Sobre el asunto de la estética en el arte y sobre cómo liberarnos de ese problema

En un período histórico con los conflictos sociales latentes que existen si nos preguntamos por el significado del arte podemos llevarnos algunas sorpresas. Es que los diferentes enfoques que hicieron a las distintas corrientes estéticas hoy han quedado al borde del vacío y la ruptura de significados nunca ha sido presagio de un mundo en dificultades como lo es la expresión artística en estos días, donde no se trata simplemente de desarrollar técnicas de lenguajes aprendiendo a ensamblarlas con resultados nuevos sino que la propia existencia de la posibilidad de reflexión ya es un desafío que implica a la totalidad del ser humano que camina una ausencia sin retornos.
La definición de arte ya no es posible, su dirección es sólo una impresión subjetiva que merodea al hacedor de un prisma que atrapa cierta luz y la transforma en recuerdo o en presagio de la vida, y eso es sólo una metáfora más. Y así vamos abriendo los ojos a un misterio en un olvido o a un intento de recordar que es recordar para inventarnos y siempre ahí aparecen el otro y sus otredades.
Yo camino por una calle desprovista de silencio y ese mar de sonido se enreda en la mente de los vendedores ambulantes que viajaron en pateras por el océano atlántico y que por deporte nomás son perseguidos por la guardia civil, guardia que a mí me deja seguir tocando el saxofón debajo de un puente porque soy “el artista de su pueblo”, algo distinto a esos muchachos ( negros ) que venden películas en dvd copiadas sin derechos y a veces con mala calidad y que a la gente le encanta comprar cuando nadie los mira .
Sin embargo esos muchachos se me acercan luego y ponen sus cds en el piso al costado de mi estuche con monedas porque son músicos también. Músicos de larga travesía a vida o muerte donde la diferencia entre un instante y el otro es sólo un poco de suerte. Creo que nos comprendemos en nuestras miradas porque hay que vivir ciertos desencantos para asumir rutas desconocidas sin referentes ni idiomas consensuados.
Pero así son las cosas, un instante de aire fresco entre el calor de una autopista y la lluvia de otro invierno.
No comprendo muy bien qué es lo que agrada del sonido a la gente pero un día los vi bailar sardanas con un cielo nublado a las diez de la mañana en la plaza de Vilanova i la Geltrù y ahí creí entender un significado nuevo de la música.
El frío no siempre aquieta el ánimo y el viento no necesariamente borra las huellas ni los pasos de los buscadores nuevos que por simple instinto toman las medidas de la pared de una fábrica abandonada para crear algo, para dar color y movimiento a una esquina en un barrio lejano. Y quizás eso ya es Tarragona como pudo haberlo sido Lanus en otro mundo.
Así se desencadenan sonidos y misterios, luces y sombras, días y noches en los puentes perdidos en las ramblas del Mediterraneo que es confluencia todavía feliz de la voluntad de reír de la gente.
Y así viaja el sonido más lejos que nuestras ideas y retorna al corazón de un día de encuentros anunciados para hablar de lo que nunca habíamos pensado y para decir lo que alguna vez supimos.

Marcelo Jeremías.

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