo, no reproduce la profundidad del surco del dibujo en la arena, ni los constitutivos materiales como la arena, ni siquiera su tamaño), pero sí reproduce las distintas relaciones o proporciones presentes en la figura. Como la representación es una representación geométrica y bidimensional solo puede “rescatar” o reproducir los aspectos de la figura que son propios de esta modalidad de representación.

Wittgenstein mantiene que la proposición 1 es también una representación isomórfica (Bild) del hecho. Pero podemos preguntar ¿qué rasgos de la realidad imita o reproduce dicha proposición?; no imita los aspectos físicos de la situación del hecho (la proposición no es de arena), ni tampoco imita los aspectos geométricos de la figura (el tamaño relativo del cuadrado y del círculo no se reflejan en la proposición, la palabra “círculo” no está dentro de la palabra “rectángulo”, por ejemplo), y sin embargo decimos que mediante ella nos referimos al hecho 1. En la medida en que se trata de una representación isomórfica, deben estar presentes en ella las tres condiciones citadas:

1. Primera condición, ser una representación: la proposición “El círculo está dentro del rectángulo” es un hecho pero, a diferencia de otros hechos que no remiten a nada, tiene la peculiaridad de vincularnos con algo distinto de ella misma, de señalar uno o varios objetos y describir alguno de los rasgos que les pertenecen; como una fotografía remite a la persona retratada, la proposición remite al hecho descrito en ella, es decir, es una representación y tiene una relación figurativa con el hecho al que se refiere.

2. Segunda condición, tener el mismo número de elementos que la realidad representada: podría parecer que esta representación no cumple dicha condición pues aparentemente tiene más elementos: la oración tiene seis palabras y la cosa repre­sentada tiene sólo tres elementos (los objetos rectángulo, círculo y la relación “estar dentro de”). Para solucionar esta dificultad Wittgenstein nos dice que toda proposición tiene elementos esenciales y elementos accidentales; los aspectos esenciales de la proposición son aquellos que se descubren tras un análisis lógico de la misma, los aspectos accidentales son aquellas partes de la proposición que no determinan el significado y dependen de las formas concretas que cada lengua tiene de expresar dicho significado; el pensamiento presente en la oración anterior también se podría expresar con la oración “círculo en rectángulo”, que desde el punto de vista sintáctico no está bien construida pero que sin embargo recoge el significado de la oración. Es preciso observar que el aspecto sintáctico no coincide con el aspecto lógico de la oración, ocurre frecuentemente que el aspecto sintáctico oculta el aspecto lógico. Wittgenstein mantiene la hipótesis de que si hiciésemos el análisis lógico de la oración, la representación que obtendríamos tendría el mismo número de elementos que el estado de cosas representado; éste es un punto de vista razonable pues en distintas lenguas el mismo concepto se puede expresar con un número distinto de palabras (en latín, por ejemplo, utilizamos una sola pa­labra para lo que en castellano son tres palabras: “inesse” por “estar dentro de”).

3. Tercera condición, ser capaz de reproducir las relaciones entre los elementos de la realidad representada: ¿qué imita la proposición?; ya se ha dicho que no imita los aspectos físicos, ni los espaciales; Wittgenstein nos dice que imita o reproduce los aspectos lógicos de la realidad, el sentido presente en los hechos; hay algo común entre los hechos y las proposiciones y los pensamientos: la forma lógica. El mundo es lógico y nuestro lenguaje y nuestro pensamiento también. La frase “el círculo está dentro del número pi”, leída de un modo no metafórico, no tiene forma lógica pues carece de sentido. Y en realidad no es una proposición, ni propiamente un pensamiento. Que una proposición tenga una forma lógica quiere decir que los sentidos presentes en ella son compatibles, que es posible reunirlos, articularlos de modo que puedan referirse a un hecho. Por esto dice también Wittgenstein que la forma lógica establece la posibilidad de un hecho, aunque no su realidad. No es posible el hecho de estar un círculo dentro del número pi, pero sí es posible que un círculo esté dentro de un rectángulo. Una proposición puede ser verdadera o falsa, pero para que lo sea primero debe tener sentido, debe tener una forma lógica; es verdadera si existe realmente el hecho que era posible, y falsa si dicho hecho no existe. Una figura representa una situación posible en el espacio lógico. El espacio lógico es el conjunto de hechos lógicamente posibles. Este es­pacio lógico queda delimitado por las leyes de la lógica. No todo lo que se incluye en el espacio lógico es real. La forma lógica establece que una proposición puede ser verdadera o falsa, que el hecho es posible, pero no que el hecho sea real o irreal, ni, por lo tanto, que la proposición sea realmente verdadera o falsa.

Hay distintos géneros de formas figurativas (espaciales, materiales, ...) y cada una representa la realidad a su manera, recogiendo también aspectos de la realidad distintos, pero todas las formas figurativas participan de un modo común de representación, la forma lógica (die logische Form) “Toda figura es también una figura lógica (pero, al contrario, v. g., no toda figura es espacial)” (“Tractatus”, 2.182). Dado que la forma es aquello en lo que coincide la representación y la realidad representada, y que toda representación incluye como forma mínima la forma lógica, Wittgenstein concluye que la forma lógica es también la forma de la realidad. (“Tractatus”, 2.18). Esto quiere decir que la realidad tiene colores, dimensiones espaciales, formas, pero también una estructura lógica.

Fuente: http://www.e-torredebabel.com

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